“Los ypefianos sabemos que Plaza Huincul es diferente a todas”
Aquellos a quienes les corre sangre ypefiana por sus venas me conocen. Quiero decir en esta oportunidad que cuando nuestra ciudad cumple años, nos da la sensación de que todos lo hacemos. Estimo que esta sensación la comparten todos aquellos vecinos que han tenido el privilegio de nacer en esta bendita localidad. Los vecinos viejos comúnmente nos juntamos a recordar nuestra niñez y nuestra juventud, lo cual es motivo de risas por todas aquellas cosas lindas que nos tocaron vivir. Tenemos miles de recuerdos lindos, pero también tenemos los que no son tan buenos y nos provocan nostalgia. Como aquella desgracia que nos ha marcado, provocando una herida tan grande que aún no cierra y que creo que jamás lo va a hacer. Me refiero a la caída del avión que provenía de la localidad de Rincón de los Sauces, en el cual viajaban nuestros vecinos, familiares, donde me tocó perder a mi primo Domingo Durán; o el caso del colectivo que se incendió en Catriel. También eran vecinos que iban a cumplir con su obligación que era trabajar en YPF. Nadie puede explicar por qué suceden estas cosas. Así fue creciendo nuestra comunidad, soportando muchas veces la noticia de algún accidente o que un querido vecino se haya ido. Nosotros, los ypefianos, sabemos que la ciudad de Plaza Huincul es diferente a todas las otras que se han formado en la provincia. Aquí la ciudad es una familia, que comenzó a crecer desde que llegaron los primeros trabajadores a realizar sus tareas en el Pozo Nº 1. Así se empezaron a formar primero los campamentos de YPF, el Campamento Central y el Campamento Uno. Después aparecieron de a poco los comerciantes que se fueron asentando a orillas de lo que hoy es la avenida San Martín, la que era sólo un camino de tierra. En YPF se formaron las oficinas y los talleres. Yo empecé a trabajar en tracción mecánica, cuando tenía 16 años. Llegan a mi mente recuerdos a montones, como cuando Plaza Huincul terminaba donde hoy se encuentra la sucursal del Banco Provincia del Neuquén y Cutral Co empezaba casi a una cuadra, antes de llegar a la avenida Del Trabajo. En calle Tucumán y avenida Del Trabajo había una carnicería, que era de Felipe, el carnicero, quien con el tiempo fue don Felipe Sapag. Siempre fue un grande don Felipe, por su educación, su humildad y la forma de escuchar a la gente. Si bien no era ypefiano, le vendía carne a las dos comunidades. Otro recuerdo lindo es el del comienzo de la empresa de colectivos El Petróleo, la que se inició con un Chevrolet modelo 46, que era manejado por don Giuffrida. La gente era muy feliz y, como el colectivo no viajaba a más de 20 kilómetros por hora, realmente se disfrutaba del viaje y se conversaba entre todos, ya que éramos todos vecinos. En aquellos primeros tiempos, las familias que se iban formando eran numerosas. La cigüeña no tenía descanso. Cuando nacía un bebé todos venían o íbamos a conocer al nuevo vecinito que había traído la cigüeña y eran todos compadres. ¡Qué lindo que era cuando se bautizaba a un bebé y se armaba una fiesta casera! Todos se divertían, siempre con el respeto que la gente supo tener. El tiempo sigue pasando, pero hoy, a quienes nacimos en Plaza Huincul, nos preocupa un problema. Lo observamos, lo comentamos, lo analizamos. Es muy malo, muy grave. Es el problema de nuestra juventud, nuestros herederos, nuestros chicos, que año a año se reciben de técnicos en Minas y Petróleo, en Química, en Mecánica, en Seguridad e Higiene o de ingenieros. Copelco también da la oportunidad de que muchos jóvenes se reciban con títulos universitarios. Todas estas cosas están muy bien, lo malo es que no tienen ninguna salida laboral. Los jóvenes dan vueltas por las compañías petroleras y no tienen respuestas. Estos chicos son descendientes de personas que dejaron sus vidas en YPF. Creo que lo que está sucediendo es una total falta de respeto a los que no están, a las familias ypefianas. Sería bueno que alguien nos escuche y comience a buscar una solución a estos problemas que son tan graves. No hay que olvidar que después de los 30 años el joven no tiene posibilidad de conseguir un trabajo. Saludo y abrazo a mis vecinos de la comarca petrolera. Miguel Durán LE 7.303. 481 Plaza Huincul
Aquellos a quienes les corre sangre ypefiana por sus venas me conocen. Quiero decir en esta oportunidad que cuando nuestra ciudad cumple años, nos da la sensación de que todos lo hacemos. Estimo que esta sensación la comparten todos aquellos vecinos que han tenido el privilegio de nacer en esta bendita localidad. Los vecinos viejos comúnmente nos juntamos a recordar nuestra niñez y nuestra juventud, lo cual es motivo de risas por todas aquellas cosas lindas que nos tocaron vivir. Tenemos miles de recuerdos lindos, pero también tenemos los que no son tan buenos y nos provocan nostalgia. Como aquella desgracia que nos ha marcado, provocando una herida tan grande que aún no cierra y que creo que jamás lo va a hacer. Me refiero a la caída del avión que provenía de la localidad de Rincón de los Sauces, en el cual viajaban nuestros vecinos, familiares, donde me tocó perder a mi primo Domingo Durán; o el caso del colectivo que se incendió en Catriel. También eran vecinos que iban a cumplir con su obligación que era trabajar en YPF. Nadie puede explicar por qué suceden estas cosas. Así fue creciendo nuestra comunidad, soportando muchas veces la noticia de algún accidente o que un querido vecino se haya ido. Nosotros, los ypefianos, sabemos que la ciudad de Plaza Huincul es diferente a todas las otras que se han formado en la provincia. Aquí la ciudad es una familia, que comenzó a crecer desde que llegaron los primeros trabajadores a realizar sus tareas en el Pozo Nº 1. Así se empezaron a formar primero los campamentos de YPF, el Campamento Central y el Campamento Uno. Después aparecieron de a poco los comerciantes que se fueron asentando a orillas de lo que hoy es la avenida San Martín, la que era sólo un camino de tierra. En YPF se formaron las oficinas y los talleres. Yo empecé a trabajar en tracción mecánica, cuando tenía 16 años. Llegan a mi mente recuerdos a montones, como cuando Plaza Huincul terminaba donde hoy se encuentra la sucursal del Banco Provincia del Neuquén y Cutral Co empezaba casi a una cuadra, antes de llegar a la avenida Del Trabajo. En calle Tucumán y avenida Del Trabajo había una carnicería, que era de Felipe, el carnicero, quien con el tiempo fue don Felipe Sapag. Siempre fue un grande don Felipe, por su educación, su humildad y la forma de escuchar a la gente. Si bien no era ypefiano, le vendía carne a las dos comunidades. Otro recuerdo lindo es el del comienzo de la empresa de colectivos El Petróleo, la que se inició con un Chevrolet modelo 46, que era manejado por don Giuffrida. La gente era muy feliz y, como el colectivo no viajaba a más de 20 kilómetros por hora, realmente se disfrutaba del viaje y se conversaba entre todos, ya que éramos todos vecinos. En aquellos primeros tiempos, las familias que se iban formando eran numerosas. La cigüeña no tenía descanso. Cuando nacía un bebé todos venían o íbamos a conocer al nuevo vecinito que había traído la cigüeña y eran todos compadres. ¡Qué lindo que era cuando se bautizaba a un bebé y se armaba una fiesta casera! Todos se divertían, siempre con el respeto que la gente supo tener. El tiempo sigue pasando, pero hoy, a quienes nacimos en Plaza Huincul, nos preocupa un problema. Lo observamos, lo comentamos, lo analizamos. Es muy malo, muy grave. Es el problema de nuestra juventud, nuestros herederos, nuestros chicos, que año a año se reciben de técnicos en Minas y Petróleo, en Química, en Mecánica, en Seguridad e Higiene o de ingenieros. Copelco también da la oportunidad de que muchos jóvenes se reciban con títulos universitarios. Todas estas cosas están muy bien, lo malo es que no tienen ninguna salida laboral. Los jóvenes dan vueltas por las compañías petroleras y no tienen respuestas. Estos chicos son descendientes de personas que dejaron sus vidas en YPF. Creo que lo que está sucediendo es una total falta de respeto a los que no están, a las familias ypefianas. Sería bueno que alguien nos escuche y comience a buscar una solución a estos problemas que son tan graves. No hay que olvidar que después de los 30 años el joven no tiene posibilidad de conseguir un trabajo. Saludo y abrazo a mis vecinos de la comarca petrolera. Miguel Durán LE 7.303. 481 Plaza Huincul
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