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“Marcel Duchamp”, una novela gráfica de seis metros de largo

La vida y obra de Marcel Duchamp en un libro de curioso formato que, al desplegarse, se convierte en un friso ilustrado de seis metros de longitud.




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LIBROS

En la novela gráfica “Marcel Duchamp. Un juego entre mí y yo”, el dibujante belga François Olislaeger ilustra vida y obra del padre del arte conceptual en un precioso libro-objeto de curioso formato que, al desplegarse, se convierte en un friso ilustrado de seis metros de longitud. Se trata de una biografía narrada en primera persona, lúdica y original, a través de dibujos en blanco y negro que se van enhebrando en los pliegues de una y otra página de este libro-acordeón, un itinerario que una vez desplegado alude a ese constante transitar del artista francés, que adoraba caminar. El libro, de reciente aparición, fue editado por Turner y publicado originalmente en Francia en 2014, con motivo de la gran retrospectiva que el Centro Georges Pompidou dedicó al autor de la pintura “Desnudo bajando una escalera” y creador del famoso urinario rebautizado “Fuente”.

Un juego entre mi y yo

François Olislaeger

Los escritos autobiográficos de Duchamp (1887-1968) sirvieron a Olislaeger (Bélgica, 1978) como sustento para desplegar no solo los acontecimientos más relevantes de su vida -incluido su paso por Buenos Aires- sino también su discurso estético y sus diferentes intentos vanguardistas que dieron vida al arte conceptual. “Mi padre, Eugene, era notario en Blainville-Crevon”, pequeño poblado francés, relata el volumen: “Era si se quiere un ambiente de lo más ‘flaubertiano’. Pero eso lo supe después, cuando leí ‘Madame Bovary’”. El joven Duchamp recibió el premio a la excelencia en la Sociedad de Amigos de las Artes. Sin embargo, cuando sus hermanos se dedicaron a la pintura y la escultura, él no fue admitido en la Escuela de Bellas Artes. “¡Pero me importó un pepino!”, relata el autor, y se lo ve feliz, embarcado en partidas de ajedrez con sus amigos. El texto reproduce y reconstruye con máxima fidelidad las palabras que Duchamp expresó a lo largo de su vida, en sus escritos, entrevistas, biografías y reportajes: “Pronto entendí, por fortuna, que no hay que cargar la vida con demasiado peso, con demasiadas obligaciones, con todo eso de la esposa, los hijos, la casa en el campo, el coche”, relata este joven Duchamp y planta las bases de una vida bohemia en contraste con su origen acomodado. La obra va relatando a un joven Duchamp que dibuja viñetas para la prensa, que se acerca al fauvismo pero no por eso se define ‘fauvista’, que pinta en su casa, que se ve influido por Cézanne y se hace muy amigo de Francis Picabia. Los pasajes más atractivos y probablemente los más logrados son los momentos cumbre en su vida: “En 1912, en el Salón de Otoño de París, mis hermanos y yo éramos socios. Yo había mandado algunos cuadros, entre ellos, el ‘Desnudo bajando una escalera n° 2’. Los amigos cubistas pensaron que para ser cubismo resultaba un poco exagerado. No era cubismo en sentido estricto, sino un cubismo peculiar, que incorporaba el movimiento y que por lo tanto era algo futurista, aunque sin salirse de la gama cubista. Provocó tal escándalo...”, relata.

En entrevistas con medios españoles, Olislaeger contó las razones detrás del curioso formato de su obra: “Duchamp nunca tuvo coche, le gustaba mucho caminar y, para mí, es principalmente un caminante. Así que pensé que un libro extensible me permitiría desarrollar la idea del camino de su vida”. Luego de colocar una rueda de bicicleta sobre un taburete y otros experimentos con vidrios, Duchamp dejó París para instalarse en Nueva York, ya pensando en la idea de los ready-made, que implica sacar de su contexto a los objetos de uso cotidiano para convertirlos en obras de arte. En Nueva York se hizo muy amigo de Man Ray. Allí mismo decide presentarse en la exposición de la Sociedad de Artistas Independientes: “No se podía rechazar la obra de ningún artista. Cada uno pagaba una cuota de seis dólares”, relata el libro, sobre el momento en que Duchamp decidió presentar un urinario que firmó con un nombre falso y una dirección falsa, bajo el título “Fuente”. Por aquel entonces, los dos hermanos varones de Duchamp combatían en la Primera Guerra Mundial. Este acto provocador (presentar un mingitorio como una obra de arte), en medio del auge del Dadaísmo, tenía que ver también con una protesta de orden ya no política sino humanitaria. “Contra la guerra, contra una sociedad que se tornaba absurda”. El bello volumen desplegable incluye también la visita de Duchamp a Buenos Aires en 1918, un paso fugaz y algo misterioso que suscitó en esta parte del mundo infinidad de conjeturas y suposiciones aunque pocas certezas, como por ejemplo que haya diseñado un juego de ajedrez que mandó a fabricar. Aunque el libro no se explaya en ese sentido, en esta ciudad Duchamp habitó en una casa de la calle Alsina 1743, a la vez que tuvo su taller en Sarmiento 1507, donde hoy funciona el Centro Cultural General San Martín. Su gran amistad con Man Ray, su obsesión con la obra denominada “Gran vidrio”, el romance con Mary Reynolds, su pasión por el ajedrez e incluso su participación en uno de los filmes de Andy Warhol completan el transcurrir del artista que murió en el poblado de Neuilly-sur-Seine, el 2 de octubre de 1968. “Me incineraron con las llaves de mi taller en el bolsillo”, concluye, desde el más allá, este particular relato gráfico Télam


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