Mujica, con el líder de las FARC

Redacción

Por Redacción

Como algunos otros líderes de la izquierda regional, el presidente del Uruguay, José Mujica, con sus 78 años a cuestas, parecería tener alguna particular atracción hacia las FARC. Por ello luce dispuesto a ayudarlas en el proceso de paz que se está llevando adelante en La Habana, Cuba –donde los dirigentes de las FARC están a sus anchas, viviendo casi como locales– con el gobierno del presidente de Colombia, Juan Manuel Santos. Por esto no sorprende para nada que –aprovechando su asistencia a la reciente “Cumbre” de la Celac del 28 y 29 de enero pasados, que resultó asombrosamente vacía de contenidos– Mujica se haya reunido allí una vez más con Pablo Catatumbo o, más bien, con Jorge Torres Victoria, que es su nombre verdadero, uno de los líderes más encumbrados de las FARC. El propio “Catatumbo” hizo el anuncio público sin especificar la fecha ni el lugar en que se mantuvo la reunión entre ambos dirigentes de la izquierda regional. Fue líder del M-19 y lleva ya largas décadas en las FARC. En algún momento estuvo a cargo de la distribución de cocaína, por parte de la organización. Pero lo cierto es que participó personalmente en atentados terroristas de todo tipo, en los que cayeron numerosos civiles inocentes. Esto supone haber cometido crímenes de lesa humanidad, desde que los denominados “crímenes de guerra” efectuados por las fuerzas irregulares en los llamados “conflictos armados internos”, como el que asuela a Colombia, son (conforme a las Convenciones de Ginebra) precisamente eso: crímenes de lesa humanidad. Pero ello no parece importar demasiado. Quizás porque presumiblemente el objetivo central de los líderes de las FARC en el proceso de paz sea justamente el de lograr salir del mismo absolutamente impunes. Gambeteando alegremente sus claras responsabilidades por la muerte de miles de víctimas inocentes que cayeron por sus atentados. Como ha sucedido en nuestro país. El proceso de paz colombiano continúa su marcha. Paso a paso. Sin garantía de éxito. Pero lo cierto es que –luego de 20 sesiones negociadoras– ya ha cerrado dos de sus capítulos: el que tiene que ver con el desarrollo agrícola y el que se refiere a la futura participación política del grupo revolucionario en Colombia. Con el paréntesis previsible de las elecciones presidenciales, en las que Santos procura su reelección, se discute ahora algo en lo que el mencionado Catatumbo es un verdadero experto, la cuestión de las drogas y el narcotráfico, del que las FARC se han alimentado por años. Ésta es la segunda reunión en La Habana que Mujica mantiene con los responsables de las FARC. La primera se llevó a cabo en junio del año pasado. Su voluntad de ayudar es ciertamente evidente. Mientras tanto, sus propios aliados políticos lo están proponiendo para el Premio Nobel de la Paz, lo que es inusual y ciertamente sorprendente. (*) Analista del Grupo Agenda Internacional

GUSTAVO CHOPITEA (*)


Como algunos otros líderes de la izquierda regional, el presidente del Uruguay, José Mujica, con sus 78 años a cuestas, parecería tener alguna particular atracción hacia las FARC. Por ello luce dispuesto a ayudarlas en el proceso de paz que se está llevando adelante en La Habana, Cuba –donde los dirigentes de las FARC están a sus anchas, viviendo casi como locales– con el gobierno del presidente de Colombia, Juan Manuel Santos. Por esto no sorprende para nada que –aprovechando su asistencia a la reciente “Cumbre” de la Celac del 28 y 29 de enero pasados, que resultó asombrosamente vacía de contenidos– Mujica se haya reunido allí una vez más con Pablo Catatumbo o, más bien, con Jorge Torres Victoria, que es su nombre verdadero, uno de los líderes más encumbrados de las FARC. El propio “Catatumbo” hizo el anuncio público sin especificar la fecha ni el lugar en que se mantuvo la reunión entre ambos dirigentes de la izquierda regional. Fue líder del M-19 y lleva ya largas décadas en las FARC. En algún momento estuvo a cargo de la distribución de cocaína, por parte de la organización. Pero lo cierto es que participó personalmente en atentados terroristas de todo tipo, en los que cayeron numerosos civiles inocentes. Esto supone haber cometido crímenes de lesa humanidad, desde que los denominados “crímenes de guerra” efectuados por las fuerzas irregulares en los llamados “conflictos armados internos”, como el que asuela a Colombia, son (conforme a las Convenciones de Ginebra) precisamente eso: crímenes de lesa humanidad. Pero ello no parece importar demasiado. Quizás porque presumiblemente el objetivo central de los líderes de las FARC en el proceso de paz sea justamente el de lograr salir del mismo absolutamente impunes. Gambeteando alegremente sus claras responsabilidades por la muerte de miles de víctimas inocentes que cayeron por sus atentados. Como ha sucedido en nuestro país. El proceso de paz colombiano continúa su marcha. Paso a paso. Sin garantía de éxito. Pero lo cierto es que –luego de 20 sesiones negociadoras– ya ha cerrado dos de sus capítulos: el que tiene que ver con el desarrollo agrícola y el que se refiere a la futura participación política del grupo revolucionario en Colombia. Con el paréntesis previsible de las elecciones presidenciales, en las que Santos procura su reelección, se discute ahora algo en lo que el mencionado Catatumbo es un verdadero experto, la cuestión de las drogas y el narcotráfico, del que las FARC se han alimentado por años. Ésta es la segunda reunión en La Habana que Mujica mantiene con los responsables de las FARC. La primera se llevó a cabo en junio del año pasado. Su voluntad de ayudar es ciertamente evidente. Mientras tanto, sus propios aliados políticos lo están proponiendo para el Premio Nobel de la Paz, lo que es inusual y ciertamente sorprendente. (*) Analista del Grupo Agenda Internacional

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