Otro ciclo

Por Redacción

Aunque el nuevo presidente chileno Ricardo Lagos es un protagonista respetado del socialismo internacional que cumplió un papel menor en el gobierno de Salvador Allende, éste difícilmente lo reconocería como su sucesor si pudiera haber previsto el contenido de su programa de gobierno. Tanto ha cambiado en los casi treinta años transcurridos desde el golpe brutal que puso fin a la gestión allendista que en términos económicos cuando menos los socialistas actuales, en Chile y en Europa, están «a la derecha» no sólo de sus adversarios conservadores de entonces sino también de los funcionarios del primer régimen formado por Augusto Pinochet. Pero mientras que la izquierda democrática chilena ha sabido evolucionar con el tiempo, sectores derechistas que hicieron de la «modernización» su bandera de lucha han quedado atrapados en el pasado, oponiéndose tercamente a los intentos de profundizar la democratización de Chile. Se trata de una lucha inútil que no beneficia en absoluto a su país. Lo mismo que los socialistas que apoyan a Lagos, tendrán que adaptarse a los tiempos que corren. Se trata de un proceso que ya está en marcha -durante la campaña electoral, el candidato de la derecha, Joaquín Lavín, casi logró triunfar debido en buena medida a su voluntad de distanciarse de la figura cada vez más anacrónica de Pinochet-, pero que en comparación con el realizado aquí todavía está en sus comienzos.

Aunque Lagos se ha comprometido a hacer lo posible por reducir las desigualdades sociales, las que siempre han sido muy grandes en Chile y que, como es lógico, se han visto agravadas por un «modelo» económico más competitivo que el anterior, entiende que no le será dado hacer mucho en este terreno. Desafortunadamente, en el corto plazo las medidas políticas que podrían servir para mejorar los ingresos de los más pobres no harían más competitiva la economía chilena y, lo mismo que sus homólogos de otras latitudes, Lagos se verá obligado a prestar más atención a las órdenes perentorias de «los mercados» que a las necesidades de la gente. En efecto, por ser un socialista, tendrá que actuar con más contundencia de lo que sería exigido a un mandatario de perfil derechista a fin de convencer a los agentes económicos de que no hay peligro de que desate un desastre inflacionario.

De todas formas, si bien es probable que sus propios compatriotas juzguen su desempeño según los resultados de su manejo de una economía que después de casi un decenio de crecimiento rápido ha sufrido una aguda recesión, en opinión del resto del mundo lo que importará más serán los esfuerzos de Lagos por liquidar el poder de los militares y sus simpatizantes más agresivos. Como se hizo dolorosamente evidente luego de producirse la detención del senador vitalicio Pinochet en Londres, Chile aún no es una democracia cabal porque ciertos individuos que están en condición de amenazar a sus conciudadanos están por encima de la ley, realidad que ha incidido en la evolución de la economía al plantear dudas legítimas en cuanto a la estabilidad política del país. Lagos parece estar resuelto a modificar esta situación, pero no le será nada fácil hacerlo antes de la desaparición física del anciano y -conforme a los médicos londinenses-, virtualmente senil ex dictador. Por desgracia, Pinochet cuenta con la lealtad irreflexiva e incondicional de una cantidad muy significante de chilenos, los cuales harían todo cuanto les esté al alcance para frustrar cualquier intento de enjuiciarlo. Sin embargo, el endiosamiento así supuesto no se extiende plenamente a sus compañeros de armas, varios de los cuales han sido detenidos por su parte en los crímenes perpetrados después del golpe de 1973, y una proporción cada vez mayor de los chilenos está enterándose de que los costos de aferrarse a un esquema anticuado son mucho más elevados de lo que habían supuesto. Por eso, cuando Pinochet finalmente abandone el escenario los chilenos podrán comenzar a revisar su pasado en serio, superando de este modo -en cuanto sea posible hacerlo- conflictos cuyas raíces están en épocas que pronto pertenecerán a la historia.