Organismos de DD. HH. de la ONU en manos de sus violadores

Por Redacción

Emilio J. Cárdenas (*)

Algunos de los peores violadores de los derechos humanos del mundo procuran siempre estar presentes en la cabeza misma de los órganos de las instituciones multilaterales que se ocupan de su defensa. ¿Para qué? Para así poder neutralizar, desde adentro, administrativamente, su posible accionar contra de ellos. Algo relativamente parecido a lo que hacen algunos países en nuestra propia región, cuando se disfrazan de presuntos “campeones” de los derechos humanos y lo cierto es que, con frecuencia, son sus violadores seriales o los utilizan perversamente, con propósitos meramente políticos. En esta última línea se inscribe precisamente el accionar reciente argentino y así ha sido todo a lo largo de la patológica última década. Lamentablemente. Aunque el mundo está, es cierto, tomando lentamente conciencia del perverso engaño criollo en esta delicada materia, transformada para alguno en sórdido negocio. Un funcionario de la inmensamente rica Arabia Saudita, Faisal bin Hassan Trad, su embajador en Ginebra, pese a que en su país la situación de la mujer, las minorías y los disidentes es absolutamente lastimosa, acaba –confirmando lo antedicho– de ser designado a cargo del órgano de las Naciones Unidas que tiene a su cargo la selección de los especialistas en materia de derechos humanos. Aquellos que deben desempeñarse en los casos concretos que llegan a la organización multilateral. Hablamos de un país que, por ejemplo, propina cuantiosos latigazos a los bloggers cuando, por la razón que fuere, no aprueba lo que escriben en sus contenidos. Como le ha sucedido, por ejemplo, a Raif Badawi, que está preso y ha sido además condenado a recibir 1.000 latigazos por sus opiniones. Mientras esto sucede, en su propia casa el gobierno saudita publica avisos en busca de nueve nuevos verdugos que quieran pertenecer al cuerpo encargado de cumplir con las ejecuciones capitales. Arabia Saudita, como Irán, está al tope de los países que –todavía hoy– recurren a la aplicación frecuente de esa infame pena. Antes Arabia Saudita, que no tolera siquiera la libertad religiosa, había procurado sin éxito encabezar el propio Consejo de Derechos Humanos de la ONU, que tiene 49 Estados miembros. Entre ellos, cabe advertir, aparecen no sólo Arabia Saudita, sino también Qatar, China, Rusia y, peor aun, Venezuela. Todos ellos han procurado afanosamente integrar el organismo por las razones antes apuntadas. Lo que es lamentable, por cierto. Y es bueno saberlo. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas