Ópera prima que suma sueños y sangre
El filme muestra la traición en una sociedad tremendamente opresiva.
“El décimo infierno”
Eduardo Rouillet
Finalmente, un día después del anunciado, por la severa inundación que sufrieron muchos barrios de la Capital del país, se proyectó en avant–première y en el Cine Gaumont Espacio Incaa km 0, la ópera prima de Mempo Giardinelli y Juan Pablo Méndez Restrepo, “El décimo infierno”, con música de Raúl Barboza y Rodrigo Soko.
De inicio, la trama –basada en la novela homónima de Giardinelli– muestra a Antonio (Atilio Clavo Fanti) casado con Griselda (Aymará Rovera) con quien tiene dos hijas.
Ambos viven en Resistencia, donde él maneja negocios inmobiliarios con su socio y amigo Alfredo (Patricio Contreras) pero éste también es amante de su mujer, cosa que el engañado conoce aunque parece no afectarle.
La vida familiar transcurre sin sobresaltos hasta que un día, Alfredo propone a Griselda, matar a Antonio. Esa es la boca de un oscuro y siniestro abismo en el que la pareja cae sin retorno, derramando mucha sangre durante apenas una noche y la siguiente jornada.
“Río Negro” dialogó esta vez con el dúo protagónico (ver aparte) y con el codirector colombiano, de Bogotá, padre de una niña colombo–argentina, como le gusta decir.
El documentalista Juan Pablo Méndez Restrepo vino hace seis años como mochilero para unos días de descanso de su labor en la cadena Telesur. “El trabajo en el Chaco, de alguna manera, tiene mucho que ver con los paisajes de mi país, con el valle del Magdalena, que es el río principal que atraviesa a Colombia, cuyo clima es muy parecido y su cultura, similar… Cuando vine en el 2006 de viaje a recorrer la Argentina, era muy lector de Mempo, conocía su obra y me atraía visitar Chaco porque me parecía una región ninguneada, en cierto modo. Cuando yo decía, aquí en Buenos Aires que quería ir a esta provincia, me replicaban…
–¿A qué vas?
–¡Pues claro! Sí… Pero, la geografía literaria de la obra de Giardinelli, permanentemente vinculada al Chaco, me llamó la atención y por supuesto lo visité en el 2006 y luego fui a rodar un documental para Telesur, sobre este notable autor. Entonces fue una segunda exploración y sin saberlo aún, como un viaje de preproducción para esta película, de búsqueda de locaciones. Además yo tenía algunas ideas que había escrito en Colombia sobre road movies (filmes de ruta) en el valle del Magdalena, con lo cual, venir aquí a que se me presentara la oportunidad de rodar una road movie y con un escritor querido y admirado por mí, fue la suma de mis aspiraciones. En “El décimo infierno”, la única dificultad que tuvimos fue que transcurre casi en su totalidad de noche, el ochenta por ciento… Igual se respira mucho del Chaco, sobre todo en el cruce del puente General Belgrano hacia Corrientes. Donde pudimos explotarlo a fondo, fue en las escenas diurnas en el Paraguay, que sigue siendo Chaco…
– Geográficamente hablando.
–¡Exacto! Continúa el mismo ambiente natural, esas rutas cortando la tierra roja que descubrí cuando grabé el documental con Mempo, que también hay en Misiones. Y la incandescencia del asfalto al rayo del sol, le venía muy bien a la historia. Hay allí todo un universo que encuentro bien interesante y ya había descubierto cuando fui de mochilero.
Un año más tarde, Méndez Restrepo se radicó en la Argentina y durante un viaje a Caracas conoció al autor de la novela, en el avión. Luego, el cineasta concretó el documental “Maestra vida”.
El escritor chaqueño quedó tan conforme con el modo de trabajar del joven bogotano y su equipo, que le propuso hacer la película y Juan no tuvo dudas: aceptó.
“Habla de una sociedad que constriñe, fija patrones, condiciona y asfixia, de la cual es bien difícil escapar y salir indemne.
”Sé que en la Argentina se usa el dicho –existente también en Colombia– ‘Pueblo pequeño, infierno grande’… y me llamaba la atención de la historia –desde que leí la novela– algo muy vinculado con una especie de opresión social católica.
”‘El décimo infierno’ muestra, en el cruce en bote del río Paraguay por Itatí, una catedral muy famosa, donde hay muchísima religiosidad, y los personajes, en todo momento, manifiestan su necesidad de escapar de dicha moral. Y además, es de la construcción de esa doble moral del pueblo que el personaje de Patricio manifiesta estar harto. Una sociedad en la que todo mundo juzga al otro, teniendo como una fachada de valores y por debajo está siendo corrupto, cornudo, pederasta…”.
En Alfredo hay una crítica y una confrontación muy profunda a esa doble moral. Griselda está más relacionada con la convención del rol femenino, fue educada en un colegio de monjas, ha sido siempre buena esposa y madre. Lo atrayente es que el personaje de Aymará, termina siendo más consecuente –al final del filme– con escapar de tal moralidad, más crítica, mientras que el de Contreras, concluye siendo presa de ella”.
–Habiendo visto, claro, “El décimo infierno”, ¿cómo pasaste la prueba?
–Siempre pienso que me falta algo… Es una película hecha con muy bajo presupuesto y aprendí tantísimo, sobre todo porque –viniendo del documental– pude aplicar mucho ese estilo de cámara, yo mismo la hice. Utilicé cuestiones de ese lenguaje. En algún momento estuvo pensada como un telefilme porque se filmó con óptica de video digital. Cuando hago algo, lo importante es que, justamente, quedan deudas para el próximo relato. Vale resaltar que no era sólo mi ópera prima, también lo era de Mempo y el equipo de filmación en pleno. El único que tenía más de veinte largometrajes en su haber era Patricio, Aymará ya traía un par (“Nordeste”, 2005, de Juan Diego Solanas,) y Guillermo Somogyi, uno… Ellos tres eran los experimentados, el resto, todos chaqueños, hicieron su debut. Una experiencia muy bonita fueron los ensayos con Aymará y Patricio, tres, cuatro meses antes del rodaje, fogueándonos en el guión y además entrenando a los actores locales, como si fuera un taller de actuación improvisado. Muchos de los que pasaron entonces, en el casting no fueron elegidos, pero les resultó de mucho valor, aprendieron a hacer cine junto a nosotros que también lo estábamos haciendo. En la provincia dejó una semilla de ganas de filmar. Estamos estrenando en Buenos Aires y nos queda la necesidad inmediata de seguir generando proyectos, yo dirigiendo solo, ya.
“El décimo infierno”
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