“Me sobra trabajo”

Redacción

Por Redacción





la peña

jorge vergara jvergara@rionegro.com.ar

A pesar del éxito de este lado del río, por primera vez el Chaqueño Palavecino visitó y cantó en Uruguay. Lo hizo en un ambiente multitudinario pero casi familiar, porque aunque nunca haya estado ahí lo conocen como si fuera un uruguayo más. Es que la figura del Chaqueño trascendió fronteras y más aún en América Latina. Lo cierto es que como se esperaba su visita en ese país, el diario “El País” de Uruguay mandó a entrevistarlo para saber un poco más de él. Y, como suele suceder, los entrevistados cuando hablan con medios extranjeros se sueltan un poco más y dicen cosas que tal vez para los medios locales no dirían. No se trata de una entrevista más, de las tantas que le hicieron al Chaqueño. Me llamó la atención las cifras que allí mencionan y más aún el raid, que siempre supimos que era enorme pero no en semejante dimensión, que hace el Chaqueño cada temporada. Claro, para él, el mayor exponente actual por convocatoria del folclore argentino, la temporada es lo mismo que decir todo el año, porque es uno de los pocos que tiene trabajo todo el año y que se da el lujo de desechar algunos festivales por falta de tiempo. El diario “El País” dice en la entrevista, a modo de introducción, que el Chaqueño, de 52 años, “es casi un prócer en Argentina”. –¿Por qué tardó tanto en venir a Uruguay? –le preguntaron. –Lo que pasa es que acá me sobra trabajo. Incluso en invierno, cuando para la mayoría baja, yo sigo trabajando mucho. En verano dejamos de hacer unos 62 festivales entre enero y febrero porque era humanamente imposible. La misma nota aporta que “el Chaqueño vivió gran parte de su vida donde confluyen Argentina, Paraguay y Bolivia en una misma frontera, un pueblo que no le permitió desarrollar su curiosa afición por el canto lírico”. “Es como todo. Me hubiera gustado estudiar y salir de ahí. Pero lo mío, lo popular, me ha dado muchas satisfacciones”. “En mi tierra no había quién te enseñara cómo tocar la guitarra ni cantar, ni nada. Si tocabas un violín lo hacías de oído, nadie te enseñaba en la pizarra. Así que somos cantores naturales. Lógico que en el camino fui aprendiendo y empecé a hacer temas más universales y me ocupé de tomar clases de canto para no quedarme tan disfónico, los años te van llevando a eso. Fijate que yo no soy viejo pero andar y cantar tanto desgasta”. La nota destaca un costado del Chaqueño que pocas veces se cuenta, el de los números, que resulta sorprendente, aunque por su envergadura, real. “Hoy cuenta con una oficina en Buenos Aires pero él permanece en el campo, su hábitat natural. Es más: le encantaría vender todo lo que tiene, mudarse a Rancho Ñato y comprar un helicóptero para realizar las giras. No hace menos de quince conciertos por mes en Argentina, mercado que le da una agenda desbordada y sólo le permitió cruzar alguna vez a Bolivia, a Paraguay y recién ahora a Montevideo y Colonia. El concepto que mejor lo define es la tradición”, apunta el diario uruguayo. En la entrevista el Chaqueño dice que “nuestra música nacional no ocupa el lugar que debería tener. Nos ganamos un lugar a los ponchazos. Si bien en mi país se consume mucho folclore, lo hacen sobre todo los provincianos. Algunos dicen que el género ya no es como antes, pero hay que entender que al principio eran la guitarra y la vigüela, y después fuimos incorporando otros instrumentos”. En su caso, una chamarrita o un chamamé deben acompañarse con un acordeón. Una chacarera necesita bandoneón, violín y guitarra. Y si la música tiene origen en el altiplano no pueden faltar el charango y la quena. Éste es el mismo Chaqueño que recorre escenarios y se lleva todos los aplausos.


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