Narda Lepes aportó simpatía y desparpajo a la Feria
De este modo, la cocinera revalidó su condición de fenómeno mediático. Adelantó que en agosto lanzará un libro de cocina para chicos titulado “Miau Miau”. También se refirió también a su experiencia de catering con estrellas pop.
FERIA DEL LIBRO DE BUENOS AIRES
La cocinera Narda Lepes revalidó este fin de semana su condición de fenómeno mediático durante una entrevista pública en la feria del Libro que tuvo como ejes su historia y sus obsesiones, como la preocupación por el origen de los alimentos y el componente conservador del paladar argentino.
El encuentro, que se realizó en la sala Victoria Ocampo, fue guiado por el periodista Joaquín Hidalgo y marcó la clausura del ciclo “Milhojas”, un espacio que durante tres días dio cuenta del fenómeno que protagoniza la gastronomía, apuntalado por los records de venta de varias obras dedicadas al rubro y la multiplicación de iniciativas como “Buenos Aires Market” o “Masticar”, que dan cuenta de nuevos hábitos gastronómicos.
Con esa mezcla de desparpajo y honestidad que se ha convertido en el sello de su estilo, Narda irrumpió en la sala dispuesta a la charla y no tardó en despertar sonrisas: “Crecí creyendo que toda la comida era rica, porque en mi familia se cocinaba muy bien, hasta que empecé a comer en la casa de mis compañeros de colegio y me di cuenta de que la comida también podía ser horrible”, relató.
Desde el inicio, la autora de “Comer y pasarla bien”, el libro que lanzó en 2008 y se convirtió rápidamente en un boom que ya va por su 12va edición, dejó en claro que no tuvo una infancia convencional.
Bautizada Narda en honor a la novia de “Mandrake” -un comic que su padre leía vorazmente durante su juventud-, la joven contó que tuvo una infancia atípica signada por los viajes -”viajé sola en avión desde los tres años- y unos padres de impronta hippie que desoyeron la pedagogía de la época y decidieron educar a su hija con una libertad desacostumbrada.
“Me crié en un ámbito muy bohemio, con muchas libertad para todo. Mis padres se separaron cuando yo tenía un año así que no tuve historia con eso. Mi papá tenía una discoteca así que yo era un poco la oveja negra del aula”, evocó.
“Por eso creo que cuando más cerrados y estrictos son los padres, más descarriados salen los hijos. A mí me criaron con mucha libertad y no me mandé grandes cagadas en la vida. Me dejaban faltar al colegio todas las veces que quería y nunca quedé libre”, apuntó la cocinera.
A lo largo de la distendida charla, Narda retomó algunos de los núcleos que trabajó en “Comer y pasarla bien”, la obra donde además de ofrecer el tradicional set de recetas que distingue al rubro, fija posición sobre la manipulación y precarización de la dieta alimentaria.
“Hay que saber de dónde vienen los alimentos. La pérdida de calidad es culpa de que compramos lo que nos dan sin chistar y de que en general el consumidor bajó su nivel de exigencia porque prioriza tiempo y velocidad. El mercado lo deciden ustedes (por el público)”, arengó la joven que supo capitanear con éxito varios emprendimientos gastronómicos (Ono San, Club Zen y La Corte, entre otros).
“Es importante tener en cuenta cuando leemos los componentes de un producto que todo lo que se dice que es sano y natural, probablemente no lo sea -apuntó-. También hay comprar en menor cantidad, ya que el 30 por ciento del alimento que hay en el mundo se tira, la mayoría de las veces en las casas más que en los retaurantes”.
Narda, autora también de “Qué. Cómo. Dónde” -una guía que recorre las opciones más recomendables dentro del circuito porteño en materia de alimentación y ocio- aseguró que la cocina oriental está entre su preferidas, en especial la gastronomía vietnamita.
“Conocí la cocina oriental en París. Me gusta ante todo su filosofía: nada es poque sí, cada plato está pensado y responde a una necesidad. Nos enseña lo que debería tener toda dieta alimentaria: rico, sano y natural”, resumió.
“La cocina vietnamita me pareció espectacular. No comen harinas blancas ni lácteos. Sí mucho caldo, mucha hoja y mucha verdura. Los ves cocinar y parece toda una mugre, pero no. Todo lo que ves en un mercado, seguro que fue cortado apenas unas horas antes”, señaló.
Narda, que en agosto lanzará un libro de cocina para chicos titulado “Miau Miau”, se refirió también a su experiencia de catering con estrellas pop (”algunos son muy excéntricos, Ozzi Oubourne pedía por ejemplo un pollo entero y que no haya muebles verdes en el lugar”) y admitió que algunos exponentes de la cocina exótica no la traen (”probé brochettes de triperío de cordero en Marruecos y no lo volvería a hacer. También comí tarántula… es como una papa frita negra un poco peluda”).
Sobre el final, la cocinera definió el paladar argentino: “Comemos en general semi-comida de hospital. Para que un plato sea sabroso hay que poner más vinagre, más dulce, más agridulce. Acido, dulce y crocante es lo que termina de dar la vuelta de tuerca a todos las comidas”, indicó Narda. (Télam)