Nepal comienza a normalizarse

Por Redacción

Después de una cruenta guerra civil, que se extendió por espacio de una década entre los insurgentes maoístas y las fuerzas del gobierno y concluyó en el 2006, Nepal abandonó la monarquía y se transformó en una república. Desde entonces, una Asamblea Constituyente convocada para redactar una nueva Constitución para el país no pudo hacerlo, después de cuatro intensos años de intentarlo sin éxito. Por esta razón, el mundo de la política paralizó a toda la sociedad, que flotó en una suerte de limbo sin destino claro. El año pasado, en un primer e importante paso al frente, un gobierno de tecnócratas fue puesto en el poder con el encargo concreto de convocar a elecciones. Una vez realizadas, hubo una enorme sorpresa: positiva, sin embargo. La victoria no fue a manos de los retrógradas políticos maoístas, sino que correspondió al Partido del Congreso Nepalés, una agrupación moderada, seguida por el marxismo leninismo unificado cuyo partido, pese a su nombre, es hoy una fuerza casi de centro. Nepal es, cabe recordar, un absolutamente inusual mosaico de gente y de culturas. Contiene nada menos que a 125 diferentes grupos étnicos. En el país se hablan, para peor, 127 lenguas distintas. Como si eso fuera poco, sus 27 millones de habitantes conviven pero en tres diferentes ecosistemas. Por esto, en la última elección nacional compitieron casi 120 partidos políticos, conformando un desorientador y frustrante universo de múltiples opciones. Casi un caos, por definición. Por esto, que el Parlamento local –que refleja la gigantesca diversidad apuntada– haya podido designar a Sushil Koirala como primer ministro de la nación es un hecho de enorme significación en la lentísima marcha de Nepal hacia la normalidad. A los 75 años, Koirala, del Partido del Congreso Nepalés, ha asumido el cargo después de haber recibido una verdadera marea de votos a su favor. Nada menos que 405, con 148 votos de los maoístas y monárquicos en contra. Esto es una manifestación más del deseo mayoritario de los 27 millones de nepaleses de volver a la normalidad. De pocas pulgas, duro, nada carismático, Koirala es un hombre respetado. En su larga carrera política conoció la cárcel y debió vivir en el exilio. Soltero y de estilo espartano de vida, a diferencia de los maoístas que (que créase o no) tienen pasión por el lujo. Es además un trabajador intenso. Y pertenece a una familia de profunda vinculación con la política. Alguna vez hasta participó en el secuestro de un avión, en Katmandú, aventura ciertamente peligrosa que terminó con él en la cárcel y luego con 16 años de exilio forzoso. El primer desafío de Koirala será necesariamente el tratar de completar un proyecto de Constitución para Nepal y hacerlo aprobar. Para lo cual se requieren dos tercios de los votos parlamentarios. Esto es unos 369 votos. Los números de su propia elección, en la que obtuvo el respaldo contundente de 405 parlamentarios, sugieren que la tarea que enfrenta es difícil, pero que emprenderla no es una quimera, sino más bien una necesidad. (*) Analista del Grupo Agenda Internacional

GUSTAVO CHOPITEA (*)