Un cambio real en Salud

Por Redacción

*Daniel Daglio, Médico cirujano y referente de salud del PRO.

El actual sistema de atención de la salud argentino manifiesta valores del populismo sanitario. La fragmentación de la financiación (Estado nacional, provincial y municipal; obras sociales nacionales, provinciales y especiales; PAMI; Prepagos, ART y crecientes pagos de bolsillo) reflejan la ineficacia de la búsqueda del poder por el poder mismo que lleva a la apropiación de bienes públicos y a gestionar de manera insuficiente e ineficiente el sistema.

El serio deterioro en la respuesta de PAMI y de las obras sociales junto a la desfinanciación del sistema público y de los prestadores privados son la expresión acabada del modelo de poder populista.

La salud de los argentinos está en retroceso y sumamente destrozada por la pobreza, mala educación, falta de acceso a servicios esenciales, al trabajo privado y al ambiente familiar, laboral y social, necesita más que nunca, un buen sistema que cuide y de respuestas en oportunidad y calidad. Ya no sirven más los parches ni la inercia de quienes no quieren cambiar. Hay que abordar la centralidad del problema: cambiar las reglas de juego y el modelo de poder en salud. El cambio no requiere de más o menos Estado, hace falta mejor política.

El cambio parte del robustecimiento de la autoridad sanitaria (nacional y provincial), del fortalecimiento de la financiación y la efectividad de la gestión. Sin financiación adecuada no puede haber equidad ni calidad prestacional. Cuando la financiación es insuficiente se origina un desequilibrio que se sufraga con deuda con proveedores, prestadores y barreras al acceso a los servicios. Un ajuste irracional que afecta prioritariamente a las personas y sectores más vulnerables.

Tampoco es admisible que los profesionales por su trabajo paguen impuesto a las ganancias. En los modelos sanitarios mixtos, a diferencia de otras áreas de la economía, el desafío es la integración de la financiación con un alto grado de solidaridad y de colaboración. Solidaridad de los sanos hacia los enfermos y de los que más tienen hacia los que menos tienen; donde todos se beneficien de igual manera cuando se trata de salud.

Todo muy distinto al modelo actual donde hay salud pública para los más pobres o periféricos, OOSS para las clases medias y prepagos para los que más recursos tienen. La segmentación según el ingreso personal es inadmisible. Lo mismo ocurre a nivel federal donde la diferencia de ingreso per cápita entre la provincia más pobre y la más rica es de 1 a 9.

Un modelo de poder sistémicamente desequilibrado es un campo propicio para la corrupción. Salud necesita de gestiones integras, austeras, transparentes, que rindan cuentas; que no confundan partido, con Gobierno y con Estado. Estos valores también definen claramente cuáles deben ser los límites. Hoy ningún sector discute la insuficiencia e insustentabilidad del sistema de salud vigente.

Hay que cambiar y el cambio cobrará fuerza desde un nuevo marco legal que provea reglas de juego claras. Las soluciones serán múltiples y distintas, algunas provinciales y otras nacionales, pero los objetivos epidemiológicos comunes: aumentar los años de vida ajustados por calidad (mejorando la calidad de vida) y disminuir los años de vida potencialmente perdidos por muerte prematura (por situaciones prevenibles).


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