Orden, mérito y moral

Por Redacción

En relación al decreto presidencial por el cual los familiares directos de los funcionarios no pueden tener cargos públicos, es necesario visualizar ciertos aspectos de los que nadie habla, o no son ponderados. Existen empleos que en el Estado deben cubrirse con personas empleadas a tal fin, éstos independientemente de su parentesco con funcionarios, cumplen una misión para la cual se destina un presupuesto, un sueldo. Es decir que al renunciar una persona debe ese lugar ser cubierto por otra –que no tenga parientes funcionarios–, a la cual se le pagará lo mismo. Por ende el supuesto “ahorro” no existe, a menos que el puesto sea falso, sólo para beneficiar a alguien. Aquí vale el mérito, es decir la capacidad, idoneidad y experiencia del candidato para ocupar ese cargo. Suponiendo bien que quienes renuncian por el decreto tienen aptitudes para ocupar esos empleos, nos queda justificar la regla por un único motivo, que corresponde a la moral. Sin dudas es el más importante, o el único. Es momento de reivindicar los valores, la honestidad, los principios cívicos y esa palabra olvidada y vapuleada por los anteriores funcionarios: la decencia. Jorge A. Fernández Eterovic DNI 10.758.010

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Jorge A. Fernández Eterovic

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