Multicomplicaciones
En un fin de año agitado, tras la espontánea manifestación del 13S, se viene una nueva protesta.
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Hay buenos consejos que los argentinos se las ingenian para desoír con eximia habilidad. Y así les va. Uno de ellos, frente a la multiplicación de reyertas que tendrán un primer desenlace en la marcha anti K del 8N, del próximo jueves, es no perder nunca la paciencia. Luego del derrape de varios legisladores que hablaron antes que él (“Lilita” Carrió, por caso), el máximo exponente público de “La Cámpora”, el diputado Andrés “Cuervo” Larroque, se desbordó como las aguas del río Luján: tildó de “narcosocialistas” a los seguidores de Hermes Binner, a raíz del procesamiento del jefe de policía de Santa Fe en una causa por drogas; dijo que los radicales son incapaces de gestionar una calesita y afirmó que Mauricio Macri “desprecia al pueblo”. Quizá por inexperiencia, a juzgar por los comentarios hechos por kirchneristas más duchos en la esgrima parlamentaria, Larroque provocó una estampida opositora en el recinto, poniendo en riesgo la aprobación del voto voluntario de los jóvenes de 16 y 17 años, dado que entre los que se fueron en medio de insultos había un buen número que había adelantado conformidad con habilitar derechos a esa franja de adolescentes. En el fragor de estos días, en los que la presidenta Cristina Fernández al ratificar el pago en dólares al 93% de los bonistas que adhirieron al canje de la deuda externa, volvió a cargar contra los “fondos buitre” y denunció una campaña en contra del país con el apoyo de “quintacolumnas”, senadores de la UCR, el peronismo disidente (entre ellos Carlos Reutemann y Adolfo Rodríguez Saá), y del Frente Amplio Progresista (FAP), se comprometieron a no apoyar una reforma de la Constitución. Esa determinación, que será seguida de un juramento similar en la Cámara baja, impedirá por lo menos hasta la renovación de medio término del 2013, que los/las mentores del “Cristina eterna” prosperen con su prédica re-reeleccionista. Es que para modificar la carta magna se necesitan los dos tercios del Congreso y, de cumplirse el pacto, el oficialismo debería resignarse y habilitar la sucesión en las propias filas, donde sobresale el ubicuo gobernador Daniel Scioli, a pesar de no ser ni de lejos el favorito de los kirchneristas. Eso abriría las compuertas de una lucha en el PJ, donde los justicialistas con mando y experiencia perciben el avance de las huestes juveniles, alentadas por Cristina. Si bien todavía mucha agua correrá debajo de los puentes, el 28 de septiembre pasado, en la Universidad de Harvard, en Boston, la primera mandataria fue interrogada directamente por un estudiante oriundo de General Pico, La Pampa: ¿Usted quiere un tercer turno? “No se trata de lo que yo quiero, sino de lo que debo o puedo… es una cuestión abstracta… no depende de mí… la Constitución al exigir mayorías agravadas, las dos terceras partes de los miembros, no solamente de los presentes, de cada Cámara, ha sido muy sabia… se quiere instalar una discusión que puede existir en determinados sectores de la sociedad, pero no es competencia de esta presidenta”. En una Nación apegada a las normas e instituciones –uno de los principales intelectuales K, Ernesto Laclau, promotor del populismo, aboga por cambiarlas, sin demasiados miramientos–, debería desecharse de plano, con estos antecedentes, la continuidad de Cristina a partir del 2015. Sin embargo, bueyes del mismo corral, otros dirigentes nacionales, sospechan que si no se le propina una derrota contundente en las urnas al cristinismo, en los comicios del año entrante, será difícil contener el liderazgo de quien fue avalada por más del 54% de los votos hace doce meses. Dependerá, desde esta mirada, que haya una confluencia amplia de partidos refractarios a las políticas instrumentales y de fondo del actual gobierno. Cuando se le expone el dilema a Carrió, embarcada en una cruzada pro decencia (con una estrategia que maneja en secreto, según subrayó), descalifica a los senadores inspirados en el radical Ernesto Sanz. “El problema –sentenció– lo tenemos hoy, no el año que viene… he visto a muchos senadores vendidos. Argentina es corrupta, siempre se pueden comprar voluntades. Estamos en el comienzo claro de una dictadura”, expuso y hasta se permitió, sin ruborizarse, mencionar a modo comparativo los comienzos del régimen de Hitler. Por supuesto que, para facilitar la gobernabilidad de una comunidad habituada a las turbulencias, la presidenta tratará de estirar al máximo el suspenso sobre cómo visualiza un cuarto turno K. Sus seguidores más fanáticos ni siquiera consideran por ahora algún conejo sacado de la galera. La diputada Diana Conti, con esa perspectiva, insistió en que “hay una estadista dispuesta a seguir rigiendo los destinos de la Nación” y desechó una alternancia en el poder “boba y obligatoria” que en su criterio si entroniza a “un inepto” terminaría perjudicando a la República y a la democracia. Sus criterios, lógicamente, son rechazados de plano por los manifestantes que se expresarán en la calle el jueves y los grupos mediáticos que también se preparan para una batalla decisiva el 7 de diciembre (7D), ahora que avanzó en el Senado el proyecto del “per saltum”, para llevar a la Corte la resolución del pleito por la nueva ley de Medios.
Arnaldo Paganetti arnaldopaganetti@rionegro.com.ar
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