Nuevo auge de los colegios industriales en Bariloche

Bariloche tiene una oferta pública y privada que no llega a dar respuesta a los requerimientos de la sociedad. 




Los talleres de los colegios industriales les dan a los jóvenes una capacitación invalorable. (Foto: Alfredo Leiva)

Los talleres de los colegios industriales les dan a los jóvenes una capacitación invalorable. (Foto: Alfredo Leiva)

Horarios extendidos, alta exigencia, seis años de cursada (en lugar de cinco) y disposición para el trabajo manual son algunas de los obstáculos con los que deben lidiar los estudiantes de educación técnica, que aun así la prefieren sobre cualquier otra.

Las escuelas llamadas “industriales” tuvieron su principal momento de desarrollo a mediados del siglo pasado, seguido de un declive marcado en los años 90 y un resurgimiento en los últimos 15 años, que sus docentes, directivos (y también sus alumnos) se empeñan en mantener.

Actualmente en Bariloche la oferta de educación técnica de nivel medio se diversifica en el sistema público y en el privado y abarca en total a unos 1.850 estudiantes, sin contar las opciones para adultos como el Centro de Capacitación Técnica N°1 y el CENS 6.

En todos los casos las aulas agrupan a jóvenes con un perfil particular, dispuestos a destinar jornadas al estudio y a las prácticas de taller, a un ritmo impensable en otras escuelas secundarias, y con la mirada puesta en la salida laboral.

Un pizarrón del CET 28.

A pesar de esta exigencia, las escuelas técnicas son las que registran año a año mayor número de inscripciones, que terminan siempre en el ingrato mecanismo del sorteo. En promedio, los anotados triplican a las vacantes disponibles. Alrededor de un 20% se agotan con los ingresantes que tienen lugar asegurado, como los hermanos de alumnos e hijos del personal.

Los actos públicos para definir el ingreso con un bolillero suelen deparar festejos y llantos. Algunos chicos quedan en la cotizada “lista de espera” y consultan una y otra vez durante meses, hasta que consiguen entrar.

“No es que haya un auge ahora, siempre hubo mucha demanda para la educación técnica y no se puede dar respuesta a todos –dijo el supervisor Sergio González–. La causa hay que buscarla en el nivel reconocido de estas escuelas, que se mantiene pese a todo. También por la significación social y porque egresan con un título que los habilita en lo laboral”.

González dijo que las escuelas técnicas lograron “una mejora en la terminalidad” a partir de la revisión de los programas y las prácticas docentes y también la retención de los alumnos de primer año “con la incorporación de un maestro de fortalecimiento, que ayudó enormemente”.

Un estudiante en una clase del CT 28. Foto: Alfredo Leiva

El talón de Aquiles, reconocido por los directores, es la falta de recursos para la compra de maquinaria e insumos que necesitan los talleres. Hasta hace unos años era más fluido el trámite para acceder a partidas del Instituto Nacional de Educación Técnica. Hoy bajó drásticamente ese presupuesto y los expedientes se diluyen sin respuesta.

En Bariloche funcionan el tradicional CET 2 (ex-ENET), que es el secundario más grande de la ciudad; también la escuela de Hotelería y Gastronomía CET 25, que brinda una formación muy buscada y con pocas alternativas en el ámbito público; y desde hace unos años se agregó el CET28 o “industrial del Alto”, que no tiene edificio propio y dicta clases desplegado en varias sedes.

En el ámbito privado están la Escuela Técnica Los Andes, próxima a cumplir 30 años y el Colegio Tecnológico del Sur, que tiene dos décadas. Se les agrega la escuela Nehuen Peuman, creada en 2008 por la fundación Gente Nueva bajo la modalidad de “gestión social”, también de escolaridad gratuita.

La Escuela de Hotelería es un caso poco común, porque capacita en todos los oficios y habilidades para llevar adelante un establecimiento de servicios turísticos, desde armar una cama hasta hacer un cálculo de costos. Como dice el jefe de Enseñanza Práctica Gonzalo Costa, “no es sólo para aprender a cocinar”.

En paralelo brinda cursos rápidos de un año, para alumnos con secundario terminado, sobre especialidades como cocina, repostería, bar y recepción.
Costa dijo que “la inserción laboral que logran los egresados es importante y aunque no quieran dedicarse a esto y sigan otra carrera, les sirve para trabajar y sostenerse mientras estudian en la universidad”.

El director del CET 2, Carlos Bariggi, dijo que la escuela a su cargo tiene 22 divisiones y una estructura que no es piramidal, sino que arranca con cuatro primeros años, se estrecha en cuarto y se vuelve a ensanchar hacia quinto año porque “la exigencia es mucha y hay alumnos que repiten dos y hasta tres veces”.

Señaló que la motivación de los ingresantes en algunos casos tiene que ver con el gusto por el trabajo manual, “pero también suele pasar que el interés es de los padres, porque ellos cursaron en una técnica o también porque buscan escuela con doble escolaridad”.

Bariggi dijo que “los chicos se enganchan mucho con los talleres, porque la relación con el docente es más personalizada”. Señaló que “el momento de la educación técnica es excepcional, por la carencia de presupuesto para insumos” que en el caso del CET 2 bajó de 600 mil a 120.000 pesos.

El director defendió a los colegios industriales y técnicos porque “implican desarrollo intelectual y un semillero de la ciencia y la tecnología que no se debe cortar”.

En el caso del CET 2, el vínculo con las empresas barilochenses del sector tecnológico es muy estrecho, al punto de que en los planteles actuales de Invap, Altec, el Centro Atómico, Mecánica 14, Pizzutti o el taller Salamida abundan los egresados de esa escuela.

En el CET 28, Alfredo de la Rosa (jefe de Sección) dijo que para los chicos del Alto “es muy importante la propuesta de esa escuela” y que la gran traba que tienen son las limitaciones de espacio.

Aun con esas desventuras, los alumnos de las técnicas comparten un universo singular y de fuerte identificación, que suele perdurar por más que la vida los lleve por otro rumbo, alejado de los tornos, las morsas y los tableros de dibujo.

Un filántropo puso el dinero y la comunidad tomó la posta

La donación de un filántropo vinculado a la industria petrolera fue el puntapié inicial. Aunque luego sus herederos cortaron el financiamiento y el proyecto quedó por la mitad, la escuela Nehuen Peuman logró hacer pie en el corazón del barrio Quimey Hue y se consolidó a partir de la demanda de las propias familias.

Hoy tiene unos 300 alumnos (4 de cada 10 son mujeres) y una cursada de seis años de la que egresan con el título de Maestro Mayor de Obras.

El jefe de Enseñanza Práctica de la escuela, Fernando de Ibarra, dijo que “es muy valiosa esta opción para los chicos, que no tenían acceso a las escuelas del centro por el costo de viaje, por estigmatización y en parte por una profecía autocumplida”.

El profesor está convencido de que “la educación es un derecho y una vía directa de ascenso social”, y en esa línea las escuelas técnicas cumplen un rol clave, porque aportan saberes para la inserción laboral.

Toda la oferta

  • CET 2 (ex Enet). 600 alumnos, especialidad electromecánica.
  • CET 25. 330 alumnos, especialidad en hotelería y gastronomía.
  • CET 28. 250 alumnos, especialidad electrónica con orientación en robótica.
  • Escuela Nehuen Peuman (privada de gestión social). 300 alumnos, especialidad construcciones.
  • Escuela Técnica Los Andes (privada). 220 alumnos, arancel mensual 8.780 pesos. Especialidades en automatización y sistemas de control.
  • Colegio Tecnológico del Sur (privado). 158 alumnos, arancel mensual 8.820 pesos. Especialidades en electrónica y en informática.


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