Los vecinos crearon el primer balneario de Neuquén

Mucho antes de que se habilitara oficialmente el Albino Cotro ya recibía miles de visitantes. Creada la demanda, el municipio se vio en la obligación de dotarlo de infraestructura.





Propietarios de pequeñas embarcaciones ofrecían por unos pocos pesos cruzar a las islas o dar un paseo por al confluencia de los ríos Neuquén y Limay.

Propietarios de pequeñas embarcaciones ofrecían por unos pocos pesos cruzar a las islas o dar un paseo por al confluencia de los ríos Neuquén y Limay.

El Albino Cotro fue el primer balneario de la ciudad de Neuquén. Ubicado a pocas cuadras de la confluencia de los ríos Neuquén y Limay, su creación no fue voluntad ni decisión de un gobierno local, sino fue por uso y costumbre de los vecinos de la ciudad.


Todas las tardes de primavera y verano miles de neuquinos se reunían a la sombra de los sauces para disfrutar del paisaje ribereño y de la generosidad de las aguas del Limay. Poco se tardó en que comenzará una incipiente actividad comercial en el lugar. Quienes tenían un bote ofrecían un paseo por el río o para cruzar a las islas de enfrente.

En 1958 el Ejecutivo municipal vio que esa situación espontánea podría redundar en un gran beneficio para la ciudad si se tomaban las políticas correctas.

Se envió entonces un proyecto de ordenanza al Concejo Deliberante para crear un balneario municipal y dotarlo de infraestructura que aumentara sus potencialidades.

En octubre de 1958 se sancionó la ordenanza 28 que da inició alprimer balneario municipal de la ciudad.

En los considerandos del proyecto se explicaba que “desde hace muchos años se viene utilizando esa costa del río por tratarse de una zona con playa natural de suma conveniencia por la seguridad que ofrece para la población, especialmente para los niños. Por eso se hace sumamente necesario realizar un trazado y trabajos para adecuados al uso de balneario que se está dando a la zona, como así plantaciones, construcciones de casillas, salas de recreo, locales de administración e inspección, sala de primeros auxilios, un pequeño parque y playas de estacionamientos”.

La idea estaba definida, pero para poder llevarla a la práctica fue necesario declarar la utilidad de unas 22 hectáreas que comprendían dos chacras de la Confluencia pertenecientes a dos privados.

Por una de ellas el municipio pagó 68.528 pesos, a un valor fiscal de 5.000 pesos la hectárea. Según los registros municipales pertenecía a María Eusebia Napal. Por la otra chacra se abonó 1.828 pesos, cada hectárea fue tasada en 200 pesos. Este lote era propiedad de la empresa Nueva España S.A.. Fueron compradas con fondos propios del municipio.

Las tierras ubicadas sobre la margen izquierda del río Limay no eran aptas para la agricultura, debido a que durante fueron utilizadas para la fabricación de ladrillos y para el funcionamiento de canteras de ripio y arena. Tampoco se podían urbanizar porque las grandes crecidas del río provocaba recurrentes inundaciones.

Pero los vecinos de Neuquén sí supieron encontrarle utilidad a uno de los rincones más verdes de la capital.

El hombre historia

 

Albino Cotro fue uno de los primeros empleados municipales de una capital que tenía todo por hacer. Participó, luego del trazado urbano de la ciudad, en la apertura de calles y enripiado, en el tendido de la re de agua y en las obras para mitigar los efectos de las grandes crecidas del río.

Pero también estuvo en los momentos históricos de Neuqúen. En 1954 fue el encargado de trasladar el monolito fundacional para que se levantará en su lugar, el monumento al General San Martín.

Por orden del intendente Amaranto Suárez derribó con un viejo tractor la tranquera de los ingleses, que dividía a la ciudad en dos. Y durante la intendencia de Ismael Nördenstrom comando las tareas de desarmado de del emblemático Chateaux Gris, que fuera la primera sede municipal con edificio propio.

También fue parte de las cuadrillas que realizaron los trabajos de infraestructura en el balneario municipal que hoy lleva su nombre.


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