Medicina: la otra cara de la moneda
Por Dr. Hernán Calvo (*)
El 9 de noviembre pasado se publicó en «Río Negro» un especial del señor secretario académico de la UNC, Ismael Andía, con un título realmente alentador que asegura la continuidad de la carrera de medicina. Sin embargo, la lectura completa presenta una serie de consideraciones con las que, quienes conocemos desde dentro y desde fuera los motivos y la sucesión de los hechos, no podemos dejar de disentir.
En primer lugar, el rector Jorge Rabassa no «propuso estudiar la posibilidad de discontinuar el ingreso a la carrera…», sino que concretamente presentó al Consejo Superior un proyecto de ordenanza para hacerlo efectivo, lo que significaba lisa y llanamente la liquidación de la carrera, pues es impensable que subsistiera dictándose algunos años sí, otros no, máxime recién creada. La jugada fue tan osada, que perdió la votación sólo porque algunos de los compañeros de ruta del rector, más conscientes, no quisieron rubricar su propuesta. El escaso margen, once a favor y doce en contra, muestra lo cerca que estuvimos de morir de lactantes. La intención fue clara. No hay eufemismo que valga.
Para echar más luz sobre las intenciones, vale la pena recordar de qué monto se hablaba: 250.000 pesos, 0,59% del presupuesto de la UNC. Pensar que ese valor era motivo suficiente para propuesta tan drástica, es al menos ingenuo.
Dice luego Andía que «… se continuó trabajando para desarrollar la carrera…» Si algo no ocurrió fue eso. Las constantes trabas que se ejercieron, particularmente desde la anterior Secretaría Académica, a cualquier intento de regularizar y mejorar la carrera, en lo administrativo y académico fueron casi grotescas y de dominio público. Entre éstos, fueron motivos de constante demanda prácticamente todos los puntos que hoy la CONEAU exige.
Dice después la nota que «Medicina quedó atada a las mismas reglas que el resto de las carreras…». Quisiera que el señor secretario explique cuáles son las otras carreras que no tienen representación en el Consejo, no figuran aunque sea con $2 en el presupuesto, no tienen estructura propia que les permita gozar de autonomía, en fin, que se encuentre en un estado tan precario en el contexto institucional que merezca, por ese motivo, la evaluación contraria de la CONEAU.
Continúa diciendo: «La diferencia con el resto no es de carácter endógeno a la institución, sino exógeno» y reparte culpas a ex funcionarios, políticos y medios de comunicación. Dentro de una teoría conspirativa, cualquier cosa menos reconocer los errores cometidos. Basta recorrer las observaciones de la CONEAU para darse cuenta de que, además de las antedichas, la falta de funcionamiento del Consejo Consultivo que había sido creado en la anterior conducción pero no fue vuelto a citar, la falta de control de gestión, un director viajero, etc., puntos en los que la comisión basa su evaluación negativa, no necesitan dinero y son los de exclusiva responsabilidad interna. Si así no fuera, ¿no es un contrasentido decir que «en estos días se está trabajando en un plan de desarrollo solicitado por la CONEAU?», ¿qué plan de desarrollo podría instrumentarse si los problemas son exógenos, debidos a ex funcionarios obstruccionistas, políticos especuladores y medios de prensa adversos? Puedo decir, sin dudas, que si no hubiera sido por el apoyo político y el de la prensa, si sólo nos hubiéramos tenido que mover en el ambiente corporativo de la conducción de la Universidad, hoy no estaríamos discutiendo estos temas. Simplemente no existiría Medicina. Nada les molesta más a quienes actualmente conducen la Universidad, que la repercusión pública. Tan de espaldas viven a su comunidad. Tan poco preparados están para los cuestionamientos del común, aunque sea «fashion» llenarse la boca con reivindicaciones populares. Para ellos estos atrevimientos son «… sandeces… producto de la ignorancia» del vulgo.
Una última reflexión. Resulta graciosa la declaración principista de no adhesión a la ley federal para justificar una falsa opción: o no nos presentamos, lo cual hubiera sido consecuente con la filosofía que sustentan y ello implica, no la defunción, sí la defensa a ultranza de sus carreras, o nos presentamos con dos de las cuatro ruedas. ¿Cómo puede ignorar el intelecto argentino, nucleado presuntamente en la Universidad, que existe una tercera opción, la única valedera para gente seria: presentarse en condiciones ante estándares conocidos?
Pero el señor secretario nos ofrece un premio consuelo para que no hablen más los «desfachatados»: nos fue mal, como a otras ocho universidades. Quizás no sepa que quienes trabajamos para el proyecto educativo lo hicimos para diferenciarnos, a través de un currículum superador, de la vieja universidad argentina. Los objetivos mediocres que para él son importantes de destacar no nos hubieran hecho mover un dedo. Esa es la diferencia.
(*) Co fundador de la Escuela de Medicina y primer coordinador de la carrera.
El 9 de noviembre pasado se publicó en "Río Negro" un especial del señor secretario académico de la UNC, Ismael Andía, con un título realmente alentador que asegura la continuidad de la carrera de medicina. Sin embargo, la lectura completa presenta una serie de consideraciones con las que, quienes conocemos desde dentro y desde fuera los motivos y la sucesión de los hechos, no podemos dejar de disentir.
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