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Nuevas tecnologías, calidad de vida y acciones institucionales



Osvaldo Nemirovsci *


Argentina no ha superado en muhcos aspectos la brecha anlógica y encara, como debe hacerse, el desafío de la digital, que es una brecha social


No hay una sola forma de interpretar las TIC, las tecnologías de la información y la comunicación. Es un tema que merece un profundo debate en nuestra sociedad, ya que precisa el aporte de diferentes miradas. No desde los intereses de cada nicho de la sociedad, o cada expresión productiva, social o económica, sino tratando de acercar algunas de las interpretaciones históricas y filosóficas de lo que son las TIC, pues puede ser un buen camino en buscar acuerdos sobre cómo hay que avanzar en la sociedad de la información y el conocimiento y cómo ese rumbo reconoce la virtud en la colaboración del universo público, el académico y el privado.

El término “sociedad de la información y el conocimiento” define demasiadas cosas, y es necesario encarar un debate en la sociedad para determinar los límites del concepto. Incluso el término “información” más vinculado a un concepto de mercado tal vez no sea el apropiado para cohabitar con el de “conocimiento”. La sociedad de la información es un medio, no un fin, que en países como el nuestro está vinculado a aspectos tradicionales como la alfabetización, la escolaridad en todos sus niveles, la vinculación remota y la accesibilidad a la comunicación vinculante.

Las TIC son parte vital de la construcción de esta sociedad. La aparición en los últimos 40 años de estas tecnologías marcan un cambio cultural muy interesante y que desafía a originales respuestas desde los Estados y desde los liderazgos empresariales del sector. Creo en la validez de las TIC como generadoras de crecimiento que hace necesariamente al mejoramiento económico, productivo, de las relaciones humanas. Y por supuesto al mejoramiento de la calidad de vida.

Hay que avanzar en una perspectiva de tecnología inclusiva (con muchos adentro) que asegure acceso, pertenencia y apropiación popular de las tecnologías informáticas. Y, no por parecer superfluo, negar como objetivo en el uso de las nuevas tecnologías algo que también hace a mejorar calidades de vida como lo es el acceso a nuevas y aumentadas formas de confort (como puede ser la masificación del uso de OTT-Internet de las cosas).

Nuestro país, en lo institucional, ha tenido conductas espasmódicas respecto del tema de la brecha digital. Probablemente el período 2003/2015 fue el más valioso en generar condiciones desde las políticas públicas que morigeraron distancias en el acceso a las TIC y a los instrumentos de la comunicación. El Plan Conectar Igualdad, la TDA, la creación de ArSat y su jerarquizado sostenimiento, las redes federales de fibra óptica y, en general, la infraestructura erigida para vinculaciones en telefonía, internet, radiodifusión, son pruebas de un intento serio de modernizar esta área en la Argentina y no quedar rezagados respecto de similares avances en el mundo y, sobre todo, en la América cercana.

Tal vez deba pensarse en jerarquizar el área, lo que no significa burocratizarla. Hoy todo lo concerniente a lo digital, al gobierno abierto (e-government), a la comunicación como derecho personal y como regulación y lo que concierne a bases físicas de sus estructura está repartido entre las áreas de Economía, Comunicación, Medios, Cancillería, Ciencia y Tecnología, de Educación de Innovación tecnológica y otros espacios ministeriales. Quizá se logre más eficiencia al unificar en una sola jerarquía institucional que puede ser secretaría o ministerio de comunicación, informática y TIC, y que aborde integralmente el desarrollo de sus políticas. Y otro paso importante sería poner voluntad estatal en inquirir y desarrollar lo relativo al uso del universo cuántico en la comunicación, el uso robótico en esas mismas áreas y la utilización de dispositivos de la inteligencia artificial (IA).

Debemos tomar nociones de competitividad que se expresen en productividad como dato de mejoramiento en la riqueza material de cada país, y para esto se requiere un vigoroso impulso al desarrollo del conocimiento, la educación y su aplicación a la creación de bienes y servicios. Todo esto en el marco del avance tecnológico mundial.

Según Manuel Castells, “lo esencial es aprender a aprender a lo largo de todo el ciclo de vida. Porque constantemente cambian tecnologías, cambia el contexto, cambia la demanda en términos económicos, cambia absolutamente todo el sistema de producción rapidísimamente. Lo importantes es un aprendizaje de las capacidades para adquirir nuevos conocimientos”.

Y así es, la verdadera motricidad que funda poder en las sociedades es la innovación y su capacidad de convertir en riqueza el conocimiento que la genera.

Argentina no ha superado, en muchos aspectos, la brecha analógica, y encaramos, como debe hacerse, el desafío de la brecha digital. La brecha digital es una brecha social, hay que tenerlo en claro y debe ser tomada en el sentido de achicarla como manera de resguardar derechos. Es una pelea que vale la pena, es larga y hay que tener estrategia, y el Estado cumple un rol más que importante. Pero la industria también tiene que poner toda la energía en el aporte imprescindible de su experiencia y de sus recursos. Invertir en I+D, abaratar costos de hardware y software, vincularse a universidades en desarrollos conjuntos. El Estado desde lo social, y la industria desde su lógica búsqueda de rentabilidad, y con responsabilidad social, para ayudar a achicar la brecha digital.

*Exdiputado nacional, expresidente de la Comisión de Comunicación e Informática, excoordinador general del Sistema Argentino de Televisión Digital Abierta


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