Mundo Aristimuño
<b>El talentoso músico viedmense acabade grabar un nuevo disco, “Mundo anfibio”. De eso, de la importancia del nacimiento de su hija Azul y de sus obsesiones habló con “Río Negro”. </b>
eduardo rouillet
Lisandro Aristimuño (Viedma, 26/10/78) acaba de presentar en The Roxy Live Palermo su quinto y magnífico disco de estudio, “Mundo anfibio”, con Ricardo Mollo, Hilda Lizarazu y Boom Boom Kid como invitados y Diego Frenkel en la asistencia de audio en guitarras eléctricas.
Su infancia transcurrió entre la capital rionegrina y Luis Beltrán. De padre director teatral y músico y mamá actriz, “Licha” creció en un ambiente artístico que junto con los paisajes surcados por el viento marcaron su identidad.
“Mundo anfibio” tiene múltiples planos, arreglos de cuerdas, poesía y su voz, que permiten lecturas diferentes a cada audición. Muestra un enorme paso hacia adelante respecto del disco anterior, que a su vez superaba al anterior y así hasta el primero de sus compactos… Un trabajo cuidado escrupulosamente en el tratamiento sonoro, en la búsqueda de palabras adecuadas para armar cada verso y el enorme rompecabezas de ruidos y ruiditos que juegan rítmica y tímbricamente, sorprenden y deslumbran. Un discazo para escuchar con tranquilidad.
“Disfruto mucho mi trabajo y es algo que me gusta remarcar porque ‘Mundo anfibio’ se relaciona mucho con la mutación o la transformación que deben hacer las personas para poder vincularse o desarrollar algo en este sistema en el que está muy marcada la doble vida, teniendo un laburo que da dinero y, por otro lado, lo que gusta y da placer. Haciendo este disco pensé que tengo la suerte de trabajar en lo que me gusta y vivir de eso. Toda esa actividad de búsqueda e investigación fue como meterme en un acuario, como si fuera un buceador, alguien que explora otro mundo”.
–Un proceso en el que también hay momentos de no encontrar el camino…
–Tal cual. Por eso tardé tanto en transitarlo. Soy muy obsesivo con algunas cuestiones del sonido y muy paciente a la vez y puedo esperar seis meses que venga un sonido. No lo reemplazo a la ligera porque es para mí. Ahí está la diferencia: los discos los hago para mí, primero.
–Si bien empieza así, finalmente no tiene razón de ser si no se da a otros…
–Absolutamente. El comienzo es solitario; en mi caso, extremadamente solitario. Trabajo muy solo hasta dejar esa parte final abierta que llena el oyente, la persona que lo recibe. Lo más difícil para mí es encontrar el concepto de la obra. El principio es en soledad y cuando paso a mis compañeros músicos la maqueta, el demo del disco, que es muy parecido al resultado final –le podés encontrar diferencias con lupa–, viene lo más hermoso y por lo que estoy orgulloso, ellos le ponen el alma, la humanidad al trabajo. ¿Sabés dónde sufro más? A la hora de escribir. Cuando ese pez ya es palabras. Ahí sí padezco, siento que me falta estudiar, leer, que tengo un vocabulario bastante chico, reducido. Me gustaría tener más capacidad de bajar mis ideas a letras. Es difícil construir metáforas. Soy músico, no me considero letrista. Simplemente la letra es como el adorno de lo musical y lo tímbrico de cada canción, la escenografía que armo. Por eso también me protejo y es muy probable que cada palabra suene más fuerte por tener esa vestimenta, esa escenografía.
–En “Cien pájaros” (tema 4) escribiste: “Soy cráter del ayer / de plástico y mercurio / de gas y querosén”, definición que me remite a la niñez…
–Ahí me interesó elegir palabras que tienen olor. Yo te digo “querosén” y su olor se te viene a la cabeza. Me pareció muy lindo provocar ese efecto., como cuando volvés a comer algo que comías cuando chico, con mucho sabor. Juego mucho con el olor de la palabra.
–Este disco es escenográfico…
–Sí, sí. Decidí mostrar más de lo que soy, y se relaciona con una especie de madurez y con algo personal muy fuerte. Fui padre hace dos meses, de una niña (Azul). Todo el proceso del disco fue mi hija en la panza, por eso también lo de anfibio. Sentí la necesidad de no cubrirme tanto, de no estar tanto en mi burbuja volátil, egocéntrica. Soy más crudo ahora, más realista, marco más lo que me molesta, sin pudor; hablo de la iglesia, la mentira política, la matanza salvaje de animales… Verle los ojitos a Azul me impulsa a salir de esa etapa hermosa que tuve, brillante también porque estuve en mi mundo y tiraba lo que veía desde mi planeta. Ahora estoy en la Tierra, con los pies en la tierra, soy papá… lo artístico está más humano.
–En el camino de tu mujer hacia el parto fuiste pariendo “Mundo anfibio”…
–Hay una canción en la que incluí el sonido de la ecografía de Azul. Grabé el audio y aparece camuflado, así que mi hija ya participó como corista con sus ruidos. Lo tengo archivado como “sonido renacuajo”. Ahora estoy guardando ruidos infantiles para ella. Calculo que haré mi “Pelusón of milk” (de Spinetta), o intentaré. Será un disco para mi hija, seguramente. Me está pasando algo en el cuerpo o en el alma y es que nunca pensé que iba a amar tanto. A mi mujer la amo, a mi familia y todo lo que quieras, pero el amor a mi hija tiene otra profundidad. Nunca pensé que podía ser tan grande. Estoy amando tanto que hasta me da miedo. Un pico de felicidad muy grande. Floto, me voy a otro lado lleno de amor y felicidad por lo que me sucede.
eduardo rouillet
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