“Octubre 2015: ¿un choque de modelos?”

Redacción

Por Redacción

El venidero escenario electoral nacional me ha persuadido de escribir unas breves reflexiones en torno a qué es lo que elegiremos los argentinos en los comicios del próximo mes de octubre. Es que la propaganda electoral –sobre todo la oficialista– parece ubicar a esta contienda como una especie de decisión entre modelos políticos antagónicos: uno, el comandado por quienes conducen el actual gobierno nacional, y otro, de vertiente liberal-conservadora, encabezado por los referentes opositores de mayor intención de voto. Ahora, ¿ello es realmente así? Para responder esta pregunta corresponde, en mi opinión, hacer un breve repaso de cuáles han sido históricamente los modelos políticos y económicos seguidos en nuestro país: En cuanto a los primeros, digamos que la Argentina, más allá de algún matiz puntual, se ha desenvuelto en un esquema eminentemente conservador. En general la sociedad y los gobiernos elegidos por ella desde la organización nacional a la fecha han resultado más proclives al status quo que a los grandes cambios. El ser nacional siempre ha preferido lo conocido más que las revoluciones; y de haber cambios, sólo los prefiere de manera sectorial. Los partidos políticos argentinos son una prueba cabal de ello. Así, tanto el viejo Partido Autonomista Nacional como la Unión Cívica Radical o el mismísimo Partido Justicialista han gobernado nuestro país bajo un esquema conservador de derecha –más o menos hacia el centro-. La izquierda, siempre asociada con los cambios radicales, nunca ha tenido peso político, y de hecho jamás ha podido gobernar nuestro país. Asociado a este conservadurismo político se encuentra el esquema corporativo en el que los intereses de los distintos sectores de la sociedad se canalizan en la Argentina. Nuestro país ahora y siempre se ha caracterizado por la existencia de diversas corporaciones que, como es lógico, procuran gestionar no el interés de la sociedad en su conjunto, sino los suyos propios. Así, los sindicatos, las organizaciones de profesionales, las corporaciones empresarias, religiosas y políticas –institucionalizadas o no– siempre han poseído un peso decisivo en la toma de decisiones políticas de nuestro país. En el orden económico la descripción es aún más sencilla. La Argentina desde sus albores y sin soluciones de continuidad hasta nuestros días tiene al sello capitalista como marca registrada. En ningún momento de la historia nacional el modo de generación de riqueza ha sido otro más que el impuesto por el sistema capitalista. Y es que dicho paradigma nunca ha sido puesto en crisis al sostenerse su sustitución por un modelo diverso. Lo que sí ha habido –y parece seguirá habiendo– son oscilaciones respecto al rol del Estado en relación al mercado. Así, la Argentina ha pasado desde esquemas absolutamente abstencionistas –períodos 1880/1916, 1976/1983, 1989/1999– a los marcadamente intervencionistas –períodos 1946/1955 y 2003 a la fecha–, pasando por intervencionismos moderados –períodos 1916/1930, 1958/1966, 1983/1989–. Pero este rol económico del Estado en ningún momento, aún en los períodos de mayor intervencionismo estatal, implicó una variación sustancial del modelo económico capitalista. Este reconto histórico me lleva a la pregunta inicial de si lo que se elige en las próximas elecciones nacionales supone una verdadera contienda de modelos. Y la respuesta, al menos en mi entender, es que no. Por más que desde el oficialismo –principalmente– y la oposición se pretenda argüir la épica del choque de modelos, la historia, la actualidad y la oferta electoral existente, demuestran exactamente lo contrario. Ninguno de los precandidatos presidenciales propugna ningún cambio sustancial en materia política y económica, el conservadurismo corporativo y el sistema capitalista no son cuestionados, ni mucho menos puestos en crisis (de manera real y no meramente dialéctica). Lo único que luce como distinguible a priori es el rol del Estado que se dice se desea tener en relación al mercado: algunos más cercanos a un intervencionismo vigoroso y otros, a uno más moderado. Guste o no, en los hechos no habrá ningún choque de modelos, apenas será de matices o modos de gestión. El que crea que lo que ocurrirá en octubre es una “bisagra histórica” o algo parecido, está muy equivocado. Si continúa “el modelo” –2003/2015–, los argentinos gozaremos de un régimen político regido por el estatus quo y la permanencia de los mismos actores en los mismos nichos de poder; también de un capitalismo en su máxima expresión. Si el oficialismo es derrotado, será lo mismo, aunque con un cambio de nombres propios, nada más. Como se aprecia, todo bastante parecido a lo que viene ocurriendo desde que somos patria. Ciertamente es difícil para el elector no verse confundido por la manera en la que desde los distintos sectores interesados se presenta la realidad nacional, pero el civismo nos impone la necesidad de realizar un esfuerzo para precisar cuál es el real estado de cosas. Sólo así el sufragio podrá alcanzar su real dimensión democrática. Martín Javier Antonowicz DNI 29.159.269 Neuquén

Martín Javier Antonowicz DNI 29.159.269 Neuquén


El venidero escenario electoral nacional me ha persuadido de escribir unas breves reflexiones en torno a qué es lo que elegiremos los argentinos en los comicios del próximo mes de octubre. Es que la propaganda electoral –sobre todo la oficialista– parece ubicar a esta contienda como una especie de decisión entre modelos políticos antagónicos: uno, el comandado por quienes conducen el actual gobierno nacional, y otro, de vertiente liberal-conservadora, encabezado por los referentes opositores de mayor intención de voto. Ahora, ¿ello es realmente así? Para responder esta pregunta corresponde, en mi opinión, hacer un breve repaso de cuáles han sido históricamente los modelos políticos y económicos seguidos en nuestro país: En cuanto a los primeros, digamos que la Argentina, más allá de algún matiz puntual, se ha desenvuelto en un esquema eminentemente conservador. En general la sociedad y los gobiernos elegidos por ella desde la organización nacional a la fecha han resultado más proclives al status quo que a los grandes cambios. El ser nacional siempre ha preferido lo conocido más que las revoluciones; y de haber cambios, sólo los prefiere de manera sectorial. Los partidos políticos argentinos son una prueba cabal de ello. Así, tanto el viejo Partido Autonomista Nacional como la Unión Cívica Radical o el mismísimo Partido Justicialista han gobernado nuestro país bajo un esquema conservador de derecha –más o menos hacia el centro-. La izquierda, siempre asociada con los cambios radicales, nunca ha tenido peso político, y de hecho jamás ha podido gobernar nuestro país. Asociado a este conservadurismo político se encuentra el esquema corporativo en el que los intereses de los distintos sectores de la sociedad se canalizan en la Argentina. Nuestro país ahora y siempre se ha caracterizado por la existencia de diversas corporaciones que, como es lógico, procuran gestionar no el interés de la sociedad en su conjunto, sino los suyos propios. Así, los sindicatos, las organizaciones de profesionales, las corporaciones empresarias, religiosas y políticas –institucionalizadas o no– siempre han poseído un peso decisivo en la toma de decisiones políticas de nuestro país. En el orden económico la descripción es aún más sencilla. La Argentina desde sus albores y sin soluciones de continuidad hasta nuestros días tiene al sello capitalista como marca registrada. En ningún momento de la historia nacional el modo de generación de riqueza ha sido otro más que el impuesto por el sistema capitalista. Y es que dicho paradigma nunca ha sido puesto en crisis al sostenerse su sustitución por un modelo diverso. Lo que sí ha habido –y parece seguirá habiendo– son oscilaciones respecto al rol del Estado en relación al mercado. Así, la Argentina ha pasado desde esquemas absolutamente abstencionistas –períodos 1880/1916, 1976/1983, 1989/1999– a los marcadamente intervencionistas –períodos 1946/1955 y 2003 a la fecha–, pasando por intervencionismos moderados –períodos 1916/1930, 1958/1966, 1983/1989–. Pero este rol económico del Estado en ningún momento, aún en los períodos de mayor intervencionismo estatal, implicó una variación sustancial del modelo económico capitalista. Este reconto histórico me lleva a la pregunta inicial de si lo que se elige en las próximas elecciones nacionales supone una verdadera contienda de modelos. Y la respuesta, al menos en mi entender, es que no. Por más que desde el oficialismo –principalmente– y la oposición se pretenda argüir la épica del choque de modelos, la historia, la actualidad y la oferta electoral existente, demuestran exactamente lo contrario. Ninguno de los precandidatos presidenciales propugna ningún cambio sustancial en materia política y económica, el conservadurismo corporativo y el sistema capitalista no son cuestionados, ni mucho menos puestos en crisis (de manera real y no meramente dialéctica). Lo único que luce como distinguible a priori es el rol del Estado que se dice se desea tener en relación al mercado: algunos más cercanos a un intervencionismo vigoroso y otros, a uno más moderado. Guste o no, en los hechos no habrá ningún choque de modelos, apenas será de matices o modos de gestión. El que crea que lo que ocurrirá en octubre es una “bisagra histórica” o algo parecido, está muy equivocado. Si continúa “el modelo” –2003/2015–, los argentinos gozaremos de un régimen político regido por el estatus quo y la permanencia de los mismos actores en los mismos nichos de poder; también de un capitalismo en su máxima expresión. Si el oficialismo es derrotado, será lo mismo, aunque con un cambio de nombres propios, nada más. Como se aprecia, todo bastante parecido a lo que viene ocurriendo desde que somos patria. Ciertamente es difícil para el elector no verse confundido por la manera en la que desde los distintos sectores interesados se presenta la realidad nacional, pero el civismo nos impone la necesidad de realizar un esfuerzo para precisar cuál es el real estado de cosas. Sólo así el sufragio podrá alcanzar su real dimensión democrática. Martín Javier Antonowicz DNI 29.159.269 Neuquén

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