No se puede abolir el pasado
Al cabo de un año de gestión, la senda está trazada: con un alto índice de moderado aval popular, el presidente Néstor Kirchner se siente subyugado por su convicción y matriz ideológica de los tumultuosos setenta – pese a que está arrepentido por el escenario montado en la ex Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) -, y al mismo tiempo cree que es necesario recuperar terreno en el Partido Justicialista sin quedar inmerso en el esquema tradicional tramposo que le tiende Eduardo Duhalde.
En la Argentina suele ocurrir algo curioso. Muchos que exteriorizan aversión por un personaje acaban por no entenderlo, cuando en rigor el resentimiento de cada uno oculta la culpa colectiva. ¿No fueron acaso de alguna forma endiosados, sin ir más lejos para no sumergirnos en la complicidad ciudadana con los regímenes militares, Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Fernando De la Rúa y Adolfo Rodríguez Saá?
Favorecido por la coyuntura internacional, el país creció más de un 8 por ciento, empezó a atenuar el problema del desempleo y, con reprimendas a los gritos, consiguió que las empresas extranjeras que controlan los servicios públicos privatizados, no se desbanden con las tarifas y, con paso frágil, empiecen a proyectar inversiones.
Por supuesto que hay clarososcuros. Brasil tambalea y el ministro de Economía, Roberto Lavagna – un hombre con aspiraciones políticas – está acogotado por las negociaciones con los tenedores de bonos y el Fondo Monetario Internacional.
En la Rosada, no pierden el optimismo. «Si cae Brasil, se va a sentir fuerte aquí el impacto, pero también podremos negociar de mejor forma con el FMI, en junio», se le escuchó decir a un funcionario clave, Ricardo Zannini, a cargo de la Secretaría Legal y Técnica.
En vísperas de una campaña por los medios para difundir que se hizo Ministerio por Ministerio – no se descartan algunos cambios -, el gobierno reconoce, entre otras cosas:
* El efecto Blumberg (el padre del asesinado joven Axel que esta semana tuvo un paso en falso verbal con la familia del chico Sebastián Bordón, muerto por la policía mendocina, y luego adoptó un gesto de arrepentimiento público) propinó un fuerte golpe en los dedos a la administración kirchnerista haciendo notar la falta de seguridad, aunque evalúan que el fenómeno se está agotando. Por ello se alteró el acto del martes en Plaza de Mayo, donde habrá un festival artístico y patriótico encabezado por Charly García y Silvio Rodríguez «Será todo ganancia para nosotros», especulan los pingüinos.
* Si bien no hay un espíritu anticlerical en el oficialismo, no se aceptará licuar los horrores cometidos en el pasado. «En nombre de la reconciliacion – replicó K a los obispos – perdonábamos cualquier cosa». Además, se considera que hoy la Iglesia se siente más cómoda criticando, porque no tiene connivencia con el poder como ocurrió otrora.
* Después de los enojos, hubo acuerdos transitorios con YPF-Repsol, Aguas Argentinas, Telefónica y Telecom, hasta fin de año, por lo menos. «No somos enemigos de las empresas, queremos que ganen dinero, pero que también inviertan», suavizaron.
* No se va a reprimir a los piqueteros. Se considera que, a pesar de la irritación de los que utilizan autos o transportes colectivos y se ven agredidos, es un éxito la táctica de aislamiento trazada respecto de esos sectores marginales.
Por otra parte, el PJ se abroquela en el Senado para dar el visto bueno a la postulación presidencial de Carlos Bettini como futuro embajador en España. «Lo vamos a bancar a muerte», se manifestó con ironía en las cercanías de Jorge Yoma, titular de la Comisión de Acuerdos. Bettini, amigo de Kirchner e íntimo del ex premier Felipe González, recibió numerosos cuestionamientos por lobbista y coimero. Entre otros, lo acusaron Elisa Carrió (a quien Julio De Vido pretendió en algún momento llevar a la cárcel por llamarlo «cajero»), Patricia Bullrich y el diputado socialista Ariel Basteiro.
Bettini ha tenido una conducta sinuosa. Reconocido «gorila» en su juventud, pasó a militar en montoneros y cometió la «irresponsabilidad» de esconder armas en el garaje de la casa de su padre, motivo por el cual la represión dictatorial diezmó a su familia. En los albores democráticos, fue abogado de Isabel Perón y estuvo vinculado, entre otros, con el yabranista Emilio Jassán.
«¿Vamos a desaprovechar a alguien que nos va a traer cuando queramos a José Luis Zapatero?», razonan con pragmatismo en la Rosada
Es que el peronismo da para todo. Kirchner ya no quiere privilegiar con una foto a Duhalde ni darle cabida a las grandes cumbres de gobernadores. Hay, dice, cuestiones no negociables. En esto, el presidente parece jugarse el todo por el todo. No hará como Alfonsín que ante cualquier atisbo de ingobernabilidad – apunta -, pactaba. Lo hizo con Menem, facilitándole la reelección. K jura que no la buscará y afirma que dará pelea contra la derecha.
«No hay ningún peligro – consideran a su lado – aunque los ultra liberales están agazapados y ante el mínimo recoveco, nos van a entrar con todo».
A Kirchner se lo ve satisfecho, más allá de los sofocones de los dos últimos meses, en especial por la no prevista crisis energética
«Duhalde no tiene destino fuera de nosotros, no tiene anclaje internacional», confía un kirchnerista que estima que los incidentes partidarios en Parque Norte y las posturas guerreras (en el «mausoleo» para rendir tributo a Perón y Eva Perón, por caso) fueron producto del azar y no de malévolas jugadas de demostración de poder (¿?).
Miguel Pichetto, quien llegó al barco del santacruceño tras hacer gala de peronismo puro, apuesta a la sensatez y racionalidad de K. «Quienes crean que es enemigo de las petroleras, pecan de ingenuos y desconocen su historia como gobernador, cuando vendió los recursos provinciales a un precio muy conveniente para la firma hispana».
Los transversales siguen acompañando al presidente pero cada vez se ven más triturados por kirchneristas y duhaldistas. Como expuso Jorge Luis Borges, el propósito de abolir el pasado ya ocurrió y -paradójicamente- es una prueba de que el pasado no se puede abolir. Tarde o temprano -señaló el genial escritor- vuelven todas las cosas y una de las cosas que vuelven es el proyecto de abolir el pasado.
Arnaldo Paganetti
arnaldopaganetti@rionegro.com.ar
Al cabo de un año de gestión, la senda está trazada: con un alto índice de moderado aval popular, el presidente Néstor Kirchner se siente subyugado por su convicción y matriz ideológica de los tumultuosos setenta - pese a que está arrepentido por el escenario montado en la ex Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) -, y al mismo tiempo cree que es necesario recuperar terreno en el Partido Justicialista sin quedar inmerso en el esquema tradicional tramposo que le tiende Eduardo Duhalde.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora