Macabra recepción de la guerrilla a Uribe: 17 muertos

Varios atentados a cuadras del Palacio de Gobierno empañaron la asunción del nuevo presidente de los colombianos.

Por Redacción

Los atentados afectaron sobre todo a personas de escasos recursos de la capital colombiana.
Buenos Aires (Télam).- El liberal Alvaro Uribe asumió ayer la presidencia colombiana en una ceremonia signada por el estallido de varios artefactos explosivos, uno de ellos contra la sede presidencial, en los que al menos 17 personas murieron y más de veinte fueron heridas.

Las explosiones se produjeron en distintos puntos de Bogotá, incluidos los alrededores del Palacio presidencial y del Congreso, pero la que causó mayor cantidad de víctimas ocurrió en un barrio muy pobre de la capital colombiana, informó la secretaria de Gobierno, Soraya Montoya.

Una garrafa cargada con explosivos estalló cerca de la sede del instituto de Medicina Legal, cerca de la Casa Presidencial mientras que otra cayó en el techo de la sede de la presidencia.

Minutos antes cuatro policías resultaron heridos al estallar tres artefactos explosivos, de los cuales al menos uno explotó en la parte exterior de la Casa de Nariño, informaron fuentes policiales citadas por la prensa presente en el lugar.

Uno de los agentes de seguridad que custodiaban la sede presidencial y escolta del ex presidente Andrés Pastrana y su esposa se encuentra gravemente herido, de acuerdo con los reportes preliminares.

Los periodistas acreditados en el Palacio presidencial fueron evacuados de la sala de prensa y trasladados a otro lugar de la edificación.

Las explosiones se produjeron casi simultáneamente con la llegada de Uribe a la sede del Congreso -a unos 100 metros de la sede gubernamental- donde unos minutos más tarde asumió como presidente de Colombia.

Por su parte, tres granadas de mortero fueron lanzadas contra la Escuela Militar de Cadetes, en el oeste de Bogotá, donde poco después expertos del Ejército y la Policía desactivaron dos artefactos explosivos.

A la ceremonia de traspaso de mando presidencial asistieron los presidentes de Argentina, Eduardo Duhalde; de Ecuador, Gustavo Noboa; de Panamá, Mireya Moscoso; de Honduras, Ricardo Maduro, y de Venezuela, Hugo Chávez. A ellos se sumaron los cancilleres de Cuba, Felipe Pérez Roque, y República Dominicana, Hugo Tolentino, y el Príncipe de Asturias, Felipe de Borbón y Grecia.

Uribe, de 50 años, prestó juramento en el Palacio de Nariño, sede del Congreso, y luego leyó un discurso en el que prometió defender la Constitución y se refirió a la crisis económica, el Plan Colombia de lucha contra el narcotrafico y el combate a los grupos insurgentes.

«Juro a Dios y prometo al pueblo cumplir fielmente con la Constitución y las leyes de Colombia», dijo Uribe, en una ceremonia ensombrecida por la violencia. El mandatario obtuvo un contundente triunfo en las elecciones del pasado 26 de mayo en una plataforma que abogaba por poner fin a la violencia en Colombia mediante un aumento del gasto militar, la lucha contra la corrupción y el fomento de programas para la reducción de la pobreza.

En su discurso anunció que estimulará a millones de ciudadanos para que asistan a las Fuerzas Armadas en su lucha contra el terrorismo.

Mucha seguridad y pocos anuncios

El nuevo presidente colombiano Alvaro Uribe, un abogado de 50 años disidente del Partido Liberal que ha prometido mano dura contra la guerrilla, juró en el Congreso, en el centro histórico de Bogotá, en medio medidas de seguridad que incluyeron francotiradores y patrullajes con aviones, helicópteros y tanquetas blindadas.

Los ataques explosivos ensombrecieron la asunción de Uribe, quien se educó en las universidades de Harvard y Oxford, y siguieron a una escalada de los atentados guerrilleros registrada en los últimos días, con decenas de muertos.

Uribe anunció que continuará con el Plan Colombia, una estrategia de 7.500 millones de dólares que apoya Estados Unidos para combatir el narcotráfico, con la adición de la interdicción aérea y programas de sustitución de cultivos ilícitos.

En el plano económico anunció un «ineludible» ajuste fiscal para enderezar las finanzas públicas, y dijo que procurará un mayor crecimiento de la economía y la generación de empleos, tras considerar que «la capacidad de pago de la deuda pública está saturada».

El desempleo urbano en Colombia alcanza al 18 por ciento de la fuerza laboral, con una economía en declive que a apenas creció 0,5 por ciento en el primer trimestre del 2002.

Pese a los riesgos para su seguridad, luego de su asunción Uribe caminó hasta la sede de la presidencia y en las afueras habló varios minutos con la cúpula militar, que le entregó un informe de las víctimas y daños ocasionados por los ataques explosivos de la guerrilla.

El nuevo presidente, como lo había anunciado, radicó ante el Congreso un proyecto de reforma política que busca achicar a 160 el número de legisladores, desde los 266 actuales, y eliminar los auxilios parlamentarios, considerados como un foco de corrupción.

Legisladores han rechazado esa iniciativa, que según analistas podría generar un choque con el Congreso, lo que atentaría contra la aprobación legislativa de cruciales reformas económicas pactadas con el FMI.

(Reuters)

Análisis: El «duro» deberá negociar

La llegada de Uribe a la presidencia colombiana encarna la esperanza de millones de colombianos que esperan que pueda resolver los principales problemas que agobian a este país de más de 40 millones de habitantes, como el violento conflicto interno, el desempleo y la desaceleración de la economía.

La gestión de Uribe estará bajo la mirada de la comunidad internacional por el tema de los derechos humanos, por su propuesta de fortalecer las fuerzas militares y de crear una red de un millón de civiles para que aporte información para combatir la guerrilla y los paramilitares de ultraderecha.

Además, Uribe deberá combatir el narcotráfico, la extendida práctica del secuestro, el desempleo y la pobreza que afecta a un 60 % de los colombianos.

Pese a que en su campaña Uribe prometió combatir a la guerrilla y a los paramilitares, y fortalecer la capacidad de las Fuerzas Militares, ayer insistió en que buscará una negociación de paz con la guerrilla con la mediación de las Naciones Unidas. «He solicitado al señor Kofi Annan, los buenos oficios de la institución para buscar el diálogo útil a partir de un alivio para la sociedad que debe ser el cese de hostilidades», dijo ayer .

El presidente deberá buscar acuerdos humanitarios para conseguir la liberación de los secuestrados y llegar a pactos que vislumbren una paz definitiva como algo posible. Colombia es considerada como la capital mundial del secuestro, con 3.000 plagios al año .


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