Nostalgia y “karaoke” por el himno ruso



El problema del aún inexistente himno de la nueva Rusia ha llegado a ser en estos días un asunto de alta política y tema de sondeos de opinión y debates, ridiculizado con la aparición de “karaokes” para cantar cualquier versión al antojo de uno.

En plena polémica para elegir el himno “poscomunista”, la mayoría de los ciudadanos y la clase política parecen preferir la melodía de la antigua URSS, que les recuerda los tiempos en que vivían en una superpotencia.

“Debe ser un himno cuya música ponga los pelos de punta y petrifique el pellejo hasta los huesos, como cuando escuchábamos el himno soviético”, declaró descriptivamente Alexei Lebed, gobernador de la república siberiana de Jakasia.

Esto es lo que parece sentir también el presidente ruso, Vladimir Putin, antiguo agente de la KGB, quien no hace mucho dijo a la prensa occidental que Rusia debería heredar el himno soviético.

Admitió, sin embargo, que el himno debe tener nueva letra o, al menos, omitir los párrafos que evocan la “unión indestructible de repúblicas libres que ha consolidado para siempre la gran Rusia”…

O el “sendero revelado por el gran Lenin” (que antes fue Stalin, hasta que lo retiró -al denunciar el “culto a la personalidad”- su sucesor, Nikita Jruschov, y que después restableció el siguiente líder soviético, Leonidas Brezhnev).

Para la prensa crítica, los planes del Kremlin de resucitar el himno soviético refuerzan el proyecto de Putin de consolidar a la población en torno de una “idea nacional rusa”, con elementos religiosos y patrióticos del pasado, imperial o comunista.

“Ningún otro símbolo refleja el sentimiento patriótico con tanta intensidad como lo hace el himno soviético”, resumió el Centro Sociológico de la Academia de Ciencias rusa, en un informe encargado por el Kremlin para sondear los ánimos.

El documento destaca que el himno apareció en 1943, el año de la batalla de Stalingrado, y consagró los momentos más gloriosos de la historia nacional, desde la victoria sobre las tropas nazis hasta el primer vuelo del hombre al espacio, el soviético Yuri Gagarin.

Según el informe, el 78% de la población mayor de 40 años prefiere el himno soviético, con melodía del general Alexandr Alexandrov y letra del poeta Serguei Mijalkov, aprobado por Stalin personalmente y estrenado en plena guerra, el 1º de enero de 1944.

Según las memorias de Alexandrov, su melodía es variante de una marcha del Partido Bolchevique, que tomó el poder tras la revolución de octubre de 1917 y que hasta 1944 mantuvo como himno de la URSS la famosa “Internacional”.

En los 200 años últimos, Rusia ha cambiado de himno al menos en seis ocasiones, hasta la caída de la URSS en 1991, cuando quedó con una melodía provisional y sin letra.

La nueva Rusia renunció a la simbología comunista y adoptó una bandera y escudo de los tiempos imperiales y, como himno, el primer presidente ruso, Boris Yeltsin, impuso por decreto la melodía de la “Canción Patriótica” de Mikhail Glinka y dejó a consideración del Parlamento la aprobación de la letra.

Pero la anterior cámara, dominada por comunistas, no pudo escoger entre una docena de borradores de texto e inició los trámites para oficializar la melodía del himno soviético.

El asunto quedó en el aire con el relevo del Legislativo y hasta que los deportistas rusos, al volver de las Olimpíadas de Sydney, se quejaron a Putin de que, al ganar medallas, recibían los honores cabizbajos, al son de un himno nacional provisional.

Por orden de Putin, una comisión de gobernadores se volcó a la búsqueda de un nuevo himno, el asunto saltó a primeras páginas y los centros sociológicos se lanzaron a sondear opiniones.

Según otra encuesta, el 38% de los moscovitas quiere la melodía soviética, el 21% apoya la actual y el 13% propone una combinación de ambas.

Otro 5% reclama el antiguo himno imperial “Dios guarde al zar”, con un texto “actualizado” por el “padre” del rock ruso, el conocido cantante Alexandr Gradski.

El posible restablecimiento del himno soviético alarmó a las fuerzas liberales, que alertaron sobre el peligro de una “restauración” que “dividirá” a la sociedad, y otras voces propusieron someter el asunto a referéndum.

En otra respuesta jocosa al fervor patriótico, varias páginas de Internet con sistemas de “karaoke” incluyeron en su menú el himno soviético, y el diario “Nóvaya Gazeta” anunció un amplio surtido con himnos para todos los gustos. (EFE)


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