Los lugareños

Por Redacción

–En 1992 el trámite legislativo para privatizar YPF demandó 389 días de debates, discusiones, acuerdos, ratificaciones de diferencias, etcétera, etcétera; todo en el marco de una opinión pública que también deliberó en la calle, los medios, etcétera, opinión que estaba definidamente a favor de la privatización. ¿En qué términos calibra la calidad intelectual-política de aquel Parlamento con el actual? –Creo que desde ese rango la calidad de los legisladores de aquel Parlamento era muy superior al presente. Había un empuje que venía de militancias largas, muy acostumbradas a reflexionar las contradicciones, los problemas del país, y había también elencos de asesores prestigiados. Hoy, que se destaque desde su formación intelectual, está Gil Lavedra, pero no mucho más, aunque peque yo de injusto. Aquel Parlamento tenía políticos que, aunque no descollaran intelectualmente, eran firmes en las argumentaciones, orgánicos. Estaban, incluso, algunos rionegrinos y neuquinos que tuvieron proyección en el debate de privatización. Ése es el caso de Carlos Soria y Oscar Parrilli, defensores acérrimos de la privatización. –Piruetas tiene la historia. El neuquino y radical Rodolfo Quezada se opuso, ¿no? –Fue uno de los tambores batientes del bloque de la UCR en Diputados. Y mire qué interesante, hace 20 años, en el recinto advirtió –y así figura en nuestro trabajo– algo que 20 años después, al expropiarse las acciones mayoritarias de Repsol-YPF, parecería repetirse: “Teniéndose en cuenta la urgencia recaudatoria, mediante una actitud irresponsable se posterga la planificación en cuanto a las exigencias respecto de las inversiones privadas dirigidas al crecimiento del sector y el cuidado del usuario”.