Cómo cambió el ingreso de las mujeres al cuartel de bomberos de Río Colorado

En la última década, 11 voluntarias se sumaron al cuartel central de Río Colorado y Colonia Juliá y Echarren, en el que hay 25 hombres. Combaten las llamas a la par, tienen su propio espacio para cambiarse, impulsan proyectos, mejoró el trato interno, "el vocabulario" y sus pares también valoran su sensibilidad para contener a las víctimas.

Esta semana las bomberas voluntarias participaron en el combate de las llamas en las afueras de Río Colorado. Foto: Jorge Tanos.

Esta semana las bomberas voluntarias participaron en el combate de las llamas en las afueras de Río Colorado. Foto: Jorge Tanos.

Desde hace una década, en Río Colorado -al igual que en gran parte del país- un grupo de mujeres comenzó a cambiar la historia de los cuarteles. Hoy es normal verlas llegar con cada toque de las sirenas que alertan una emergencia, entrar corriendo a cambiarse para subir a los móviles.

Se incorporaron en general por ser hijas o hermanas de bomberos, por llegar al cuartel a través de sus maridos y otras para desafiarse a sí mismas y demostrarles a aquellos que les decían “una mujer no lo puede hacer” que se habían equivocado.

Con la llegada de las voluntarias en Río Colorado se generó un cambio significativo en el funcionamiento interno y son protagonistas o iniciadoras de actividades que ayudan al progreso y crecimiento del cuartel.

Muchos comentaron que la presencia de las damas en los lugares de trabajo y de guardia, provocó un cambio positivo en el trato entre sí, como también “en el vocabulario” que tradicionalmente se utilizaba en un equipo conformado con hombres.

Las bomberas en acción en uno de los incendios más recientes en la ruta nacional 22, a la altura del kilómetro 860-863. Afectó 82 hectáreas de ambas banquinas y puso en riego a varias instalaciones e edificios del lugar.. Foto: Jorge Tanos.

“No es que una mujer no sepa decir una mala palabra o chiste medio subido de tono. Pero existe una línea y de respeto que no se cruza, tanto de una y de otra parte. Todos conocemos ese límite y por eso todo funciona como corresponde”, comentó una de las protagonistas.

La mayoría son madres y desde su incorporación a la fuerza como voluntarias, para sus pequeños pasaron a ser la “mamá héroe” que sale a salvar a la gente o los animales.

Además de tener su trabajo (varias son profesionales, otras empleadas de comercio o de emprendimientos privados) hacen su aporte a la economía familiar y mantienen la energía para las rutinas del hogar y el cuidado de los hijos junto a sus parejas.

El jefe del cuartel de Río Colorado, Luis Guillermo, señaló que “se trabajó mucho tiempo en el reglamento interno para su incorporación, además se invirtió en las instalaciones para que tengan sus propios espacios. Se concretaron muchos cambios edilicios, técnicos y en informática que hicieron crecer a la institución, además se suman nuevas capacitaciones para departamentos internos y uno de ellos es el psicológico, integrado por tres mujeres quienes por la sensibilidad natural ayudarán mucho a todo el personal”.  

En el cuartel. Soledad Ibáñez. Verónica Chávez, Antonela Ferrada, Soledad Vílchez, Mariela Obert. Foto: Jorge Tanos.

El proceso de incorporación nunca les fue fácil, debieron sortear muchos obstáculos y la dureza de las capacitaciones las hizo dudar si estaban en el camino correcto. Pero la fortaleza interior fue suficiente para recapacitar y al final repiten sin dudar que son “mujeres más fuertes y muy felices, con mayor fortaleza pero sin perder el toque femenino".

Hoy ser parte del cuerpo activo las llevo a un nuevo desafío: organizar sus vidas para combinar el trabajo particular, las tareas del hogar, las labores como mamá y el tiempo de la pareja.

“Ya me organicé con los quehaceres de la casa, todo pensando que en algún momento suena la sirena y tengo que salir y cuando salís no sabes a qué hora volvés. Sé que si tengo que planchar y tengo tiempo ahorra me pongo y así con la comida o la limpieza de la casa”, comentó Soledad.

“Tengo un hijo y si cuando llama el deber estoy sola con él, le golpeo la puerta a la vecina y se lo dejo. Son unos vecinos bárbaros”, agregó.

Mientras que Verónica agrega “cuando volvés no tenés tiempo para relajarte, tenés que seguir con las cosas que dejaste sin terminar. Además de la casa y los chicos, también tenemos que tener un tiempo para la pareja, porque son parte de nuestras vidas”.

Tres voluntarias en un incendio esta semana en Río Colorado. Foto: Jorge Tanos.

A la hora de cumplir con las tareas designadas en cada una de las intervenciones, trabajan a la par de los hombres. “En los fuegos de campo, van al frente, caminan los mismos kilómetros y están las mismas cantidad de horas que nosotros” comentó el jefe del cuartel.

“Nos gusta lo que estamos haciendo, nos preparamos para esto,  por ser mujer no somos menos que los hombres. Igualmente nos sentimos cuidadas por nuestros compañeros, aunque algunos de ellos son demasiados sobreprotectores” señala Antonela y agrega entre sonrisas Mariela –la única mujer del cuerpo, de Colonia Juliá y Echarren- “a lo mejor tendrán miedo de que nos rompamos una uña.”

“Permanentemente nos estamos capacitando y podemos agarrar la pala o un quemador en los campos, entrar a una vivienda incendiada o tomar algunas de las herramientas mecánica para cortar un auto, además tenemos compañeros que nos cuidan y nos alientan a ir por más”, resumió Soledad.


Impulsan que sus compañeros sigan estudiando

En los últimos años, con la incorporación de las mujeres, surgieron cambios favorables para la institución, ya que ellas siempre están sumando alternativas para el progreso del grupo. Por ejemplo, aprovechando la era digital, dieron el impulso para que varios de los voluntarios del cuerpo comiencen o terminen sus estudios primarios o secundarios y que otros quieran continuar con una carrera universitaria.    


"Con ellas tenemos herramientas que antes no teníamos"

“El personal femenino sumó mucho al grupo. Por ejemplo,  nos ayuda mucho en la parte psicológica, ellas tienen una sensibilidad natural que se adapta a las distintas circunstancias, que muchas veces son complicadas. Ellas con su naturaleza son capaces de contener a las víctimas, a las personas que están sufriendo alguna desgracia", dijo Luis Guillermo.

"Y  trasmiten ese don a todos los varones, que muchas veces no demostramos que algún hecho nos afectó emocionalmente. Muchas veces la caja de resonancia nuestra siempre termina en nuestra familia. Ahora con la presencia de ellas y la creación del departamento psicológico en el cuartel, nos dan herramientas necesarias que en otros tiempos no teníamos”, agregó el jefe del cuartel.

Tres voluntarias en una de las últimas misiones. Foto: Jorge Tanos.

El cuerpo activo del cuartel central de Río Colorado y de Colonia Juliá y Echarren, cuenta con 25 hombres y 11 mujeres. Ellas son las suboficiales Norma Córdoba (auxiliar), Soledad Vílchez (cabo), Catherine Insúa (cabo) y el personal de tropa Mariela Obert, Verónica Chávez, Antonela Ferrada, Karen Bañarse, Belén Maldonado, Mayra Nistal, Soledad Ibáñez, Natalia García.


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