Maradona y la política: la cancha en la que también fue libre y disruptivo

Su amistad con Fidel Castro, su apoyo al kirchnerismo, sus encuentros con líderes de todo el mundo. El perfil controvertido de una figura que trascendió el mundo deportivo.

El reconocimiento a Fidel Castro en un tatuaje. Maradona llegó por seis meses y finalmente pasó cinco años en Cuba.

El reconocimiento a Fidel Castro en un tatuaje. Maradona llegó por seis meses y finalmente pasó cinco años en Cuba.

Entre tantas canchas en las que jugó, Diego Maradona también supo moverse en el terreno político.

No le hicieron falta candidaturas o designaciones en puestos del Estado para dejar claras sus convicciones. Muchas veces habló sin filtro y otras tantas eligió la simbología de un tatuaje o una gorra para hacer conocer su posicionamiento.

Su eternidad tiene las bases en campos de 105x70, pero su trascendencia también está moldeada por las manos poderosas que apretó.

A lo largo de 40 años se abrazó con líderes de todo el mundo. Algunos seguramente por conveniencia, otros por sentimientos más genuinos, todos vieron en ese metro sesenta y cinco una figura inmensa.

Junto a Chávez, cuando el líder venezolano anunció la ruptura de relaciones con Colombia.

Y entre todos esos líderes, probablemente quien más cerca lo vio de su tamaño real fue Fidel Castro. Porque las puertas de Cuba no se abrieron para el Maradona rutilante. La que llegó a la isla en el año 2000 fue tal vez una de las versiones más humanas de Maradona, golpeado a los 39 años por dos décadas donde los desbordes no fueron sólo de talento.

Los seis meses de tratamiento se convirtieron en una residencia de cinco años. Y el agradecimiento del 10 fue más allá de todo lo imaginado: ese tatuaje en la pierna izquierda se fue del mundo el mismo día que Fidel, cuatro años después.

Varios años más acá y de vuelta en las canchas, aunque en su rol de entrenador, Maradona hizo explícito su apoyo a los gobiernos kirchneristas.

Agosto del 2004, en el despacho de Néstor Kirchner.

“Entró en la grieta”, criticaron quienes preferían verlo encasillado en el universo deportivo y que no reconocían en él a un actor social con influencia más allá del fútbol.

No son pocos los que vieron a Maradona siempre con la celeste y blanca puesta. Son los que mantuvieron para él, mucho tiempo después de su retiro, el espacio de estandarte de una Nación. Y Maradona pagó con crédito social ese precio: un representante de todos no puede ponerse de un lado u otro.  

Pero otros tantos celebraron sus expresiones. Acá y allá, Maradona le puso voz al sur ante el norte. Habló de las desigualdades, las cuestionó. Y potenció con esa empatía el reconocimiento social que ya no le daban sus gambetas.

De todas maneras, con voces a favor o en contra, el hombre que nunca quiso ser ejemplo para nadie siguió opinando, visitando y sonriendo al lado de quienes creía los mejores intérpretes de las necesidades populares.

"Yo digo que si Argentina no explotó todavía es porque Dios no quiere o porque tenemos un papa argentino. Esto es De la Rúa y medio. Lo que está haciendo Macri es De la Rúa y medio", sostuvo en el 2018.

Ese año fue cuando más cerca jugó de un proyecto político partidario. "A mí Fidel me dijo que tenía que dedicarme a la política. Y yo iría en la fórmula con ella", dijo cuando le preguntaron si acompañaría a Cristina Fernández de Kirchner.

No fue en la boleta, pero en el 2019 hizo campaña. Y un día después de la Navidad, con el gobierno de Alberto Fernández recorriendo sus primeros 15 días, volvió a la Casa Rosada.

Ese día le regaló réplicas de camisetas de la Selección y de Argentinos Juniors al presidente, firmadas con una dedicatoria hecha “con mi corazón de pueblo”.

No era la primera vez que estaba cerca del Sillón de Rivadavia. En 1986 Raúl Alfonsín lo abrazó cuando llegó al país con la Copa del Mundo; en 1990 Carlos Menem también lo abrazó, pero para el consuelo y el reconocimiento por la final de Italia. Con De la Rúa también hubo camiseta de regalo y con Néstor Kirchner tuvieron una cálida charla en agosto del 2004.

Mañana esa misma Casa Rosada despedirá a Maradona, confirmando que la dimensión de su figura fue mucho más allá de los estadios. Su paso a la historia se escribirá desde la sede oficial de una Nación.

El 26 de diciembre pasado, junto a Alberto Fernández.


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