Los mil y un rincones de Estambul
La semana pasada, con la primera nota, te contábamos que se cuadruplicaron los viajes a la ciudad después del éxito de la novela “Las mil y una noches”. Ahora, en la segunda, recorremos bazares, mercados, puentes, palacios y torres.
Turquía
Dicen que para sentirse un viajero más que un turista, hay que caminar las calles. Perderse entre los penetrantes aromas del Bazar Egipcio (también conocido como de las especias) de la península histórica de Estambul es un gran atractivo para cualquiera, aun para quienes la cocina no es parte de su vida cotidiana. Para el resto, los amantes de la cocina y la buena comida, este mercado es una especie de paraíso ya que en Turquía se caracterizan por la inmensa variedad de especias al momento de preparar platos que además llevan muchos ingredientes.
Es uno de los lugares donde uno se siente en un enjambre de gente, donde se puede perder entre unos 80 puestos con intensos colores y aromas, con alimentos típicos de la cocina turca, quesos, mermeladas y frutos frescos.
También se puede comprar una bolsa de pistacho para ir comiendo en el camino, mientras se testean los productos y se esquiva a los vendedores insistentes. Y por supuesto los dulces o bombones de fruta de fuertes colores son una tentación.
Un poco más abrumador -demasiado tal vez- es el famoso Gran Bazar que abarca 80 calles, donde se encuentran 3.500 tiendas con todo tipo de imitaciones de indumentaria y carteras, pero también productos típicos en cerámica, telas, alfombras, joyas y elementos orientales de los más variados.
Tiene 18 puertas de acceso y seguridad en cada una de ellas. La más importante es la puerta de Nuruosmaniye que luce encima un escudo con una pistola, un libro y la bandera turca, con un reluciente metal dorado.
Este gran mercado es símbolo de la vida comercial turca y a la mayoría de los visitantes les fascina perderse horas en el interior, recorriendo cada pasillo y deteniéndose en cada puesto. Pero hay que darse una vuelta por fuera donde también hay puestos y muchas veces se pueden encontrar las mismas cosas a un precio inferior.
Bajo tierra
Para alejarse del intenso y agobiante movimiento de los bazares no hay nada mejor que pasar al silencio absoluto que ofrece la Cisterna de Yerebatan, la más grande de 60 cisternas de agua que en otra época resguardaban el agua dulce para alimentar los palacios.
El agua dulce a Estambul era traída desde los bosques de Belgrado, a unos 25 kilómetros, a través de un acueducto pero los enemigos en varias oportunidades envenenaron el agua y comenzó a ser depositadas en las cisternas para su reguardo.
El paseo por la cisterna es corto e interesante a la vez. El lugar con luz tenue tiene más de 300 columnas en hileras y aún se conserva un poco de agua para recrear lo que fue en su época. El dato llamativo en este lugar -que dicen antes tuvo una mezquita encima- son dos columnas que en el pie tienen dos extrañas cabezas de medusas talladas sobre el mármol.
Un imperial palacio
El palacio Topkapi luce imponente. Con una entrada monumental con dos torres y un muro que rodea toda su extensión, el edificio que fue sede del Imperio Otomano se abre al público para mostrar una arquitectura distinta, grandes salones, la casa del harem (donde vivían las mujeres y sirvientas del sultán), la extensa cocina y los utensilios de porcelana traídos de diversas parte del mundo.
El palacio -que está también en la península histórica- está compuesto por varios edificios en su interior, separados por prolijos patios. Fue construido en 1475 sobre una colina y en la parte posterior tiene vista al mar Mármara y la parte asiática de la ciudad.
El predio tiene 5 kilómetros de murallas y ocupa 700.000 km², el doble que el Vaticano. Cuenta la historia que en el palacio vivían unas 5.000 personas entre miembros del palacio, altos directivos, servidores y soldados, por eso el impresionante despliegue en la cocina que hoy se exhibe con sus enormes ollas y chimeneas.
En todos los recintos se puede apreciar la utilidad que le daban a los azulejos que revisten las paredes, los sillones y amplios almohadones, las enormes alfombras, los muebles con detalles en nácar y oro, entre una gran cantidad de artículos de lujo.
Puente Gálata
Otro imprescindible de Estambul es un paseo en el sistema de tranvía moderno y una buena opción es tomarlo desde la estación Sultán Ameth (en pleno centro histórico) hasta Taksim, un barrio moderno al otro lado de un canal de agua llamado “Cuerno de Oro” que se comunica a través del puente Gálata.
El puente en sí mismo es atractivo: se puede caminar por él, sortear a los pescadores que lanzan sus cañas desde arriba o transitar por la parte baja, donde hay decenas de restaurantes casi al borde del agua.
Si se sigue en tranvía por encima del puente y hasta el otro extremo del barrio Taksim, se descubre una ciudad totalmente distinta, moderna, la zona más europea de Estambul, con grandes tiendas y un barrio residencial que se puede apreciar con solo caminar por la calle Istiklal, la principal arteria por donde además circula el tranvía más corto del mundo, “Tünel”. con solo 570 metros de recorrido y en un pintoresco vagón de madera rojo que data de 1870.
Antes de regresar, al final de la larga caminata por la calle principal, se llega hasta la torre Gálata, otro de los emblemas de la ciudad que por estar encima de una colina se puede observar desde varios puntos.
Fue construida por genoveses en el 1300, desde allí se vigilaban potenciales ataques de los bizantinos. Luego, con el Imperio Otomano, fue convertida en cárcel. Más adelante fue utilizada para observar posibles incendios en algún punto de la extensa ciudad y desde allí daban aviso inmediato a los sistemas de emergencia.
La torre gris tiene en la cima un mirador desde donde se puede tener una panorámica increíble de la ciudad, siempre y cuando esté despejado.
DATOS ÚTILES
• La moneda es la lira turca. Un dólar vale tres liras.
• En Estambul hay dos aeropuertos internacionales y transfer para el centro histórico desde ambos.
• El viaje en tranvía cuesta dos liras turcas. Circula por el centro histórico y decenas de barrios del lado europeo.
• Un paseo en barco de tres horas por el Bósforo cuesta 18 liras turcas.
• El puente Gálata, que une dos zonas europeas, se puede cruzar caminando, en vehículo o en tranvía.
• Ninguno de los dos puentes que cruzan el Bósforo es peatonal.
• El kebab y el pescado azul del Bósforo son comidas típicas y hay una amplia variedad de dulces.
Soledad Maradona
soledadmaradona@rionegro.com.ar
Soledad Maradona
Turquía
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