Mensajes beligerantes
No es tan larga la distancia entre la violencia piquetera en el edificio de Repsol, y el verbo hostil del Presidente hacia esa y otras petroleras, cuando las acusó de pícaras, insolidarias y extorsionadoras y las castigó con más impuestos recesivos, cargándoles toda la culpa de la crisis energética.
Ambos son mensajes que tensan cuerdas en el peor momento. Y, paradójicamente, con la misma base argumental.
El MTR mostró su intemperancia el miércoles con el ataque a Repsol que puso en riesgo la salud de 800 trabajadores. Lo hizo por «la extorsión de las empresas petroleras al gobierno».
El gobierno por suerte da muestras de aborrecer de estos grupos duros, a quienes distanciaba promoviendo a las huestes de D'Elía, pero también tolera sus desmanes e, involuntariamente, les da ideas para el odio y esa permanente necesidad que tienen tales grupos de provocar y victimizarse.
No ayuda el mensaje presidencial beligerante. Tampoco la señal que da el gobierno cuando, por ejemplo, recibe con algarabía el primer barco venezolano de fuel oil (como si fuera un hecho que debiéramos festejar) alentando un acto con cánticos contra el «imperialismo», de vítores al presidente Chávez y presencia de personajes que a esta altura -y tal como parecía haber aprendido Kirchner en el acto de la ESMA- no le hacen ningún bien a su gestión. Ni al país.
Nota asociada: Prometen sancionar a piqueteros por ataques a Repsol