Los norteamericanos comen menos comida “basura”
Para quienes miramos a los norteamericanos desde el exterior, la imagen común prevaleciente es la de una sociedad sumamente proclive a la obesidad. Las recientes estadísticas sugieren, sin embargo, que ellos cada vez comen menos comidas rápidas, o sea, aquellas llamadas, despectivamente, “comidas basura”. Me refiero a las hamburguesas, pizzas, papas fritas y toda suerte de comidas similares, con alta cantidad de grasas, que se venden en lugares en los que se come rápido o se compra y lleva la comida, para luego ingerirla en otra parte. El 11% de las calorías de la dieta norteamericana promedio proviene hoy de ese tipo de comidas. Hace sólo cinco años, ese porcentaje, que está en descenso, era del 13%. En general, los hombres comen más de este tipo particular de comidas (11,8%) que las mujeres (10,9%), que son un poco más prudentes o algo más refinadas. En paralelo, los jóvenes comen más comidas rápidas que los mayores. Las cifras son sugestivas: entre los 20 y 40 años, el 15,3% de sus calorías diarias; entre los 40 y 60 años, el 10,5% de ellas y los de más de 60 años, que son quienes obviamente más se cuidan, apenas un 6% de sus calorías diarias. Los más pesados tienden, como es obvio, a comer más de este tipo de alimentos que los más delgados. Así lo confirma el “National Health and Nutrition Examination Survey” de los Estados Unidos. Con todo, el norteamericano promedio sigue teniendo una suerte de atracción, sino adicción, por las comidas rápidas. Anualmente compra nada menos que unos 152 almuerzos, desayunos o cenas, en los restaurantes que los venden. No muy lejos de un día por medio. La tendencia a la caída en el consumo de este tipo de comidas se debe fundamentalmente no a un cambio de cultura, sino que está vinculada con la disminución del ingreso disponible, producto de la crisis económica que se arrastra desde el 2008. Ocurre que se estima que comer “en casa” cuesta algo así como un tercio de lo que, en cambio, cuesta comer “afuera”. Y es bastante más sano, generalmente. Cabe advertir que las cadenas de comidas rápidas ahora ofrecen no sólo comidas de altas calorías, sino opciones y alternativas con bajas calorías, para así adaptarse a la creciente tendencia lenta de tratar de comer cuidando un poco más la salud de quien se alimenta. (*) Analista internacional del Grupo “Agenda Internacional”.
GUSTAVO CHOPITEA (*)