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Pereyra profesa una sola religión que es el pereyrismo y esta semana salió a ratificar su precandidatura a senador.
héctor mauriño vasco@rionegro.com.ar
La provincia asiste a dos campañas superpuestas, la de la elección municipal y la de los comicios legislativos; la segunda mucho más trascendente para la política provincial y nacional que la primera. Para poner una metáfora gastronómica, es como la entrada y el plato fuerte. En cualquier mesa bien servida hay quien va directamente al plato principal y quien intenta despacharse los dos. Inclusive, no falta el que se contenta con los entremeses, todo depende de las aspiraciones y posibilidades del comensal. De igual manera perder en la primera elección no inhabilita para la segunda, más decisiva para los dos años que vienen, pero, claro, lo mejor para cualquier político es hacer bingo. Es el caso de Sapag: regentea un poder provincial muy amplio pero que brilla por su ausencia en la mayoría de las ciudades de primera y le vendría muy bien hacer pie en la capital de la provincia. En lo que respecta a la elección nacional, es crucial para su futuro: si gana, no sólo tendrá más poder de negociación frente a su aliado nacional sino que podrá plantearse avanzar en su plan reeleccionista. La expectativa de engullirse todo el menú también apremia a Quiroga, que no sólo necesita reforzar su base de sustentación ampliando la mayoría en el Deliberante sino exhibir una victoria que le permita abonar el arduo camino a la gobernación en el 2015. Otros dirigentes y fuerzas políticas, en fin, se manejan con aspiraciones más modestas en relación a ambas elecciones, pero no desconocen la importancia de competir para mantenerse en la agenda pública. Veamos el entremés. Cerca de Quiroga tienen la impresión de que se le puede ganar la elección al MPN merced a una oportuna combinación de ingeniería electoral y viento a favor para el sector político ideológico con que se identifican. Están persuadidos, además, de que su principal estandarte es la gestión. La ingeniería consiste en una confederación de listas espejo representativas sobre todo del “centro” y el “asfalto”, que puede hacerles fuerza –acá viene lo segundo– a los sectores que se identifican con el kirchnerismo, casualmente el “aliado” del gobierno provincial. Esto incluye la aspiración, justificada o no, de captar los votos de un sector del MPN que a esta altura reniega del alineamiento formal de Sapag con Cristina. Claro que no todos los que se identifican con estas posiciones están con Quiroga. Por ejemplo sus antiguos correligionarios de la UCR, los diputados Vidal y Benítez, consideran que el verdadero radicalismo va por otro lado y han hecho migas con Libres del Sur para aguarle la fiesta. Ahora impulsan a Mercedes Lamarca para el 30 de junio y luego, se presume que dentro del FAP, llevarán al propio Benítez de candidato a senador y a Jesús Escobar para diputado nacional. Este sector no oculta su satisfacción por restarle votos a Quiroga aunque ello, a la postre, también pueda beneficiar en forma indirecta a Sapag. Retomando la elección municipal, la gente del gobernador está persuadida de que existe una virtual paridad entre su lista y la de Quiroga; lo atribuye entre otras cosas al acierto en la elección de los candidatos propios, “de la generación intermedia” y de perfil independiente como el músico Pablo Bongiovani. Quiroga dice cosas parecidas respecto de su cabeza de lista, el pastor y contador David Schlereth. Quienes no están ni con Sapag ni con Quiroga tienden a pensar que entre los dos la cosa va equilibrada, tal vez con alguna ventaja para el líder de Nuevo Compromiso Neuquino. En lo que se refiere a los comicios legislativos nacionales, el horizonte presenta algunos nubarrones para Sapag. Como ya se dijo desde esta columna, Pereyra profesa una sola religión que es el pereyrismo y, por si hacía falta dar fe de ello, esta semana salió a ratificar su precandidatura a senador en la interna. Más aún, le cerró el paso a un posible enroque –en su momento evaluado por el sapagismo– consistente en resignar sus aspiraciones senatoriales y conformarse con la diputación (eso partiendo de la base de que su voluminosa figura pasaría más desapercibida en en tropel de Diputados que en el selecto recinto del Senado). No es todo. Si ahora el proyecto del petrolero es ser senador y no bajarse, no importa quién se lo pida, ¿con qué se contentará en el futuro? ¿Por ejemplo en el 2015, cuando esté en juego la gobernación? Así las cosas, lo más probable es que “El Caballo” vaya a las PASO (primarias abiertas, simultáneas y obligatorias) a confrontar con el candidato del gobernador. ¿Será Pechen? Si finalmente lo fuera, tendría a su favor aquello de que representatividad gremial no equivale, en la Argentina, a representatividad política. Pechen tiene chapa de leal y, en lo que a ella se refiere, lo bueno para el gobernador es que hasta ahora no le ha dicho públicamente que no. Lo menos bueno es que tampoco le ha dicho que sí. Un experto en alquimia electoral como Sapag, además de alentar a sectores que no pueden ganar una elección pero sí quitar votos a sus adversarios, confía en su poder de persuasión dentro y fuera de la fuerza propia. El problema es que esta vez debe armar las cosas de manera tal que dejen abierto el camino para el 2015. No es fácil. ¿Qué más? Que los avances en el acuerdo con Chevron son cruciales para la provincia. El gigante petrolero estadounidense se convertiría en el primer gran inversor externo de YPF y lo haría en la formación neuquina Vaca Muerta. En las filas del gobierno apenas disimulan su entusiasmo. El 29, la presidenta inaugurará la ampliación de la destilería de Luján de Cuyo. Paralelamente, por teleconferencia, Sapag bajará la palanca que inyectará por primera vez en los ductos shale gas y shale oil extraídos de las entrañas de la vaca generosa.