Maduro pierde los estribos con Felipe González
VENEZUELA
El expresidente socialista español Felipe González acaba de tomar una decisión tan correcta como audaz y valiente. La de incorporarse al equipo de abogados que defiende a dos de los líderes opositores venezolanos que están detenidos, en prisión. Se trata de Leopoldo López y Antonio Ledezma. Felipe González es abogado y un reconocido defensor de los derechos humanos, que Nicolás Maduro pisotea constantemente.
El petulante presidente venezolano no es precisamente una persona bien educada. Pierde los estribos con llamativa facilidad y, cuando ello ocurre, su lengua desata con frecuencia toda suerte de ataques e improperios. Más allá de las fronteras del respeto mínimo.
Felipe González no ha sido una excepción. Nicolás Maduro lo ha acusado de “vender su alma al diablo”. Convencido de que él mismo es Dios, de lo que deduce presumiblemente que cualquiera que se oponga a su conducta es un seguidor de Lucifer. Felipe González es, para Maduro, uno de ellos.
Para denostar a González, Maduro denuncia alegremente que el primero recibe “un sueldo muy grande en euros” por incorporarse abiertamente a la campaña contra Venezuela. Sin pruebas, como es su costumbre. Se equivoca Maduro. La campaña no es contra Venezuela sino contra él, que ciertamente no es -para nada- Venezuela.
En su programa radial “Contacto con Maduro”, que transcribe el diario local “El Nacional”, Maduro acusó además a Felipe González de “apoyar a los golpistas” y de “andar por el mundo tratando de ganar a cuenta de robar a los demás”. Esto es calificarlo de ladrón. Todo es tan ridículo que podría ser -quizás- motivo para la risa. Sin embargo, en una Venezuela que está destruida, la conducta de Maduro da, más bien, ganas de llorar. Porque es deplorable.
Felipe González acaba de hacer público que desea visitar, en la prisión que los aloja, a los dos líderes opositores para quienes comenzará a trabajar. Es perfectamente posible que Nicolás Maduro no lo permita. Porque está dedicado a tratar de lastimar a los líderes opositores detenidos ilegalmente.
Felipe González ha expresado también su deseo de asistir a las audiencias previas al juicio contra Antonio Ledezma, que acaba de comenzar. Dudo también que se lo permitan. No sólo por la maldad y mala entraña que caracterizan el accionar de Maduro. Sino asimismo porque esas audiencias, de espaldas al debido proceso, no son públicas. A lo que se suma el hecho de que el acusador de ambos líderes opositores no sea un fiscal, ni un juez, sino el propio presidente cuestionado de Venezuela, Nicolás Maduro, en su carácter asumido de zar de la nación caribeña.
Las insólitas acusaciones proferidas contra Felipe González que lo tildan de ser un “golpista” más son absurdas. Primero, porque Felipe González no lo sería nunca. Y segundo, porque el “golpe” al que alude Nicolás Maduro no existe. Es más, es tan solo una excusa tan gastada como remanida, desde que en los últimos dos años Nicolás Maduro ha denunciado la presunta existencia de nada menos que una docena de “golpes” que, insólitamente sostiene, se habrían organizado en su contra. Se trata obviamente de un constante faltar a la verdad. De recurrir a excusas inverosímiles para tratar de ocultar, detrás de ellas, el enorme desastre económico social en el que el propio Nicolás Maduro ha sumergido a Venezuela toda.
Cabe aplaudir lo de Felipe González, por su decisión y valentía. Aunque sea necesario añadir que, conociendo el paño, es prácticamente imposible que Nicolás Maduro le permita a Felipe González desarrollar normalmente la gestión que, por voluntad propia, ha asumido ejemplarmente.
EMILIO J. CÁRDENAS
Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
EMILIO J. CÁRDENAS