El diablo volvió a vestirse a la moda
En la gala de estreno de El diablo viste a la moda 2, la alfombra roja se convirtió en pasarela. Alta costura, guiños a los personajes y una lección de estilo que celebró el vínculo eterno entre cine y vestuario.
Veinte años después del estreno que convirtió a la moda en protagonista absoluta del cine, y en la cuenta regresiva para que colapsen los cines de todo el mundo, el elenco volvió a reunirse para presentar la secuela y lo hizo como mejor sabe: vistiendo historia. La alfombra roja montada en el Lincoln Center de Nueva York fue lo más parecido a un desfile de alta costura, donde cada elección pareció pensada no solo para impactar, sino para contar algo más.
Una alfombra roja que fue puro espectáculo de moda
La gran protagonista, Meryl Streep, fiel al aura de autoridad de Miranda Priestly, reforzó el código visual que marcó toda la gira promocional: el rojo. Eligió una capa de cuero de Givenchy (Otoño 2026) que hablaba de poder sin necesidad de palabras. Lentes negros y guantes de ópera terminaron de construir esa silueta inconfundible que parece no necesitar presentación.

Pero fue Anne Hathaway quien se robó todas las miradas. La actriz apareció con un vestido escultórico rojo de Louis Vuitton que, más allá de su impacto visual, parecía dialogar con el estilo distintivo de su compañera de elenco. No desde la réplica, sino desde la reinterpretación: elegancia firme, silueta con presencia y seguridad en la postura. Un look que se perfila, sin dudas, como uno de los más memorables de su carrera y que recordó que Andy Sachs también aprendió —y mucho— de Miranda.

Emily Blunt eligió un registro completamente distinto. Con un diseño de Schiaparelli, apostó a lo onírico, con una falda voluminosa en capas de tul que aportaban movimiento y teatralidad. Su aparición, inesperada para muchos, sumó un momento de sorpresa a la noche.

Cuando parecía que ya nada podía elevar más la alfombra roja, irrumpió Lady Gaga con un vestido negro escultórico rescatado de los archivos de Otoño 2016 de Saint Laurent. Una elección que confirmó que el archivo, cuando está bien usado, puede ser más vigente que cualquier novedad.
También hubo espacio para lecturas diferentes del glamour. Sofia Carson apostó por un esmoquin de calce perfecto, camisa blanca y un gran moño natural que elevó el conjunto con actitud. Ciara llevó un diseño de Romeo Hunte donde el jean fue protagonista, demostrando que la alfombra roja también puede ser territorio de experimentación. Y Simone Ashley aportó frescura con un vestido verde vibrante de Prada, marcando presencia con el color.

Con transparencias y un traje lencero, la enigmática Lucy Liu puso un pie firme en la red carpet. Apostó por un vestido de Georges Hobeika con bordados de pedrería, tejido red y flecos, en un equilibrio preciso entre sensualidad y sofisticación.
Junto a ellas, Stanley Tucci completó el reencuentro del elenco con la calidez y complicidad que atravesó toda la noche.
Más que una première, la gala fue una celebración del vínculo entre cine y moda. Y si algo quedó claro, es que el vestuario, una vez más, volvió a contar la historia antes que nadie.
Veinte años después del estreno que convirtió a la moda en protagonista absoluta del cine, y en la cuenta regresiva para que colapsen los cines de todo el mundo, el elenco volvió a reunirse para presentar la secuela y lo hizo como mejor sabe: vistiendo historia. La alfombra roja montada en el Lincoln Center de Nueva York fue lo más parecido a un desfile de alta costura, donde cada elección pareció pensada no solo para impactar, sino para contar algo más.
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