Nadal ganó a Federer en la "Batalla de las Superficies"

Fue la lucha de los más grandes y uno de los dos tenía que ganar. El español venció al suizo número 1 del mundo por 7-5, 4-6 y 7-6. La idea del encuentro sobre una cancha mitad ladrillo mitad césped fue del publicista argentino Pablo del Campo.

Buenos Aires (DyN) - La Batalla de las Superficies ("The Battle of Surfaces", en los pomposos anuncios) en Palma de Mallorca, a cancha llena y con televisión a todo el mundo, terminó con los dos en lo más alto, exhibiendo las bondades de su tenis magistral, que no por nada los tiene por allá arriba y lejos del resto.

Como en el tenis no hay empate y uno tenía que ganar, triunfó el español Rafael Nadal, el número dos del ranking, amo del polvo de ladrillo y dueño de casa, sobre el suizo Roger Federer, uno del mundo y rey del césped, por supermínima diferencia: 7-5, 4-6 y 7-6 (12-10 en el tie break.

Tras los dos primeros sets, uno para cada uno como debía ser, se lo tomaron menos en broma y en el tercero la pelota viajó a velocidades más parecidas a las habituales. A Federer, por momentos, le costó más hacerlo en solfa. Nadal siguió con sus gestos, esta vez no con festejos o lamentos exagerados, sino con explicaciones en detalle del pique de la pelota, que en el paso parecía hacer "patito", el terror de los arqueros del futbol.

La entrada de los jugadores, bajando escalones entre el público con el mismo nerviosismo de quien llega a un bautismo, le sacó dramatismo de entrada a la realización sobre un piso, mitad ladrillo, mitad pasto. Unicamente el "Rafa", pegando saltitos y cogoteando de aquí para allá, interpretó el tono pugilístico que querían darle a la cosa desde los altavoces en el anuncio, como introducción a esta ocurrencia del publicista argentino Pablo Del Campo.

Lo que se había planteado como para decir quién es el verdadero rey, el de las canchas rápidas o el de las lentas, derivó en una serie de previas conjeturas técnicas, finitas y más referidas a las estrategias en cada uno de los pisos, que a la propia capacidad de los jugadores. Que debía ganar Federer, el rey del césped, porque en ladrillo es mejor que lo que puede ser Nadal en pasto. Que la gran mayoría de los puntos los ganaría el que, a su turno, jugara sobre el ladrillo, porque devolvería pelotas más picantes y recibiría otras más previsibles. Que en cambio, ganaría el que consiguiera desde el césped hacer que el otro debiera defenderse en el ladrillo. Que se favorecería el que entendiera mejor la estrategia para este partido, tal vez único e irrepetible en la historia. Pero al final, nada de eso pesó. Fue la lucha de los dos más grandes y uno tenía que ganar. Así de simple.


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