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Los últimos resultados en educación: vergüenza para todos




No podía ser de otra manera. En educación los resultados no pueden ser mágicos y esta vez como en tantas ocasiones anteriores quedó en evidencia la mediocridad de nuestra enseñanza, una tarea donde estamos todos los adultos, seamos padres, docentes o simplemente egresados. Todos involucrados.


Volver la mirada a nuestros años adolescentes o niños nos permite recuperar la memoria de los hitos que se fueron sucediendo en todo nuestro país, algo así como peldaños en bajada, que nos advertían “Así no, no se trabaja seriamente en la conducción de la vida de los menores focalizando la atención en despertar la adición, llámese amistad o cariño incondicional de los niños al padre amigo o al docente facilitador de la tarea, el que disminuye el esfuerzo, haciéndolo todo fácil como si no confiara en la posibilidad real del alumno de reflexionar, de pensar, de elevar su mente y que, contrariamente a lo debe ser, provoca comentarios tales como : ¡Qué buena esta maestra o este profesor! ¡Qué comprensivo!”“.


Claro que esas actitudes acarician la débil sensibilidad de la mayoría. Hacérnoslo fácil… ¡que placer!
Así, podemos inferir, la actitud curiosa, el deseo de aprender se fue debilitando. Nuestra escuela se viene debilitando. Eso se llama resultado de la demagogia, la gran invasora de la que fue una gran Nación.


La demagogia entró al hogar y los padres, confundidos, fueron transformando los viejos hábitos del esfuerzo , de la disciplina , del estudio entusiasta por “el dulce far niente” del dejar hacer, no discutir, no defender viejos valores inculcados a fuerza de largas conversaciones en el hogar, de lecturas y sobre todo, de buen ejemplo.


La demagogia entró al hogar y los padres, confundidos, fueron transformando los viejos hábitos del esfuerzo , de la disciplina , del estudio entusiasta por “el dolce far niente”.



La demagogia llevó a los adultos, a los padres, y luego a los maestros a privilegiar el hacer querer por el ser , realmente, un buen docente.


La viejas lecturas aleccionadoras, las fábulas con tan orientadoras enseñanzas se fueron olvidando y ante el primer ufa de los niños y luego adolescentes, se cambiaron textos por más “piolas”, que les gusten a los chicos, y palabras como trabajo y esfuerzo se fueron eludiendo hasta que, ya en tiempos recientes, esfumados, todo vanalizado, todo esfuerzo denegado, todo mérito condenado, llegamos a la escuela de hoy divertida, pasa tiempista, vana.


Así estamos.
¿Podremos volver las páginas hacia atrás?
¿Podrán los simpáticas compra votos de las autoridades de hoy ( todo desde arriba hacia abajo) hacer llegar a padres y docentes el mensaje nada simpático de la necesidad imperiosa de volver a los mensajes de la exigencia, del vale la pena estudiar, vale la pena penetrar hasta entender mensajes de buenos textos, es urgente nutrir nuestra humanidad debilitada, con trabajo, disciplina y esfuerzo?


Los argentinos, grandes y menores, estamos dando muy malos exámenes ante el mundo, ( lo que no quiere decir que no haya excepciones) . Nada raro. Resultado penoso de un hacer equivocado.


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