“Neuquén no es una cancha neutral”
El Quinteto Bataraz, que interpreta, compone y arregla música folclórica, se presentará hoy a la noche en la UNC. En la previa, el neuquino Sebastián Enríquez charló con “Río Negro”.
Quinteto Bataraz interpreta, compone y arregla música de tradición folclórica para bandoneón, violín, contrabajo, guitarra y piano, con una sonoridad urbana original. Interpreta obras casi en su totalidad propias o de jóvenes compositores, aportando repertorio al género y un acercamiento a las nuevas generaciones mediante variaciones de texturas, del ritmo, formales, armónicas y contrapuntísticas, en justo equilibrio. Ganador de los Premios Gardel 2015 Mejor Álbum Grupo de Folclore y Mejor Álbum Nuevo Artista de Folclore, integró el listado de conjuntos musicales que tocaron en el Circuito de Bares Notables de Buenos Aires 14, y obtuvo el Primer Premio en el Concurso Régimen de Promoción Discográfica en Folclore del Fondo Nacional de las Artes. Ha grabado un disco que lleva su nombre e incluye los aires de chacareras “Falleando” y “La carbonera”, el gato “De madera”, la huella “¿Qué perdí?” o “La que no fue”, chacarera del neuquino Sebastián Enríquez. Hoy a las 21 se presentará por vez primera en Neuquén, en el Aula Magna “Salvador Allende” de la Universidad Nacional del Comahue, Buenos Aires 1400, interpretando temas de su premiado compacto debut, composiciones y arreglos nuevos que serán parte del álbum a grabarse en 2016. Este concierto cuenta con el apoyo de la Secretaria de Extensión Universitaria de la UNC, y del Fondo Argentino de Desarrollo Cultural, Ministerio de Cultura de la Nación. Sebastián, que vivió en Neuquén muy cerca de Colón y Belgrano, compartió la charla con Río Negro en el PH porteño del barrio de La Paternal, donde vive. –El quinteto toca música folclórica desde una formación y una sonoridad que se parece mucho al tango, por los instrumentos que usamos. En una primera escucha, lo que la gente nos dice y a nosotros nos pareció cuando comenzamos a sonar juntos, es que se arma un mestizaje extraño de estas dos músicas argentinas. Hacemos folclore lisa y llanamente, no tratamos de estilizarlo, de fusionarlo con otras especies musicales. Sí con otros elementos porque todos seguimos tocando tango, clásico, y eso aparece inevitablemente. –Elementos que vienen con ustedes y brotan sin que se lo propongan. –Eso quería decir… Aparecen, pero porque están en nosotros, no con la intención de aplicarlos en tal o cual pasaje. La palabra fusión ha surgido en la música popular como una cosa sobre otra y no como algo mezclado. Nosotros no decidimos esa estética, que está buenísima también, aparece el mestizaje, la mezcla, pero desde otro discurso, más como materiales del lenguaje que como fusión. El discurso viene mixturado desde el vamos… Todos tocamos tango además y aportamos distintas tradiciones, formas de obrar en el armado de las piezas, los arreglos, los ensayos, o al tocar en vivo. Tomamos algunas ventajas de los tangueros, las orquestas trabajan mucho desde la partitura, desde la música escrita primero. Eso no implica que la partitura mande, sigue siendo un recurso. Hay un director y arreglador que escribe todo, reparte, y luego en el ensayo hay espacio para modificarlo, no es una verdad absoluta y listo… Ensayamos todos leyendo, Lisandro ordena matices, solis (frases melódicas que suenan a solo pero hechas con más de un instrumento) y tuttis (lo mismo, pero con el grupo entero). –Lo ejerció el Chango Farías Gómez, por citar al primero que viene a mi memoria. –La novedad de Bataraz es que somos un grupo de cámara, donde cada instrumento está pensado como una sección reducida de la orquesta. La de cuerdas está representada por violín y contrabajo, la de vientos por el bandoneón, está el piano, y la guitarra que vendría a ser una intrusa en ese marco de analogía con lo orquestal. Pero, le da el color folclórico, una sonoridad familiar a quien escucha. Cada instrumento tiene un desarrollo muy importante.
Eduardo Rouillet
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