El reparto sirve como está





La lógica del poder aprovecha los mecanismos que se urdieron hace 27 años para perpetuar un sistema que tiene ganadores y perdedores.


Hace 27 años se urdió un mecanismo de administración de los municipios en la provincia de Neuquén que le resultó funcional a los gobiernos provinciales sin que se toque una coma de la fórmula de reparto.

Para dimensionar: el gobierno provincial prevé repartir este año unos 38.836 millones de pesos por la ley 2148 y otras que se sumaron después con los mismos coeficientes. A ese monto se agregan fondos de atención a municipios que totalizan, ambos, unos 46.356 millones de pesos. Mantener el sistema de salud que tiene Neuquén equivale a unos 45.407 millones de pesos. Cifras parecidas entre todo el sistema sanitario y los 29 municipios grandes, los ocho pequeños, más las comisiones de fomento.

Desde 2016, hubo tres oportunidades en las que el gobernador Omar Gutiérrez aseguró que se iba a actualizar la ley por lo que convocó a su debate. El ecosistema político neuquino conoce que cuando el gobernador expresa una idea hasta que se concrete en la Legislatura, hay un abismo. Al revés, cuando nace una iniciativa en el Legislativo, el freno desde el Ejecutivo es casi automático. Dos ejemplos. Cuando hay “voluntad política” el proyecto se transforma en ley en cuatro semanas, como la ampliación del ejido de la ciudad de Neuquén. Pero, en ocasión de que los legisladores se metieron en terreno de ATE como fue el atisbo de discusión de la ley de carrera sanitaria para los profesionales, debieron recular en dos semanas.

En 1995 se llegó a un acuerdo entre los entonces intendentes de la provincia que respondían al MPN aunque no todos comulgaban en la entonces lista Blanca de Jorge Sobisch y dentro de ésta había unos que usaban el pin del mapita dorado, metalizado o de plástico.


La lógica del poder aprovecha los mecanismos que se urdieron hace 27 años para perpetuar un sistema que tiene ganadores y perdedores.


El top ten de cinco municipios actualizando dos variables, población y monto que reciben sería el siguiente: Plaza Huincul obtendrá unos $99 mil por habitante; Centenario $64 mil; Senillosa $58 mil; Neuquén capital $51 mil y Rincón de los Sauces $21 mil.

Según la ley, el 60% del 15% de todos los ingresos de la provincia se distribuyen por población y el 30% restante en función de variables vinculadas a personal e igualdad. El 10 restante entre todos los municipios, menos Neuquén capital.

27 años después, los intendentes leen y releen la ley y más allá del pataleo porque, obviamente, todos quieren recibir más, observan que hay una lógica de reparto que sigue vigente y que permite, cada cuatro años, tomar examen de fidelidad. Es lo que permite encuadrar la carta que el jefe comunal de Chos Malal, Hugo Gutiérrez, le publicó a su antiguo líder Rolando Figueroa. Es la lógica dentro de la que se urde un anillo impenetrable que hace que ningún intendente lleve agua para el molino del actual diputado nacional del MPN. Además de azules, hay intendentes que son allegados a la lista Azul y Blanca de los petroleros que sí tienen quién los defienda.

En el ecosistema político también se observan culpas compartidas. En 1988 se congelaron los coeficientes de la coparticipación federal a partir del promedio de lo que cada gobierno provincial logró negociar con el gobierno nacional entre el 85 y el 88, años de hiperinflación y déficit fiscal por las nubes. Hay inequidad en la distribución porque un santacruceño recibe el doble que un misionero.

En definitiva, tampoco es que la oposición del Frente de Todos tenga herramientas para plantear que el MPN en Neuquén ofrezca discutir el reparto entre los municipios sin que deba responder por la coparticipación federal y los recursos discrecionales que se reparten. Una a favor es que el porcentaje de distribución de ingresos nacionales es superior al que reparte Neuquén.

Los intendentes del MPN son quienes deben estar “en territorio” y, salvo los 5 que tienen ingresos propios por actividad extraestatal, no tienen mucho margen de maniobra para actuar sin “pedir permiso”.

La discusión del reparto quedará para la teoría y la dialéctica, porque el sistema, como está, es funcional y sirve.


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