Luciano Pereyra desnuda el alma

Estará en Neuquén a fin de mes para presentar el trabajo grabado en Miami.

Por Redacción

Música

Desde el 3 de septiembre cuando hizo la primera de seis noches en el Teatro Gran Rex de Buenos Aires, Luciano Pereyra transita una gira proponiendo, entre otros muchos, los diez temas de su noveno disco de estudio grabado y mezclado en Miami, Los Ángeles y Buenos Aires.

Las citas neuquinas para escuchar el material de “#TuMano”son el 31 de octubre y el domingo 1 de noviembre en Casino Magic, Teodoro Planas 4005. La placa ya es Disco de Oro y fue editada a diecisiete años de su primera producción discográfica (“Amaneciendo”) cuando Luciano llevada vivida la misma cantidad de tiempo que ha pasado desde entonces.

“Creo que me he puesto más viejo”, afirma sonriente el cantante de Luján. “Sí… Pero lo mejor de eso es que fui evolucionando, cambiando, siempre tratando de aprender y crecer para entregar lo mejor desde un compacto o sobre un escenario. También ha cambiado el amor, el cariño y el entusiasmo porque día a día, disco tras disco, se van intensificando, van creciendo. A medida que pasan los años, además, voy comprendiendo más cosas, me van cautivando y emocionando otras, a la hora de componer canciones y presentarlas en un álbum. Yo creo que todo se va transformando y modificando para bien”, agregó.

“Puedo llegar a tener muchos aciertos, una mayoría de errores de los cuales aprendo mucho… En 17 años, por la forma de comunicar ha pasado la vida que siempre ha sido acompañada de música. Entonces, me deja muy contento que viví todo ese tiempo dedicado a esto. Fue y es maravilloso”, confesó.

– Es una gran construcción interior también, exponerse al público a través de las canciones, al cantarlas y entregarse en el escenario con emociones y recuerdos que afloran según cada tema va transcurriendo…

– Eso es parte de la pasión que se le pone a lo que hacemos. A mí me gusta muchísimo cantar. Es un privilegio, una bendición poder hacerlo. Yo, en cuanto a mi vida privada, expongo poco y nada, pero en las canciones desnudo el alma. Siempre digo que me resulta más fácil cantar una historia que contarla. Fijate la cantidad de estados por los que pasás en un tema que más o menos dura tres minutos. Como espectador y como oyente, lo digo. Lo escuchás, te identificás en algunos de sus pasajes y comienzan un montón de reacciones que pueden llevarte a viejos dolores, a lugares, a sitios a veces desconocidos, a amores pasados o nuevos. La magia de la canción pasa porque durante tres minutos puede simplificarse una vida. Contar su historia con música y que mucha gente se sienta identificada con ella, es un enorme placer.

– A medida que has ido envejeciendo, para seguir tu broma del comienzo, has acumulado nueve álbumes, discos Cuádruple, Triple y Doble Platino, de Oro, cientos de miles de placas vendidas, giras ante ochocientos mil espectadores, casi dos millones de personas te escucharon cuando cantaste en el Vaticano (2000)… Una cantidad de público que pesa.

– Sí porque, aparte, yo tengo un grave problema con la timidez. Aunque subir a un escenario es como el living de mi casa, también, donde me siento muy cómodo, a gusto y disfruto mucho. Canto, primero porque me agrada mucho cantar y si eso lo puedo compartir con tantísima gente, es maravilloso. Pero, más allá de los números y de los discos de Oro, lo que sea haya venido, lindos reconocimientos por parte de la gente, el más precioso de todos ellos es pisar el escenario y que el público me ayude a cantar una canción que elegí para ubicar en un álbum y luego presentarla en vivo.

– ¿Cómo hacés para desenchufarte?

– Cuando termino, llego a mi casa, me saco los zapatos, me desconecto del trabajo y me conecto con lo cotidiano de la vida, con los afectos, mi familia, amigos, mis perros. Eso también es parte de lo que busco siempre como cable a tierra porque me da energía para seguir adelante, para continuar creciendo, aprendiendo y entregar en cada oportunidad, insisto, lo mejor de mí. Claro que es muy lindo cuando la gente me brinda tantísimo cariño, tanto amor y que el hilo conductor sea la música es impresionante.

-¿Qué te genera el contacto con la gente? Hace muchos años integré un cuarteto vocal e instrumental, Cuatro de Cantares, y canté en un festival ante siete mil personas en Pehuajó. Nos fue muy bien, cantamos sin fallas, pero mi cuerpo sintió -en los días siguientes- el impacto de esa cantidad de gente que está atenta, respira, se mueve, reacciona, simpatiza, aplaude, escucha en silencio.

– Emocionalmente, lo siento muy potente. Es muy movilizante. Que el intercambio de energía que ponés sobre el escenario con tanto placer, sea devuelto por el público desde el aplauso, desde el silencio, desde ese segundo en que comienza a prestarte atención y escucha, es una maravilla. Por eso, yo digo que para preparar un disco se tarda tanto tiempo y cuando sucede un concierto como los que estuve dando en el Rex, que vengo hace meses preparando, después, chau, se fue. Se consumió como un fósforo. Trato de no prestarle tanta atención a lo que viene, porque -siempre hay un plan y un proyecto a seguir- pierdo el encanto de cómo va fluyendo la situación actual. Y tampoco quiero perder lo que me toca vivir hoy, subir a un escenario, disfrutar de las dos horas que dura un concierto, de poder cantar, de comunicarme a través de las canciones, de dialogar mediante los instrumentos. Pero, claro, es muy movilizante porque al terminar me pongo a pensar en todo lo ocurrido, en que la gente puso combustible en su vehículo para venir a verme o viajó en micro muchos kilómetros, ahorró para comparar la entrada o el disco, eso me activa y me carga de energía para entregar un buen espectáculo.

-Ya tenés fechas hasta diciembre que vas a Mar del Plata y seguirás en los festivales de verano.

– Sí. Una vez terminado el verano se viene la gira por Latinoamérica, arrancando por Chile, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, México, Puerto Rico y Estados Unidos. Podríamos quedarnos con los discos de oro y las miles de personas que ya me han escuchado, pero sería tedioso porque, sinceramente, soy muy curioso y me atrae mucho grabar discos y cantar. Y si después vienen los resultados y sus cifras, ¿qué más puedo pedir? Aprendo, hago lo que me gusta desde hace años y quiero seguir disfrutando de mi carrera como hasta el día de hoy. En una entrevista reciente con Oscar González Oro, me habían pedido que llevara algunos libros… A mí me quedan frases de los que leo, por ahí no toda la historia… Había leído hace tiempo “El penúltimo sueño” de Ángela Becerra (colombiana) que narra una historia de amor y de músicos… Y en una de sus páginas -habla de la vejez- y una señora dice a otra: por la edad no te preocupes, sólo se envejece en los espejos. Me quedó muy marcada esa frase.

Eduardo Rouillet


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