Los hombrecitos de Liliana Porter hacen y deshacen en el MALBA

Por Oscar Smoljan Director Museo Nacional de Bellas Artes Neuquén





APUNTES DE LA CULTURA

Quien haya visitado el Museo Nacional de Bellas Artes Neuquén recordará una obra singular compuesta por tres paneles en los que predominan los azules profundos, y unas pequeñísimas figuras corpóreas sobre unos pequeños soportes, un barquito y un pequeño marino. Esa es una de las tantas obras emblemáticas que posee desde 2004 el MNBA Neuquén en su colección permanente y su autora es Liliana Porter, una de las más prestigiosas artistas plásticas de nuestro país.

Ahora, el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), presenta la primera exposición individual en ese museo de esta excepcional creadora, titulada El hombre con el hacha y otras situaciones breves, una muestra especialmente diseñada por Porter para la Sala III de dicho espacio porteño.

Esta singular modalidad de exposición (conocida en el ambiente del arte como site-especific) se compone de grabados, dibujos, instalaciones, objetos, proyectos de arte público, fotos, filmes y video, desarrollados sobre un conjunto de tarimas planas de diversos tamaños en los que aparecen algunos de estos personajes recurrentes en la obra de Porter, abocados a las más diversas labores.

Entre otras tareas, los diminutos seres se dedican a construir, destruir, esparcir, recoger, vienen y van, llevan y traen, limpian y barren siguiendo una suerte de guión argumental, una historia, mientras que, en un extremo, un hombrecito de no más de cinco centímetros empuña un hacha. De ahí el título de la muestra y a partir de allí su profunda significación conceptual.

Según ha explicado la artista, esas recurrencias temáticas “parten de reflexiones acerca de la representación, del concepto del tiempo y de ese espacio ambiguo entre lo que llamamos real y las imágenes”, y confesó que “en los últimos años, casi sin darme cuenta, ha ingresado a mis obras un variado elenco de protagonistas que son objetos inanimados, pequeñas figuras, adornos, cosas encontradas en los mercados de pulgas”.

“Ellos actúan dentro de un espacio monocromo y vacío, en un tiempo no lineal, más abarcador”, ha señalado la creadora.

Para la ocasión, el MALBA editará un catálogo de Porter que contiene el ensayo A contratiempo, de la escritora y crítica Graciela Speranza así como un detallado relevamiento fotográfico de la instalación.

Nacida en Buenos Aires en 1941, Liliana Porter estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes Manuel Belgrano. En 1958 viajó a México donde estudió grabado en la Universidad Iberoamericana.

En 1964 se instaló en Nueva York y asistió al Pratt Graphic Art Center. En esa ciudad fundó, junto a Luis Camnitzer y José Guillermo Castillo, el New York Graphic Workshop. En 1971 participó de la creación del Museo Imaginario Latinoamericano, un museo sin paredes.

En 1977 fue co-fundadora y docente de grabado del Studio Camnitzer-Porter en la ciudad italiana de Lucca. Entre 1991 y 2007 fue profesora del Departamento de Arte de la Universidad de la Ciudad de Nueva York.

Ha ganado la beca Guggenheim y es académica correspondiente de Argentina y de Argentina para los Estados Unidos.

Sus obras forman parte de colecciones públicas y privadas en el Museo Metropolitano y el MOMA, el Museo Whitner de Arte Americano y la Biblioteca Pública de Nueva York, el MALBA, el MNBA de Buenos Aires, la Fundación Daros de Suiza, la Tate Modern de Londres, el Reina Sofía de Espala, el Museo Tamayo de México y por supuesto, como señalábamos al comienzo de esta reseña, el MNBA Neuquén.


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Los hombrecitos de Liliana Porter hacen y deshacen en el MALBA