“Néstor odiaba a Soria”



–Carlos Soria decía... –Lo quise mucho... –Reconocía en usted, Amílcar Fidanza –muerto–, Alejandro Álvarez –fundador de Guardia de Hierro– y en alguna medida “Pajarito” Grabois, que se fue de la política en un tiempo que ya es bíblico, habían influenciado mucho en su formación en el peronismo. ¿Cómo lo recuerda desde lo político? –¡Un tipazo! ¡Militante todoterreno! ¡Bosta, barro, asfalto! Claro, yo tengo 70, le llevaba no menos de seis años y era de los cuadros a los que ellos escuchaban. Me tocó hondo su muerte. Creo que lo esperaba un destino importante de pie al futuro, a la larga sería candidato a presidente. Además, muerto Néstor, se le despejaba el camino. –¿Por qué lo primero, por qué lo segundo? –Yo no sé si Carlos intuía la posibilidad que se le abría si realizaba una muy buena gestión como gobernador, que sin duda la iba a realizar. Sería presidenciable porque no sería un gobernador más, o sea esos que gobiernan calladitos, quietitos y con temor a la Rosada... hubiese sido un gobernador con personalidad, como lo fue Carlos Menem en relación con el presidente Alfonsín y Néstor con Menem. Sí, sí, ya sé, cada uno con lo suyo. Carlos no iba a estar todos los días en los medios, pero iba a marcar muchas canchas. Soria no tenía pasta para resignarse a ser una estructura administrativa, como son muchos gobernadores. ¡Era un político! –Nos falta lo segundo… –Néstor Kirchner odiaba a Carlos Soria. En una oportunidad, estando yo en el Comfer, sabiendo que yo me veía con Carlos, me dijo “que desaparezca de mi vista”. –¿Todo por el tema de que Soria, desde la SIDE, habría seguido los pasos del matrimonio K? Hubo una causa judicial por el tema que se perdió en la noche larga de la historia… –Pero Néstor estaba convencido de que era cierto. –Siguiendo ese razonamiento, ¿ese sentimiento impidió que el peronismo rionegrino fuera gobierno en el 2003, con Soria candidato? –Sin duda. Néstor no hizo ningún esfuerzo por él. Como tampoco lo hizo por la candidatura de Miguel Pichetto en el 2007. Hoy, no sé qué está esperando Miguel... –¿Para qué? –Para decir algo sobre lo que está pasando. Es un tipo inteligente, formado... en algún momento tendrá que decir algo del kirchnerismo, sobre las tensiones que inyecta hacia adentro y afuera con su estilo de ejercer el poder. La lealtad no lo puede conducir sólo en una única dirección. –¿A qué dirección, en este caso? –A callarse habiendo tanto en juego para el conjunto del país. –¿Cree que había amor de Soria a Kirchner? –No. Pero Carlitos fue vivo. Perdió la gobernación. Apretó mandíbulas. Y se la devolvió a Néstor trabajándolo desde abajo, desde una muy buena gestión como intendente, y yendo lo necesario a la Rosada, no más. No haciendo profesión de verticalismo. Y Kirchner y luego Cristina no podían dejar de ayudarlo... –¿Cristina hacía suyo el enojo de Kirchner a Soria? –No, no me parece. Se conocían mucho por el lado del Parlamento... trabajaron juntos en comisiones pesadas.

entrevista: Julio Bárbaro, peronista


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