No se aprende por repetición
Opinión
Cecilia Veleda( *)
Eliminar la repitencia en primer grado de la primaria es una medida con un consenso dominante en la literatura especializada. La repitencia es dramática en los años iniciales de la escolarización porque altera el proceso de alfabetización. Sin embargo, la tasa de repitencia más alta de todo el Nivel Primario se concentra en primer grado (7,5% según los últimos datos disponibles del 2009). Esto es inaceptable. Está demostrado que los alumnos no aprenden por repetición y que los no repetidores alcanzan mejores resultados que los repetidores. Además, la repitencia aumenta las probabilidades de abandono posterior. En gran medida esto obedece a que la permanencia en el mismo año escolar estigmatiza al alumno, lo separa de su grupo de amigos y tiene efectos dramáticos sobre su autoestima. Los niños que repiten se sienten menos capaces, ya que la situación de fracaso se percibe como una responsabilidad personal. La repitencia refleja una tradición escolar que hoy encuentra sus límites. Una tradición que tendió a enseñar lo mismo, del mismo modo, al mismo grupo de alumnos a un mismo ritmo, sin otras alternativas que la repitencia para quien no siguiera el paso. Las grandes desigualdades sociales, la cultura de la dispersión y los nuevos intereses de la infancia exigen revisar ese molde homogéneo y anquilosado. Esa revisión no será el efecto directo de cambios en las normas. Para que esta medida no traspase la repitencia de primero a segundo grado, se necesitan políticas pedagógicas convergentes para que las escuelas resuelvan estos dilemas con nuevas herramientas. Entre esas alternativas, la didáctica de la lectoescritura ocupa un lugar central. La alfabetización inicial, piedra basal de cualquier aprendizaje y causa principal de la repitencia, suele ser el resultado de una enseñanza asistemática, que mezcla métodos contradictorios entre sí. En este contexto, es necesario fortalecer la formación inicial y continua de los docentes, designar a los mejores para enseñar en primer grado y personalizar la enseñanza para abordar tempranamente las dificultades de aprendizaje. La extensión de la jornada escolar que se profundizará en los próximos años, con su tiempo extra para la innovación y la reflexión pedagógicas, constituye una política fundamental para lograrlo. (*) Codirectora del Programa de Educación del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec)