Mandan las finanzas

Redacción

Por Redacción

Aunque los ideólogos del kirchnerismo suelen afirmarse contrarios por principio a “la patria financiera”, a su juicio un reducto golpista dominado por neoliberales extranjerizantes y otros enemigos del pueblo, y por lo tanto juran estar resueltos a ponerla al servicio de sectores que a su juicio les son más afines, desde hace más de un año el gobierno ha subordinado virtualmente todo a factores netamente financieros sin preocuparse en absoluto por el impacto de lo que está haciendo en la llamada economía real. Se trata de una contradicción más de una fracción política oportunista cuyos dirigentes quisieran hacer pensar que están llevando a cabo una especie de revolución a un tiempo nacionalista y solidaria. Así, pues, en un esfuerzo por frenar la sangría de divisas, el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, que cuenta con el pleno aval de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, ha trabado la importación de insumos imprescindibles, de tal modo provocando una recesión en distintos sectores industriales, desgracia que a su entender carece de importancia. Por motivos parecidos, el gobierno está procurando impedirle a la gente tratar de defenderse contra la inflación comprando dólares estadounidenses, aunque de resultas del cepo cambiario que ha instalado se ha paralizado el mercado inmobiliario, lo que ha asestado un golpe cruel a muchos obreros de la construcción. Para más señas, en los meses últimos se ha reducido la venta de automóviles. Asimismo, las medidas que ha tomado el gobierno a fin de privar a los interesados en viajar al exterior de la posibilidad de conseguir las monedas extranjeras que necesitarían, han ocasionado un grado excepcional de fastidio entre quienes se sienten víctimas de una campaña de persecución en su contra encabezada, cuando no, por el titular de la Administración Federal de Ingresos Públicos, Ricardo Echegaray, un funcionario que nunca ha vacilado en aprovechar el poder del organismo para castigar a los críticos del “modelo” kirchnerista. Ya es rutinario que empresarios culpables de hablar en público de los problemas que les está ocasionando la política económica oficial se vean hostigados el día siguiente por inspectores de la AFIP, práctica ésta que es típica de gobiernos autoritarios. De todos modos, aunque la mayoría de los especialistas dice prever que la economía no tardará en recuperarse de la recesión que, según algunos, ya ha comenzado y que amenaza con seguir agravándose, el gobierno parece decidido a difundir la impresión de que el país se ve ante una crisis sumamente grave. Puesto que tanto depende del estado de ánimo de los sectores más afectados por las medidas que ha tomado, la voluntad oficial de sembrar desconfianza al ir a virtualmente cualquier extremo a fin de conservar dólares pesificando la economía nacional, ya ha tenido consecuencias muy negativas. Bien que mal, no parecería que el gobierno se haya propuesto reestructurar la economía, “profundizando el modelo”, ya que a esta altura es penosamente evidente que están improvisando los distintos personajes que, sin formar un equipo, la están manejando. Por cierto, no hay indicios de que cuenten con una estrategia coherente o un plan maestro. Antes bien, como aseveró hace poco el exvicepresidente Julio Cobos al aludir al recargo al consumo con tarjetas en el exterior, se trata de “medidas caprichosas y testarudas para no reconocer la inflación. Es un disparate”. Además de hacer gala de un grado notable de torpeza, ya que con frecuencia el gobierno se siente constreñido a modificar sobre la marcha medidas recién anunciadas, Echegaray y otros voceros oficiales intentan defender su accionar formulando declaraciones nada convincentes, dando a entender que están luchando contra la corrupción y la evasión impositiva, ya que nunca se les ocurriría conculcar los derechos ciudadanos. Huelga decir que las explicaciones en tal sentido que ensayan los voceros gubernamentales sólo sirven para intensificar el desconcierto que tantos sienten. Temen que, por querer aferrarse a un “relato” voluntarista en que no hay lugar para la inflación, el gobierno siga creando más problemas, para entonces atribuirlos a la maldad ajena, lo que a su juicio es mucho mejor de lo que sería intentar solucionarlos, ya que le permite sacar provecho político de sus propios errores.


Aunque los ideólogos del kirchnerismo suelen afirmarse contrarios por principio a “la patria financiera”, a su juicio un reducto golpista dominado por neoliberales extranjerizantes y otros enemigos del pueblo, y por lo tanto juran estar resueltos a ponerla al servicio de sectores que a su juicio les son más afines, desde hace más de un año el gobierno ha subordinado virtualmente todo a factores netamente financieros sin preocuparse en absoluto por el impacto de lo que está haciendo en la llamada economía real. Se trata de una contradicción más de una fracción política oportunista cuyos dirigentes quisieran hacer pensar que están llevando a cabo una especie de revolución a un tiempo nacionalista y solidaria. Así, pues, en un esfuerzo por frenar la sangría de divisas, el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, que cuenta con el pleno aval de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, ha trabado la importación de insumos imprescindibles, de tal modo provocando una recesión en distintos sectores industriales, desgracia que a su entender carece de importancia. Por motivos parecidos, el gobierno está procurando impedirle a la gente tratar de defenderse contra la inflación comprando dólares estadounidenses, aunque de resultas del cepo cambiario que ha instalado se ha paralizado el mercado inmobiliario, lo que ha asestado un golpe cruel a muchos obreros de la construcción. Para más señas, en los meses últimos se ha reducido la venta de automóviles. Asimismo, las medidas que ha tomado el gobierno a fin de privar a los interesados en viajar al exterior de la posibilidad de conseguir las monedas extranjeras que necesitarían, han ocasionado un grado excepcional de fastidio entre quienes se sienten víctimas de una campaña de persecución en su contra encabezada, cuando no, por el titular de la Administración Federal de Ingresos Públicos, Ricardo Echegaray, un funcionario que nunca ha vacilado en aprovechar el poder del organismo para castigar a los críticos del “modelo” kirchnerista. Ya es rutinario que empresarios culpables de hablar en público de los problemas que les está ocasionando la política económica oficial se vean hostigados el día siguiente por inspectores de la AFIP, práctica ésta que es típica de gobiernos autoritarios. De todos modos, aunque la mayoría de los especialistas dice prever que la economía no tardará en recuperarse de la recesión que, según algunos, ya ha comenzado y que amenaza con seguir agravándose, el gobierno parece decidido a difundir la impresión de que el país se ve ante una crisis sumamente grave. Puesto que tanto depende del estado de ánimo de los sectores más afectados por las medidas que ha tomado, la voluntad oficial de sembrar desconfianza al ir a virtualmente cualquier extremo a fin de conservar dólares pesificando la economía nacional, ya ha tenido consecuencias muy negativas. Bien que mal, no parecería que el gobierno se haya propuesto reestructurar la economía, “profundizando el modelo”, ya que a esta altura es penosamente evidente que están improvisando los distintos personajes que, sin formar un equipo, la están manejando. Por cierto, no hay indicios de que cuenten con una estrategia coherente o un plan maestro. Antes bien, como aseveró hace poco el exvicepresidente Julio Cobos al aludir al recargo al consumo con tarjetas en el exterior, se trata de “medidas caprichosas y testarudas para no reconocer la inflación. Es un disparate”. Además de hacer gala de un grado notable de torpeza, ya que con frecuencia el gobierno se siente constreñido a modificar sobre la marcha medidas recién anunciadas, Echegaray y otros voceros oficiales intentan defender su accionar formulando declaraciones nada convincentes, dando a entender que están luchando contra la corrupción y la evasión impositiva, ya que nunca se les ocurriría conculcar los derechos ciudadanos. Huelga decir que las explicaciones en tal sentido que ensayan los voceros gubernamentales sólo sirven para intensificar el desconcierto que tantos sienten. Temen que, por querer aferrarse a un “relato” voluntarista en que no hay lugar para la inflación, el gobierno siga creando más problemas, para entonces atribuirlos a la maldad ajena, lo que a su juicio es mucho mejor de lo que sería intentar solucionarlos, ya que le permite sacar provecho político de sus propios errores.

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