Los que mas tienen, mejor y los que menos tienen, peor

La distribución del ingreso de 2019 es la peor en trece años. El 20% de mayores ingresos acapara un 44,5% del producto. El 20% más pobre, recibe solo el 4,2%.



Fue en el célebre Bosque de Sherwood, en el corazón de Inglaterra y en los inicios del Siglo XIV, cuando nació la leyenda. La historia de un caudillo, experto en el uso del arco, que junto una banda de forajidos campesinos, dedicó sus días a defender la causa de los pobres y oprimidos, luchando contra la tiranía del sheriff de Nottingham y robando a los nobles para repartir entre los desposeídos. Con el paso del tiempo, la figura de Robin Hood, transcendió las fronteras y se convirtió en ícono de quien lucha a favor pobres y desprotegidos.
Asimismo y en contraposición a la célebre historia inglesa, el saber popular creó la figura de Hood Robin para describir las secuencias en que determinada decisión y/o determinado personaje, establece políticas que perjudican a los que menos tienen, en beneficio de los sectores de mayores ingresos.
Fue el primer estigma con el que debió cargar Mauricio Macri al asumir como Presidente de la Nación. Los prejuicios lo señalaban como un millonario que gobernaría a favor de las corporaciones y los sectores de altos ingresos.
Para contrarrestar los recelos previos, Macri se encargó una y otra vez de enarbolar la bandera de la ‘Pobreza Cero’ e incluso se animó a solicitar públicamente a fines de 2016 que su gobierno “sea juzgado por si pude o no reducir la pobreza”.

La actual distribución del ingreso revela que el resultado de las políticas aplicadas recientemente, fue un perjuicio a los que menos tienen.


Obedeciendo la solicitud del mandatario, vale decir que cuando faltan apenas dos meses para el final de su gestión, la situación de los sectores de menores recursos, está sensiblemente más deteriorada que cuando el Presidente Mauricio Macri asumió a fines del año 2015.
Durante mucho tiempo, la estadística oficial acerca de la pobreza, estuvo cuestionada. Mientras duró la extensa intervención del kirchnerismo en el Indec, la medición de pobreza de la Universidad Católica Argentina (UCA), se convirtió en el termómetro de la desigualdad más valorado. Ese indicador mostraba que la gestión de Cristina Fernández finalizó en 2015 con una pobreza del 29%, e indica hoy que la misma se ubicó en 35% en el segundo semestre de este año, cuando la crisis financiera post PASO aun no arreciaba.
Devaluación y traspaso a precios mediante, los especialistas no dudan en afirmar que 2019 podría culminar con una pobreza por encima del 40%.
El deterioro social volvió a confirmarse esta semana, al conocerse los datos respecto a la distribución del ingreso, publicados por el Indec el último jueves: en solo tres años, se amplió la brecha existente entre los más ricos y los más pobres.

El peor dato en trece años
La cátedra económica, utiliza habitualmente el PBI per cápita como medida de la distribución del ingreso. Por cierto, una medida que poco dice respecto a la distribución real, en tanto no hace más que “repartir” el producto total en partes iguales en base a la cantidad de habitantes, algo que a todas luces no sucede. Hecha la salvedad, si se consideran los datos del Banco Mundial midiendo en dólares a precios constantes de 2011 y utilizando el criterio de Paridad del Poder Adquisitivo, resulta que tras la devaluación de 2018, el PBI per cápita de Argentina ascendía a u$s 18.282. La medida muestra un caída del 5% en relación al año 2015, una merma del 7,7% respecto al récord del año 2011, y se asemeja al registro de 2007 (u$s 18.029).
Pero la medida más acabada para la distribución del ingreso, es sin duda el Coeficiente de Gini. Se trata de un indicador que toma valores entre 0 y 1, donde o es la medida de una perfecta igualdad (si todos los habitantes participaran del producto de igual forma), y 1 equivale a una distribución perfectamente desigual (unos se quedan con todo y otros con nada).

Si se considera el Coeficiente de Gini entre 2003 y 2019 (ver infograma), resulta que la serie inicia en 0,471 y se reduce hasta el mínimo de 0,364 en el cuarto trimestre de 2012, finalizando la etapa kirchnerista en 0,37 a mediados de 2015. El siguiente dato es el referido al segundo trimestre de 2016 y revela un ratio de 0,427, mejorando hacia fines de 2017 (0,417) cuando se registró la mejor distribución en la gestión Macri. En el segundo trimestre de 2018 se observa un deterioro (0,422), el cual se profundizó hasta el 0,434 publicado esta semana y referido al segundo trimestre de este año.
Puede señalarse que la diferencia entre la medición de 2015 y la de 2016, obedece al fin de la intervención kirchnerista en el Indec, aunque ello no exime de responsabilidad a la actual gestión en cuanto al deterioro, ya que el dato de 2019, es peor incluso al registro del inicio de la propia gestión en 2016.
Con todo, sea que se mida mediante el PBI per cápita o utilizando el Coeficiente de Gini, el estado actual de la distribución del ingreso es el peor de los últimos trece años.

La brecha, cada vez más amplia
De un tiempo a esta parte, es común que los analistas utilicen el término grieta para referir a las distancias insalvables que existen entre posturas antagónicas a nivel político.
En términos de distribución, las distancias se miden en algo mucho más concreto que una opinión.
La medida más significativa en este sentido, es la “brecha de ingresos” que existe entre los que más tienen y los más postergados.
Ese indicador muestra que hacia fines de 2015, la distancia entre el ingreso medio del 10% más rico y el ingreso medio del 10% más pobre, era de 16,7 veces. Esa distancia se amplió hasta 19,7 veces en el segundo trimestre de 2018, y llegó a 22,7 veces en el segundo trimestre de este año.
Asimismo, si se considera el ingreso per cápita familiar a nivel hogares, la distancia entre el 10% más rico y el 10% más pobre era de 16 veces en 2015, de 16,4 veces en 2018, y de 18 veces este año.
Los datos permiten afirmar con sustento empírico que en términos distributivos, tras la gestión Cambiemos, los sectores de mayores ingresos están mejor, y los sectores más postergados están peor.

En números

2006
El último año en que se registra una distribución similar a la publicada esta semana por el Indec, la cual revela un Coeficiente de Gini de 0,434.
1,3%
La participación en el producto del 10% más pobre de la población.


La medición de Indec divide la población por deciles, en base a su nivel de ingresos, determinando además el porcentaje de participación de cada decil en el producto total de la economía.
De esa forma es sencillo distinguir la evolución de la participación en el ingreso por estratos sociales, antes y después de la actual gestión económica.
El segundo gráfico adjunto revela que en 2015, la clase baja (el 20% más pobre), se apropiaba del 4,9% del producto, mientras que la clase alta (20% más rico), se quedaba con el 41,8%. La clase media baja (30%) participaba con un 19,6%, y la clase media alta (30%), lo hacía con un 33,7%.
Los datos de 2019 dados a conocer esta semana, muestran que en la actualidad, la clase baja participa con un 4,2%, la clase alta con un 44,5%, la clase media baja con un 18,2% y la clase media alta con un 33%.
En conclusión, durante los últimos cuatro años, solo la clase alta mejoró su participación en el ingreso, es decir “se lleva una porción mayor de la torta”. Como el tamaño de la torta no ha cambiado en estos años (el crecimiento económico de punta a punta fue prácticamente nulo), el incremento en la participación de la clase alta solo es posible si el resto se lleva una porción más pequeña. En este sentido, las clases baja y media baja son las que más han resignado en el periodo.
La secuencia distributiva, bien podría ser calificada como una nueva saga argentina de Hood Robin.


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