No fue para tanto

Por Redacción

La buena noticia es que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner no tiene cáncer; la mala es que durante más de una semana buena parte del mundo creyó en lo que resultó ser un “falso positivo” acaso comprensible pero así y todo desconcertante, ya que sería de suponer que los responsables del error son los médicos más destacados del país. Como señaló el socialista santafesino –y médico– Hermes Binner, este extraño episodio ha generado “un marco de sospecha que nos preocupa” y que “tiene que aclararse para que en la población no quede la duda de que se especuló con una enfermedad como el cáncer”. Tiene razón: en cualquier país, la salud del jefe o jefa de Estado ha de ser un asunto de gran importancia política, pero lo es aún más en la Argentina porque tanto depende de ella; de ocurrírsele, Cristina podría modificar drásticamente el rumbo económico o diplomático nacional sin tener que tomar en cuenta ninguna opinión ajena porque, como entiende muy bien, mientras conserve un índice de aprobación insólitamente alto, contará con el apoyo entusiasta del grueso de los legisladores oficialistas que privilegian la lealtad hacia su persona por encima de todo lo demás. Las sospechas a las que aludían Binner y otros dirigentes opositores tienen que ver con la posibilidad, por desgracia nada fantasiosa, de que ciertos oficialistas hayan pensado en aprovechar la presunta enfermedad de la presidenta, incorporándola al “relato” supuestamente épico que se ha improvisado en torno de su figura y la de su marido fallecido, pero que habrán llegado a la conclusión de que no convendría en absoluto que se propagara la impresión de que, por ser cuestión de un mal temible, corría peligro de sufrir una recaída bien antes de aproximarse el final del cuatrienio previsto por la Constitución nacional. Como el vicepresidente en ejercicio de la presidencia Amado Boudou no ha tardado en aprender, para los partidarios de Cristina, es apenas tolerable la idea de que otro pudiera desplazarla aunque sólo fuera por algunos días. Asimismo, muchos han relacionado el drama, por fortuna breve, que se vio protagonizado por la presidenta con el ajuste que está profundizándose y que en algunas zonas del país ya ha provocado conflictos violentos. Puede que tales sospechas no puedan justificarse y que en todo momento los integrantes del equipo médico que la atendió y los voceros gubernamentales hayan obrado bien, pero por estar tan acostumbrado el gobierno a considerar más importante la forma de interpretar los hechos que los hechos mismos, de suerte que nunca ha vacilado en difundir información falsa, es natural que el embrollo haya estimulado a los tentados por las teorías conspirativas. De todos modos, ya antes de producirse aquel “positivo falso” que causó tanta consternación, se preveía que los problemas de salud de Cristina, los que en diversas ocasiones le han impedido asistir a reuniones internacionales, seguirían motivando sustos en los meses y años próximos. Puesto que su gestión está entrando en una fase difícil al comenzar a agotarse los recursos financieros cuantiosos –“la caja”– que tanto han contribuido a la “construcción de poder” por parte del kirchnerismo y que en consecuencia es necesario eliminar muchos gastos, saber que la presidenta podría verse esporádicamente obligada a pedir licencia ha agravado la sensación de incertidumbre que está incidiendo en la conducta de quienes conforman la clase dirigente nacional. A partir de las primarias de agosto pasado, que sirvieron para confirmar tanto la supremacía de Cristina como la debilidad extrema de una oposición atomizada, los vinculados con el “proyecto” oficialista, en especial los integrantes de La Cámpora, la agrupación liderada por el hijo de la presidenta y, a juzgar por lo que ha sucedido últimamente, el presunto heredero del poder familiar, están a la ofensiva por entender que es de su interés aprovechar una oportunidad que podría resultar efímera. De más está decir que las dudas en cuanto al estado auténtico de la salud de la presidenta no ayudarán a tranquilizarlos sino que, por el contrario, los harán aún más agresivos. Puede entenderse, pues, el nerviosismo que se ha apoderado de muchas personas a raíz de la internación, a causa de un diagnóstico que resultó ser erróneo, de la presidenta de la República.


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