Modelo no inflable
Por razones políticas y emotivas comprensibles, diversos personajes vinculados con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner prevén que en los próximos meses el gobierno se dedicará a “profundizar el modelo”. Aunque sólo se trate de los esfuerzos de los comprometidos con el “proyecto” kirchnerista por convencer a los escépticos de que Cristina seguirá siendo una mandataria lo bastante fuerte como para resistirse a las presiones de quienes quisieran obligarla a cambiar de rumbo a fin de frenar la inflación antes de que se transforme en hiperinflación, las afirmaciones en tal sentido son preocupantes porque, según todos los índices, el “modelo” ya está en graves problemas. Por cierto, si bien en términos macroeconómicos el país está creciendo a un ritmo que es decididamente satisfactorio merced a los ingresos procedentes de la venta de soja y otros commodities, sería peligroso que el gobierno procurara aumentar todavía más el gasto público e intensificar la presión impositiva con el propósito de ampliar su ya extensa red clientelista, además de continuar estimulando un boom de consumo preelectoral, puesto que el resultado sería con toda seguridad una tasa de inflación todavía más alarmante que la actual que ya está entre las más altas del planeta, equiparable con la de Venezuela. Asimismo, luego de haberse apropiado de los fondos de jubilación privados y las reservas del Banco Central, al gobierno le sería difícil encontrar nuevas fuentes de financiación a menos que se le ocurriera apoderarse de los ahorros de lo que aún queda de la clase media, alternativa ésta que, por desgracia, distaría de ser novedosa en nuestro país. Puede que Cristina y sus asesores no tengan la intención de obrar así, pero si lo que se han propuesto es tomar medidas impactantes con el propósito de llamar la atención a su propia fortaleza anímica, correrán el riesgo de cometer muchos errores. La inquietud ocasionada por las alusiones a la voluntad oficialista de “profundizar el modelo”, como si la mejor manera de evitar caer en el pozo que en opinión de algunos economistas le aguarda sería pisar con más fuerza el acelerador, confiando en que no suceda nada desagradable, se debe no sólo al temor a un estallido inflacionario sino también a que pocos saben muy bien en qué consiste dicho “modelo”. La palabra suele figurar en la retórica de los voceros de todos los gobiernos porque sirve para brindar la impresión de que están llevando a cabo con el vigor necesario un “plan” estratégico coherente destinado a poner fin a décadas de retroceso, pero por lo común su valor es meramente propagandístico. En la fase inicial de su larga gestión como ministro de Economía informal, Néstor Kirchner, acompañado por Roberto Lavagna, se limitó a administrar el esquema, bautizado como “modelo productivo” para diferenciarlo del basado en la convertibilidad, que heredó de su antecesor, Eduardo Duhalde. Después, empezó a retocarlo, pero a menos que uno considere un aporte revolucionario la decisión de politizar el Indec para entonces manipular las estadísticas económicas, en especial las relacionadas con la evolución del costo de vida, los cambios que introdujo Kirchner se debieron ya a circunstancias coyunturales, como las supuestas por el aumento espectacular del precio de la soja en los mercados internacionales, ya, como en el caso de su ofensiva contra el Grupo Clarín, a su voluntad de privilegiar sus propias prioridades políticas. Sea como fuere, tomar el resultado de su manejo discrecional de la economía nacional por un “modelo” radicalmente distinto de todos los anteriores sería un tanto excesivo. Por el contrario, se asemeja mucho al orden corporativista que siempre ha existido en el país y que disfrutó de un breve apogeo a mediados del siglo pasado cuando Juan Domingo Perón estaba en el poder. No sólo los partidarios del general sino también muchos radicales, izquierdistas y militares lo han defendido contra todos los intentos por desmantelarlo, incluyendo, desde luego, a los del peronista “neoliberal” Carlos Menem. Puesto que es dolorosamente evidente que dicho “modelo” ha servido para depauperar a buena parte de los habitantes del país, el que integrantes del gobierno de Cristina se hayan proclamado resueltos a “profundizar” la versión más reciente no es muy alentador.