El poder de la mente y la IA en el consumo:¡Hagamos pausa!

Por Hebe Yanina Murenu1

Empecemos con un interrogante sencillo, propensión al consumo, ¿podemos protegernos de nuestros impulsos? A ello añadimos, ¿Qué tan autónomos somos, qué tan voluntarios son nuestros actos? Sobre todo cuando las ofertas en cantidad y tiempo aparecen de forma ilimitada y de forma tan asertiva.

Se ha creado un ámbito propicio y un momento adecuado para la propensión al consumo, esa inclinación o disposición natural hacia consumir, “la propensión del ser humano al orden se funda en la confianza o la fe en que la realidad definitiva es correcta y tal como debe ser”.

La decisión sigue siendo nuestra, ¿pero con qué información lo hacemos? ¿Con la brindada por los medios de comunicación, con la de algún experto en la materia o de alguien que por su recorrido merezca nuestra admiración y respeto, o la de pares que ya transitaron o estuvieron en un lugar parecido al nuestro? ¿o simplemente lo hacemos porque creemos que aquello que sentimos o pensamos es autentico en nosotros y no influenciado por el entorno?

Desde el deseo o desde el conocimiento quizás… entonces transitemos la ardua tarea de aprehender. Conocido es que, así como se puede programar a una máquina, también se pueden modificar nuestro conocimiento y habilidades. A través de la emoción que me genera el recordar, pensar, el deseo de volver a sentirme como en aquella experiencia añorada.

¿Qué es lo que queremos obtener cuando compramos un bien o un servicio? ¿El bienestar de proveerme aquello que deseo? Realmente ¿lo necesito? ¿O seguí un impulso, persuadido por alguna condición de la oferta? O quizás al poco tiempo de haberlo obtenido ya no lo deseo ni le doy utilidad. Entonces qué hago con ello lo acumulo o hago que continúe su vida útil en otras manos que lo aprovechen, ya sea vendiéndolo por dinero u otro bien o regalándolo.

Hay abundancia de ofertas y de necesidades, pero dentro de ese basto universo, ¿qué tomamos y que dejamos? A diferencia de la IA nosotros desconocemos acabadamente en qué consiste nuestra programación mental. Somos una combinación de lo que somos, con lo que sentimos en una circunstancia y hoy en día más que en otras épocas somos conscientes de lo mucho que puede cambiar la realidad.

Además, a diferencia de la IA podemos cambiar voluntariamente algunas cosas dentro de la programación mental que sigue en construcción gracias a que podemos seguir aprendiendo y desaprendiendo conductas, reemplazar viejos hábitos por otros dada la plasticidad de nuestro cerebro y las nuevas conexiones neuronales.

La IA y los sentidos, ¿ella puede aproximarse a nosotros cuanto la dejemos?, la IA como expresión de los avances tecnológicos es muy útil y puede volverse indispensable, en determinadas situaciones no llegar a una vida condicionada por el uso que se hace de la IA se vuelve un desafío muy grande, según nuestras actividades diarias y estilo de vida.

Si bien somos quienes deciden, como decidir y llevar adelante nuestras acciones, omitir decidir hasta que la necesidad se vuelva imperiosa u omitir una conducta activa en relación a algo. Pero el entorno ejerce una fuerza innegable a la hora de tomar una determinación, son muchos los factores por los cuales somos condicionados en la sociedad de consumo en la cual prima la inmediatez, lo efímero y cambio constante a una velocidad muchas veces vertiginosa.

¿Somos lo que consumimos o consumimos lo que somos? El derecho del consumidor debería considerar estas nuevas alternativas de consumo. Garantizar protecciones para el cuidado de los usuarios y consumidores en esta nueva relación de consumo. Ampliar el concepto de relación de consumo y de proveedor teniendo en cuenta esta nueva manera de ofrecer productos y servicios. El aprendizaje automático (machine learning) ha permitido a los proveedores comprender las correlaciones entre los datos del consumidor (compras, sitios visitados, likes en las redes sociales) y las posibles respuestas a los anuncios.

Por ello, entendemos sería conveniente regular el neuromarketing, que es la aplicación de neurociencia al marketing. Mediante la cual se conocen las bases cerebrales del comportamiento de los consumidores, se analizan los procesos que se producen de manera subconsciente en el cerebro de los consumidores, con la finalidad de poner en el mercado un producto o servicio fácilmente vendible y que se genere su consumo. Este es nuestro entorno.

Añadiendo al neuromarketing , la potente herramienta de la I.A, se genera un arma poderosa usada contra la parte más débil, nosotros, los consumidores, que desequilibra, aún más, esa “relación de consumo”. Entendemos, entonces, que el derecho consumeril vigente nos protege, pero no es suficiente, ni la ley protección de datos personales , ni alcanza con los estándares de la actual Ley de Defensa del Consumidor , menos aun si las autoridades de contralor omiten velar por el efectivo cumplimiento de lo allí normado. Por ello debemos propender a su actualización e ínterin, estar mas atentos, en la vorágine diaria, hacer una pausa para captar las cosas que suceden en el entorno propio.

Miembro del Instituto de Derecho e Inteligencia Artificial del Colegio de Abogados y Procuradores de Neuquén dirigido por la Dra. Vanesa Ruiz.


Exit mobile version