“No siempre la mayoría hace lo correcto”

“Río Negro” asistió a una charla para futuros conductores. Ejes: adiós a los malos hábitos y ética ciudadana.



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Claudio Ponce da el curso en Roca para los jóvenes que quieren obtener la licencia y aquellos que buscan renovarla. (Foto: Andrés Stefani)

Seguridad Vial

Javier Avena javena@rionegro.com.ar

Según las estadísticas, hoy morirán 21 personas en las rutas y caminos de la Argentina, una tragedia rutinaria ante la que parecemos anestesiados mientras no golpee nuestra puerta. Por eso muchos de nosotros saldremos como todos los días a imponer la ley del más fuerte, a que frene el otro, a fingir que somos conductores responsables en el control policial y después a hacer sobrepasos suicidas donde está prohibido, a manejar con el bebé sobre las piernas y el brazo izquierdo colgando canchero, a protegernos el codo con el casco en vez de la cabeza, a pensar que usar el cinturón de seguridad es de boludos, a cruzar la calle en diagonal y de espaldas al tránsito, a andar en bici en contramano con los auriculares clavados en la sien. Eso somos: una patota de violadores seriales de leyes y normas. Y la calle, el territorio donde lo demostramos a diario. ¿Seremos capaces de cambiar? Hay quienes intentan que eso ocurra. Claudio Ponce (41) es uno de ellos: a cargo de las charlas de concientización para aquellos que quieren obtener la licencia en Roca, trabaja con los chicos que van a salir a manejar por primera vez. Y acaso haya allí una esperanza, con nuevas generaciones que sí respeten la vida. En el curso, el primer concepto apunta a no naturalizar las infracciones, a no creer que está bien lo que está mal, aunque maneje tu mejor amigo o tu viejo. Hay concentración en el auditorio, unas 30 personas, casi todas de menos de 20 años. “No siempre la mayoría hace lo correcto. Hay muchas costumbres que se arrastran que son erróneas. Y los chicos copian a los mayores”, agrega. Todo transcurre en la sala de conferencias del edificio donde funcionaba el Concejo Deliberante. Detrás, en una pantalla, proyecta videos de esos que te dejan sin aliento: una colisión de un motoquero sin casco, un vuelco sin el cinturón puesto. La idea que cierra este tramo es la de no resignarse al vale todo y hacer lo correcto siempre, aunque el de atrás toque la bocina. El segundo concepto tiene que ver con lo que denomina la conducción defensiva, es decir los recursos para disminuir el riesgo del error latente: tomar distancia del vehículo que va adelante, anticipar la maniobra con la luz de giro si uno va a doblar y tener en cuenta la relación entre tiempo y seguridad: se cometen más errores cuando se va apurado. Por eso aconseja salir con buen margen, sobre todo si se tiene en cuenta que transitamos rutas de los años 40 con autos y motos del siglo XXI. La tercera idea: la ética ciudadana. Es decir, convivir respetando y ser responsable de las condiciones en que sale a la calle el vehículo que manejamos, bicis incluidas. Especifica que una ley establece que hay que salir a pedalear con casco, luces y espejo. -Y si vas con todo eso te gritan payaso, ¿no? Problema de ellos. Vos cuidate, ¿estamos? -advierte. En la cuarta parte, la charla se orienta hacia la relación con el peatón. “Está desprotegido. Y también tenemos que empezar a cambiar eso”, dice Claudio y rescata experiencias positivas al respecto como la de San Martín de los Andes. Después se pregunta por qué hacemos sobrepasos en las calles si el límite es de 40 km/h. Y advierte que en caso de colisión en una intersección, si vas a más de 20 km/h en un cruce de calles el seguro no te cubre. Luego es el tiempo de marcar que hay que respetar las prioridades de paso. -A esos que no las respetan yo los recontraputeo -dice uno de gorrita en el fondo, de pocas pulgas. -Ojo con los insultos en la calle. Los pibes copian todo -responde Claudio y dedica el último tramo a repasar las señales. A juzgar por las respuestas, hay mucho que repasar. Después cuenta la historia de una mujer que a fines del año pasado pidió una moto prestada para dar una vuelta con su hijo. Salió sin casco y chocó en una rotonda. El chico sobrevivió, pero se quedó sin madre. Silencio profundo en la sala. -¿Los estoy aburriendo? ¿Paro? -No. Estamos aprendiendo. Seguí- contesta una de las chicas. Y Claudio sigue. Ojalá que no frene. Y que los futuros conductores sean mucho mejores que nosotros.


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