Mucho ruido, pocas nueces para sostener el relato

Con el "mete miedo", Cristina tiene la necesidad de demostrar que nunca será un "pato rengo". El éxito satelital dejó de ser una conquista de todos y se convirtió en mera acción propagandística. La infidencia de Vanoli, ¿estrategia para preparar para el mal trago de pagarles a los odiados buitres?

Redacción

Por Redacción

DOMINGO A DOMINGO

La gran bronca opositora se da con las leyes sacadas a las trompadas y «sin cambiar una coma» que el kirchnerismo ha impuesto casi sin debate en estos años con el argumento numérico de las mayorías en ambas cámaras, resabio de aquel 54% que la presidenta se resiste a perder.

Y ésta es la diferencia con respecto a Brasil, ya que en la Argentina, el proceso del mete miedo se ha adelantado no por la inminencia de las elecciones, sino porque Cristina tiene la necesidad política de demostrar que ella nunca será un «pato rengo» y de alejar de su propia cabeza el fantasma del helicóptero.

También en tiempos del verbo «derogar» ha sido realmente auspicioso que, por su antónimo, el gobierno decidiera «promulgar» a viva voz la «soberanía espacial» con el lanzamiento de un satélite de comunicaciones ensamblado en el país, el octavo de una serie que comenzó en 1990, aunque recién éste es el primero de los once años que lleva de gestión.

Lástima que, por decisión presidencial, tan demorado logro haya que adjudicárselo únicamente al kirchnerismo: «Me pregunto si yo no hubiera ganado las elecciones en el 2007 o no las hubiera ganado en el 2011, si hoy tendríamos este Arsat», se pavoneó Cristina Fernández a través de la cadena nacional.

Así, el éxito satelital dejó de ser una conquista de todos -especialmente un logro de los siempre olvidados contribuyentes- para convertirse en una mera acción propagandística.

La presidenta perdió la gran oportunidad de cambiar el sentido de la situación si junto a ella, en el emocionado anuncio, hubiesen aparecido sus probables sucesores, pero como sentenció un senador radical «eso no está en su naturaleza».

Cristina ni siquiera invitó al viaje al gobernador de Río Negro, Alberto Weretilneck, ya que esa provincia es la principal accionista del Invap, el hacedor del satélite. Haber invitado a los ultras Gildo Insfrán y Sergio Urribarri -gobernadores de Formosa y Entre Ríos, respectivamente- fue también una señal al peronismo más tradicional y una bofetada para quienes no piensan como ella o se corren de su espacio como el rionegrino, quien ahora juega con Sergio Massa.

La infidencia de Vanoli

La admisión que realizó en una reunión de banqueros en los Estados Unidos el titular del BCRA, Alejandro Vanoli de que ya hay avances en la negociación con los holdouts destinada a planchar la pelea en enero con el pago del fallo del juez Thomas Griesa para que se abra el mercado de deuda, ha sido una infidencia que tiene dividido al mercado.

Hay quienes dicen que el funcionario es «un bocón por naturaleza, pagado de sí mismo y a quien le gusta figurar» y que era lo esperable de su modo de actuar, mientras que para otros se trata de una falsa gaffe que es parte de la estrategia para ganar tiempo y preparar a la opinión pública (sobre todo a la militancia que apoya casi sin saber de qué se trata) para el mal trago que será pagarle a los odiados buitres la sentencia de un magistrado «senil y municipal».

Sin embargo, hay un tercer punto que los expertos no dejan de ponderar, ya que los fondos buitres se caracterizan por ser, además, extorsionadores profesionales. Así, lo han comprobado varios gobernantes africanos a quienes se les cobraron deudas con persecuciones de sus patrimonios personales.

Basta mirar las presentaciones que ha hecho NML en la Justicia estadounidense para leer decenas de nombres de compañías diseminadas por el mundo a nombre de Lázaro Báez y Cristóbal López.

En esos expedientes se dice que ambos empresarios son «confidentes» de la presidenta de la República y de su extinto esposo y se nombra a la compañía Val de Loire como el nudo de la gran madeja. Quizás había que parar que alguien la desate y algunos opinan que Vanoli fue apenas un peón.

HUGO GRIMALDI

DyN


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