¿Mala junta?



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Hitler. Ilustración de Sebastián Dufour para el libro.

El taxista le comenta a Gustavo Marangoni que después de un tiempo bíblico fue al cine con su esposa. Y le informa lo que vieron: “Ésa de Hitler” (“La caída”). –¡Ajá! –responde Marangoni y el taxista remata: –Interesante. De la película surge claramente que lo que lo mató fue el entorno... –Sí, sí, como lo señalo en el libro. El comentario del taxista me dejó desconcertado porque mis conclusiones sobre la película –que también había visto– eran muy distintas –señala Claudio Marangoni a “Río Negro”. Pero la reflexión del taxista libera uno de los capítulos más atrapantes del libro de Marangoni, donde habla de “la influencia sobre el Príncipe”. “Aunque tenga que contradecir al bueno del taxista, el entorno no fue el causante de la locura nazi sino un engranaje más de la maquinaria. Los acólitos están ahí porque el líder los requiere, ya sea para crear grandes proyectos políticos o para hacerlo reír cuando las cosas están tensas”. Pero esta reflexión de Marangoni es el corolario de un serpenteante periplo que realiza por una variada gama de películas, que alcanza incluso a “Los Simpson”, para evidenciar como fungen los hombres que circundan al poder. Y se remonta a Juan Perón y la influencia sobre el poder que hizo su ayudante de cámara, el “Brujo” López Rega. “Estas cortes palaciegas existen más allá de las características propias del régimen. Los hubo en Roma, en el imperio mongol, en la Edad Media, en los sistemas parlamentarios, presidencialistas, dictatoriales y autoritarios. Siempre que haya alguien que dirige, hay un equipo que, detrás, obedece”, sostiene Marangoni. Y se torna decididamente sustanciosa la minuciosa peregrinación que realiza en dirección a argumentar este punto de vista. Marangoni apela, por caso y con mirada profunda, a lo que emerge en ese sentido en “Trece Días” (Crisis de los misiles de 1962), para demostrar las luchas internas que sacudían a la administración Kennedy, para imponer criterios a seguir ante la veleidosa Cuba de Fidel. Y enfilado a definir al “Brujo” López Rega como miembro del círculo áulico de Juan Perón, sentencia: “Es la representación de todo lo oscuro que un hombre de confianza puede ser. Su paso por nuestra historia grafica el daño que puede ocasionar una persona de confianza nulamente instruida, sin ningún antecedente político ni de gestión, esotérico, manipulador, corrupto y asesino. Su poder llegó a límites insospechados, cuando pasó de ser un mero asistente a ministro y jefe de la inefable fuerza policial Triple AAA. Perón podría haberle dado una patada a López Rega de haberlo querido, pero no lo hizo”. Y entonces, Marangoni remata: “Para quien le interese profundizar el tema hay un libro de José Pablo Feinmann, ‘López Rega, la cara oscura del Perón’”...


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