“No hay una metáfora para la crueldad”
–Un día de hace 15 años a su familia la vida le dio un tarascón muy cruel… –Crueldad, horror… –¿Cómo “medir” esa crueldad? –Quizá asumiendo que estará para siempre con uno, que no lo abandonará a uno hasta que, bueno, uno ya no esté. No se da descanso, no es, no es… –¿No tiene metáfora? –No hay una metáfora para la crueldad. Porque, mire, uno puede reflexionar lo sucedido de esta manera, de aquella otra y así y así seguir. Pero siempre toda reflexión del asesinato de las tres chicas, siempre, tiene un punto de partida, un dato determinante: el horror, la crueldad. –¿Pensó alguna vez “por qué a mí, por qué a esta familia”? –Me lo han preguntado, sí, sí. –Sé que es una pregunta que se neutraliza a sí misma en tanto que, por estar en la vida, nos pasan cosas. –Pero es válida porque es tanto y tan duro lo que nos sucedió que también integraba esa pregunta. Pero el torrente de todo lo que se nos abría en adelante era tan intenso que uno no se detenía en esto o aquello… era todo, todo. Eso primaba, no sé si me explico. –¿Cuándo percibió que el destino de las tres chicas había sido la muerte? –Concretamente en la media mañana de aquel 11 de noviembre, un martes. Una periodista de LU19, Alejandra Reyes, me dijo “Ulises, encontraron…”. De ahí en más, entrar en otra historia que sigue hoy. –¿En algún momento de todo este transitar tuvo miedo de que su vida, la de su esposa, quedaran definidas sólo por ese transitar por el dolor, por lo cruel? –Jamás tuve ese miedo. Tampoco había resignación. Hemos dado muestra larga, intensa, de luchar por la verdad, por la justicia. Hemos luchado a favor de la verdad y la justicia para cientos de casos que a lo largo y ancho del país son parecidos a los de nuestras tres chicas. Y si la vida de mi esposa, la mía, de la nieta que se quedó sin mamá y que criamos dignamente (y que hoy tiene 18 años y nos da muchas alegrías), bueno, si bien la vida nos marcó, no había espacio para miedos, sí para luchar a favor de la vida. –Una vez de hace muchos años me dijo que lo sucedido lo había vinculado con “cuestiones jamás pensadas” por usted. ¿Eso ayudó a seguir? –Sí, eso hace que de golpe nos vinculemos con gente también muy sometida por la crueldad, de aquí, de allá. El matrimonio Bordón, de San Rafael, tiene un hijo asesinado, y mucha gente más; la hermana Pelloni, por ejemplo. Claro, uno jamás piensa que, de repente, uno va a estar en otra historia. –¿Qué pensó cuando supo del asesinato de Ángeles Rawson? –En la vida que va a tener que vivir esa familia. En todo lo que les espera. Pero no es pensar en todo eso a partir de una muerte joven. Es pensar en todas las familias a las cuales la violencia, las violencias diarias en todas las maneras que se expresan, les quita vidas. Comienzan sufrimientos que no tienen fin… –Finalmente, se fueron a vivir al El Bolsón… –Sí, era un sueño acariciado con mi esposa ya de mucho antes que fueran asesinadas las chicas. Un lugar muy lindo, la naturaleza ahí, al alcance de la mano… gente muy macanuda y, a pesar de que estamos “grandecitos”, bueno, es arrancar de nuevo. –¿Qué le da El Bolsón en relación con tanta historia dura? –Intimidad, y eso que le decía: arrancar de nuevo con esa historia como tema para siempre, pero arrancar. Hasta armamos una huerta, que es vida, ¿no? –Es. Gracias. –Chau. (Ulises González es padre de dos de las tres jóvenes asesinadas en Cipolletti en noviembre de 1997, hecho que la historia recupera como “el primer triple crimen” sucedido en esa ciudad)
Ulises González, padre de dos chicas asesinadas
–Un día de hace 15 años a su familia la vida le dio un tarascón muy cruel… –Crueldad, horror... –¿Cómo “medir” esa crueldad? –Quizá asumiendo que estará para siempre con uno, que no lo abandonará a uno hasta que, bueno, uno ya no esté. No se da descanso, no es, no es... –¿No tiene metáfora? –No hay una metáfora para la crueldad. Porque, mire, uno puede reflexionar lo sucedido de esta manera, de aquella otra y así y así seguir. Pero siempre toda reflexión del asesinato de las tres chicas, siempre, tiene un punto de partida, un dato determinante: el horror, la crueldad. –¿Pensó alguna vez “por qué a mí, por qué a esta familia”? –Me lo han preguntado, sí, sí. –Sé que es una pregunta que se neutraliza a sí misma en tanto que, por estar en la vida, nos pasan cosas. –Pero es válida porque es tanto y tan duro lo que nos sucedió que también integraba esa pregunta. Pero el torrente de todo lo que se nos abría en adelante era tan intenso que uno no se detenía en esto o aquello... era todo, todo. Eso primaba, no sé si me explico. –¿Cuándo percibió que el destino de las tres chicas había sido la muerte? –Concretamente en la media mañana de aquel 11 de noviembre, un martes. Una periodista de LU19, Alejandra Reyes, me dijo “Ulises, encontraron...”. De ahí en más, entrar en otra historia que sigue hoy. –¿En algún momento de todo este transitar tuvo miedo de que su vida, la de su esposa, quedaran definidas sólo por ese transitar por el dolor, por lo cruel? –Jamás tuve ese miedo. Tampoco había resignación. Hemos dado muestra larga, intensa, de luchar por la verdad, por la justicia. Hemos luchado a favor de la verdad y la justicia para cientos de casos que a lo largo y ancho del país son parecidos a los de nuestras tres chicas. Y si la vida de mi esposa, la mía, de la nieta que se quedó sin mamá y que criamos dignamente (y que hoy tiene 18 años y nos da muchas alegrías), bueno, si bien la vida nos marcó, no había espacio para miedos, sí para luchar a favor de la vida. –Una vez de hace muchos años me dijo que lo sucedido lo había vinculado con “cuestiones jamás pensadas” por usted. ¿Eso ayudó a seguir? –Sí, eso hace que de golpe nos vinculemos con gente también muy sometida por la crueldad, de aquí, de allá. El matrimonio Bordón, de San Rafael, tiene un hijo asesinado, y mucha gente más; la hermana Pelloni, por ejemplo. Claro, uno jamás piensa que, de repente, uno va a estar en otra historia. –¿Qué pensó cuando supo del asesinato de Ángeles Rawson? –En la vida que va a tener que vivir esa familia. En todo lo que les espera. Pero no es pensar en todo eso a partir de una muerte joven. Es pensar en todas las familias a las cuales la violencia, las violencias diarias en todas las maneras que se expresan, les quita vidas. Comienzan sufrimientos que no tienen fin... –Finalmente, se fueron a vivir al El Bolsón... –Sí, era un sueño acariciado con mi esposa ya de mucho antes que fueran asesinadas las chicas. Un lugar muy lindo, la naturaleza ahí, al alcance de la mano... gente muy macanuda y, a pesar de que estamos “grandecitos”, bueno, es arrancar de nuevo. –¿Qué le da El Bolsón en relación con tanta historia dura? –Intimidad, y eso que le decía: arrancar de nuevo con esa historia como tema para siempre, pero arrancar. Hasta armamos una huerta, que es vida, ¿no? –Es. Gracias. –Chau. (Ulises González es padre de dos de las tres jóvenes asesinadas en Cipolletti en noviembre de 1997, hecho que la historia recupera como “el primer triple crimen” sucedido en esa ciudad)
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