Los vínculos personales en la era de la inteligencia artificial
Los usos y ventajas de la tecnología son múltiples, pero ésta no reemplaza ni sustituye el necesario intercambio entre “seres humanos”: los “ritmos”, la “musicalidad” de la interacción.

¿Hay alguien A. I. ?, es la pregunta que formula el cantante Jorge Drexler en su nuevo álbum, Taracá, (Drexler, 2026) ¿ Quién es ese “alguien” a quien podemos hablar a través de las pantallas? ¿Me responde? ¿Cuánto alimento yo esa respuesta y es fruto de mi propia proyección? Preguntas que se tornan filosóficas, relacionadas con la vincularidad.
Desde la psicología pensamos que vínculo, alude al intercambio entre dos o más seres humanos. Incluye un “otro” singular que presenta algo nuevo a mi propia particularidad.
Ese “otro” u “otros” no solo pueden empatizar o validar lo que pienso, sino que muchas veces me confrontan, interpelan y hasta disienten de mis ideas, o teorías.
En este sentido el psicoanálisis vincular plantea la idea que los vínculos implican una trama, siempre novedosa, en un encuentro único.
Por ejemplo si uno acude a una reunión laboral, puede prever ciertas variables que sucederán, quiénes estarán, cómo será determinado diálogo, pero nunca podemos “anticipar” lo que se producirá en “ese encuentro”, con “esas personas” y “esos compañeros” que acuden ese día y cuáles serían los factores ambientales y emocionales que intervendrán: “si está lloviendo”, “si un compañero llega tarde”, “como esta afectado el jefe por algo personal que le acontece”, etc. Infinitas situaciones que se dan solo en “ese” encuentro y no en otros similares.
Hay algo acontecimental que es radicalmente distinto y que se presenta. Presencia en tanto algo que impone elementos peculiares, excepcionales.
En todo vínculo hay algo que no es anticipable, que involucra un trabajo que se construye, una intimidad, un diálogo que tiene un tiempo y un espacio.
Especialmente en el trabajo de psicoterapia, en la relación paciente/s – analista, desde el punto de vista técnico del profesional implica un “timing” (tiempo adecuado) acerca de cuándo señalar una interpretación, de qué manera arrimar una idea o intervención, sutilezas que se construyen incluso desde aspectos no visibles, que permiten el diseño, siempre único y exclusivo de cada escena vincular.
Los usos y ventajas de la tecnología son múltiples, pero creo que es necesario preguntarse acerca de que ésta no reemplaza ni sustituye el necesario intercambio entre “ seres humanos” que puedan interactuar desde la palabra, el silencio, la expresión corporal y facial, el llanto, la risa y todo el universo de emociones que se trasmiten con los sentidos, con la piel, con el contacto. Preservar los vínculos, los “ritmos”, la “musicalidad” de la inter-acción humana, en cualquiera de sus formas.
En la misma canción citada, el autor se pregunta acerca de ¿qué es lo que hace a un ser humano, ser un ser humano? Si bien no tenemos respuestas absolutas, me gustaría parafrasear dicho interrogante: ¿qué es lo que hace a un vínculo ser un vínculo con otro, radicalmente otro?
La etimología de vínculo alude a “lazo”, “atadura” de una cosa con otra cosa. Es decir que está el “nexo” pero es “ entre dos” ( o más).
¿Es la I. A. “otro” ? ¿Es ese intercambio un intercambio “entre dos”? ¿ O corremos el riesgo de “alimentarlo” de nuestras propias proyecciones, ideas, ideales que repiten o invocan una parte de nosotros mismos como si fueran desde fuera, desde un “otro que no es más que un espejo de uno mismo”, favoreciendo una mirada narcisista y autocentrada de la realidad?
La I. A. vino para quedarse, y su valor es muy grande en tanto facilita y acorta plazos y tareas, puede ser una herramienta muy útil. Pero al decir de la canción y juego de palabras: ¿Hay alguien “ahí”, en ese lugar?
* Magister en Psicoanálisis de familia y pareja. Docente universitaria Coordinadora Equipo de familia y pareja. Centro Liberman de APdeBA
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