“Murió una jueza, lo que no es poco”
Confieso que el título no es mío, me lo apropié, precisamente, de quien quiero evocar en estas líneas: la jueza Carmen María Argibay. Fue esa frase la primera idea que me vino a la mente en medio del dolor cuando en la tarde del sábado 10 de mayo de 2014 mi hijo Juan me anoticiaba de su muerte. Ello merece una aclaración: es el nombre de una nota de su autoría aparecida en 1995 en una publicación judicial poco después de producirse la muerte de otro gran juez: mi maestro el doctor Oscar Mario Ramón Ocampo, de quien ella era colega en un Tribunal Oral en lo Criminal de la Justicia Nacional y al que quería homenajear con ese artículo. ¡Vaya si lo logró! Fue precisamente el recuerdo del doctor Ocampo y ese texto lo que forjó entre nosotros una amistad, ya que transcurridos algunos años de ello, al coincidir en el dictado de un curso de especialización organizado por la Universidad Nacional de Mar del Plata, le recordé esa glosa, la que guardaba –y aún conservo–, lo que nos hizo emocionar a ambos. Poco después tuve la suerte de tenerla presente en mi juramento y encima, “de yapa”, que fuera la ministra de la Corte Suprema de Justicia de la Nación con encargo de nuestra zona patagónica. No voy a hacer un trabajo biográfico de la evocada, ya que seguramente eso saturará los medios: acá sólo quiero dejar mi sentimiento –que es el de muchos colegas– ante el impacto de saber de su ausencia, a la deberemos empezar a acostumbrarnos, a la vez que llamar la atención del hombre de bien, de la gente de a pie, sobre lo que hemos perdido. Su muerte nos tomó a todos de sorpresa, pese a que sabíamos de su comprometida salud, por lo que los recuerdos y evocaciones se nos suceden incansablemente por nuestra memoria. Pero hay una frase suya que destaca y era lo que siempre nos repetía ante el surgimiento de algún acontecimiento especial con motivo de nuestra función: “Es algo que viene con el cargo”, decía, y ello nos daba el valor para seguir adelante pese a la vicisitud habida o en ciernes. De algo estoy más que seguro: no necesitaba de la muerte para ser grande, su grandeza la forjó en su vida y fue una “primus inter pares”, la mejor entre sus iguales. Porque su ejemplo era su vida, la de una mujer justa, con todas las virtudes esperadas de una persona pública, en la que bien podíamos apreciar el ideal del “Honestae vivere, alterum non laedere et suum cuique tribuere”, es decir: vivir honestamente, no dañar a nadie y dar a cada uno lo suyo. Con su fallecimiento algunos jueces nos quedamos sin nuestra hermana mayor, porque “murió una jueza, lo que no es poco”. Armando Mario Márquez Presidente del Tribunal Oral en lo Criminal Federal de General Roca
Armando Mario Márquez Presidente del Tribunal Oral en lo Criminal Federal de General Roca