“No me desesperé porque al menos quedé vivo”
Resultó ciego tras recibir un disparo en la cabeza. Sus agresores están detenidos y se espera el juicio
Cecilia Maletti
NEUQUÉN (AN).- Wálter Jaramillo (21) está vivo y sabe que es un milagro. En septiembre de 2011 recibió un tiro en la cabeza en Villa Ceferino que lo dejó ciego y mientras aguarda fecha para el juicio a sus agresores, más que justicia anhela recuperar la vista aunque tiene mucha bronca por el daño que le hicieron y la ausencia del estado.
Wálter arriba al lugar pautado para la entrevista acompañado de toda su familia. Su mano derecha va sobre el hombro de uno de los tres amigos que pasan casi todo el día con él. A simple vista no parece estar ciego pero sus ojos están perdidos en “un gris permanente salvo cuando hay mucha luz que la advierto, pero no veo ni sombras ni siluetas”, contó Wáter.
Su vida cambió violentamente la madrugada del 1 de septiembre de 2011 cuando se encontraba en la casa de un amigo, en el barrio Villa Ceferino, donde también vive él.
A la 1,40 un grupo de jóvenes ejecutó 13 disparos con una pistola 9 milímetros contra la vivienda. Wálter no alcanzó a tirarse al suelo y un proyectil le perforó la cabeza.
El joven estuvo internado en muy grave estado en el Policlínico de Neuquén y su deceso parecía ser inminente, pero su fuerza de voluntad, la suerte o Dios quiso que continuará con vida.
“No recuerdo nada de lo que pasó. Lo único que sé es que desperté en el hospital y ya no veía. Me contaron lo que pasó y me lo tomé tranqui, no me desesperé porque al menos estaba con vida, aunque tengo bronca por cómo me dejaron estos giles”, dijo en referencia a sus agresores, que permanecen detenidos con prisión preventiva y la causa ya fue elevada a juicio.
La ceguera que padece es producto de la lesión que provocó el proyectil, ahora le tienen que practicar una operación, para ponerle una malla en el interior del cráneo debido a que perdió partes óseas y restan realizar algunos estudios neurológicos y oftalmológico.
“Tenemos toda la fe puesta en que esto no va a quedar así y que voy a volver a ver”, aseguró.
Afirmó que dejaría en libertad a sus agresores a cambio de recuperar la visión.
En su actual situación Wálter descubrió que el resto de sus sentidos se han intensificado “principalmente el oído, me ubico muchísimo más por el oído”.
Hasta el tiroteo Wálter trabajaba con su padre como ayudante albañil y asistía a un colegio nocturno donde estaba terminando la secundaria.
Dijo que la vida en el barrio Villa Ceferino no ha cambiado. La banda de Los Caciques tienen un manejo territorial muy fuerte, “donde si no estás con ellos te cagan a palos”, aclara el papá de Wálter, Alberto Jaramillo.
Wálter dijo que “tengo miedo cuando estoy en la vereda con mis amigos, porque como no puedo ver quién viene. Cuando siento una moto me pongo nervioso, porque no sé qué puede pasar.”
Ahora apuesta a una intervención quirúrgica para recuperar la visión. Dijo que dejaría en libertad a los atacantes a cambio de poder ver.